
Mohamed Bouazizi, comerciante que se prendió fuego contra abusos de la autoridad. Recibe visita indeseada del entonces presidente de Túnez, Ben Alí.
Rubén Martín /Público, 27 enero 2011
Se llamaba Mohamed Bouazizi, tenía 26 años y era vendedor de fruta en el poblado de Sidi Bouzid, a poco más de 200 kilómetros al sur de la capital de Túnez, país islámico situado en el norte de África. El 17 de diciembre pasado, Bouazizi salió temprano, como habitualmente hacía, para vender la fruta que había comprado la noche anterior. Vendía en la calle. Ese viernes sin embargo las cosas ya no serían habituales.
Aunque en muchas ocasiones Bouazizi había sido molestado por la policía y funcionarios municipales, el 17 de diciembre las cosas llegaron a un punto de no retorno. Las reconstrucciones periodísticas que se han hecho indican que el vendedor callejero se negó a dar dinero a los policías que lo extorsionaban, luego intentaron quitarle la báscula con la que pesaba su mercancía y él se negó. Entonces una empleada municipal, llamada Feida, le dio una cachetada y luego dos uniformados le golpearon las piernas. Los representantes de la autoridad se llevaron sus pertenencias.
Bouazizi fue al ayuntamiento a tratar de recuperar su mercancía y sus propiedades, y se encontró con la funcionaria municipal que antes le había agredido. El comerciante ambulante advirtió entonces que se iba a quejar en Palacio de Gobierno y a cambio recibió las burlas de los empleados municipales.
Entonces ocurrió algo inesperado, el humilde comerciante salió del edificio, compró un galón de gasolina y se quemó vivo delante de la policía (“La llama que incendió Túnez”, El País, 23 enero 2011).
Bouazizi duró 18 días en el hospital luchando por su vida en vano, falleció el 4 de enero. Pero las que encendieron su cuerpo, a la vez encendieron una rebelión popular contra la dictadura de 23 años de Ben Alí.
Como todas las dictaduras, la de Ben Alí se sostuvo mediante el terror y la represión, sin embargo la rabia que produjo la inmolación de Bouazizi fue tal que animó a cientos de miles de tunecinos a desafiar al régimen, exigir justicia ante estos agravios y pedir la renuncia del dictador Ben Alí.
Las consignas que se gritaron en las calles tunecinas resumen las demandas populares: “Pan, agua, y no Ben Ali”, “Policía asesina”, “Túnez libre”, y “Ya no tenemos miedo”.







