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La red capitalista que controla el mundo

28 oct

Imagen de las 1,318 corporaciones transnacionales que forman el núcleo de la economía global capitalistaLas 1.318 corporaciones transnacionales que forman el núcleo de la economía. Compañías superconectadas están en rojo, compañías muy conectadas en amarillo. El tamaño del punto representa el ingreso

Andy Coghlan y Debora MacKenzie / New Scientist

Rebelion 25-10-2011

Mientras las protestas contra el poder financiero se extienden por el mundo esta semana, la ciencia parece haber confirmado los peores temores de los manifestantes. Un análisis de las relaciones entre 43.000 corporaciones transnacionales ha identificado el grupo relativamente pequeño de compañías, en su mayoría bancos, con un poder desproporcionado sobre la economía global.

Las hipótesis del estudio han atraído algunas críticas, pero analistas de sistemas complejos contactados por New Scientist dicen que es un esfuerzo singular por desenmarañar el control sobre la economía global. Si se llevara más lejos el análisis, dicen, sería posible identificar maneras de lograr que el capitalismo global sea más estable.

La idea de que unos pocos banqueros controlen un gran trozo de la economía global podrá parecer algo nuevo para el movimiento Ocupad Wall Street de Nueva York y los manifestantes en otros sitios. Pero el estudio, hecho por un trío de teóricos de sistemas complejos en el Instituto Federal de Tecnología suizo en Zúrich, es el primero que va más allá de la ideología para identificar empíricamente una semejante red de poder. Combina la matemática utilizada desde hace tiempo para modelar sistemas naturales con datos corporativos exhaustivos para catalogar la propiedad entre las corporaciones transnacionales del mundo (TNCs, por sus siglas en inglés).

“La realidad es muy compleja, debemos separarnos del dogma, sean teorías de la conspiración o libre mercado”, dice James Glattfelder. “Nuestro análisis se basa en la realidad”.  Estudios anteriores han establecido que unas pocas TNCs poseen grandes segmentos de la economía global, pero incluían solo una cantidad limitada de compañías y omitían propiedades indirectas, por lo cual no podían decir de qué manera esto afecta a la economía global, si la hace más o menos estable, por ejemplo.

El equipo de Zúrich puede hacerlo. De Orbis, 2007, una base de datos que enumera 37 millones de compañías e inversionistas de todo el mundo, extrajo todas las 43.060 TNCs y las propiedades de acciones que las vinculan. Luego construyó un modelo de qué compañías controlaban a otras mediante redes de propiedad de acciones, combinado con los ingresos operativos de cada compañía, para representar la estructura del poder económico.

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Se acabó el chicle

28 oct

Mike Davis / La Jornada 27-10-11

¿Quién podría haber vislumbrado a Ocupa Wall Street y su proliferación como de flores silvestres en ciudades grandes y pequeñas?

John Carpenter lo hizo. Hace casi un cuarto de siglo (1988), el maestro del terror de medianoche (Halloween, The Thing) escribió y dirigió They Live (Están vivos), que representaba la era de Ronald Reagan como una catastrófica invasión de alienígenas. En una de las brillantes primeras escenas del filme, una gigantesca ciudad de chozas del tercer mundo aparece al otro lado de la autopista de Hollywood en el siniestro cristal reflejante de los edificios corporativos de Bunker Hill.

They Live sigue siendo el tour de force subversivo de Carpenter. Pocos de quienes lo han visto podrían olvidar su retrato de banqueros multimillonarios y perversos mediócratas y su remoto imperio zombi sobre una clase trabajadora estadunidense que vive en tiendas de campaña en la ladera cubierta de basura de una colina, implorando por empleos. Desde esta negativa igualdad de desesperación y carencia de hogar, y gracias a los mágicos anteojos oscuros hallados por el enigmático Nada (interpretado por Rowdy Roddy Piper), el proletariado logra al fin la unidad interracial, mira a través de los engaños subliminales del capitalismo y enfurece. Enfurece mucho.

Sí, lo sé, me estoy adelantando. El movimiento Ocupa el Mundo aún busca sus anteojos mágicos (programa, demandas, estrategia y demás) y su indignación se mantiene al fuego lento de Gandhi. Pero, como previó Carpenter, si se echa de sus hogares y/o sus carreras a un número suficiente de estadunidenses (o por lo menos se atormenta con la posibilidad a decenas de millones), algo nuevo y colosal se pondrá poco a poco en camino hacia Goldman Sachs. Y, a diferencia del Tea Party, hasta ahora no tiene hilos de títere.

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