Gustavo Esteva / La Jornada, 31 mayo 2010
“Esos, los que organizan caravanas con extranjeros, son los verdaderos asesinos… Si llevas a unas personas y las metes a una emboscada, ¿tienes responsabilidad o no? Los responsables de lo que pasó fueron los que los llevaron.” Eso dijo, palabra por palabra, el senador Carlos Jiménez Macías, delegado del PRI en Oaxaca (La Jornada, 24/5/10).
Bety Cariño sería suicida y asesina. Habría preparado el ataque contra la caravana que ella misma contribuyó a organizar y en el cual se le asesinó.
Es la línea de Ulises Ruiz. Desde el primer momento acusó a los extranjeros. ¿Cómo se les ocurrió ir sin permiso de las autoridades? ¿Cómo se atrevían a ofrecer solidaridad a un pueblo en apuros?
No se trata de localismo xenófobo. Estos sujetos se muestran siempre dispuestos a ponerse a las órdenes de los extranjeros que intentan atraer, como turistas o inversionistas. Pero ciertos extranjeros los sacan de quicio: quienes quieren ser testigos y escudos de las atrocidades que aquí se cometen, los que aceptan poner en riesgo su vida por profunda solidaridad. Con inaudito cinismo se responsabiliza a los organizadores e integrantes de la caravana por haberse atrevido a entrar en esa zona en que la propia policía no puede hacerse presente. Es la vieja estrategia autoritaria: culpar a las víctimas.
El contexto es claro. No exageró Noticias en su titular del 26 de mayo: Oaxaca, ciudad sin ley. Su texto editorial señalaba: El nivel de desgobierno cobró ayer su dimensión más atroz. Y se preguntaba si no se trataba de un acto montado para promover el voto del miedo. Al día siguiente hubo un despliegue aparatoso de policías y militares sin más función que intimidar. De eso se trata. Es una definición de política. “El Estado –señaló el día anterior el secretario de Gobernación– tiene que ser capaz de infundir temor.” (La Jornada, 25/5/10). En ocasiones, esta tarea de infundir temor se delega en paramilitares, caciques locales y otros grupos delincuenciales. En amplias áreas el nivel de desgobierno adquiere todos los días dimensiones atroces.






