Immanuel Wallerstein / La Jornada, 11 octubre 2009
Imagen de archivo de miembros de la Guardia Revolucionaria, la elite militar de la república islámicaFoto Ap Irán retorna al primer plano de la diplomacia pública. El presidente Obama, junto con el primer ministro Gordon Brown, del Reino Unido, y el presidente Nicolas Sarkozy, de Francia, sostuvieron una conferencia de prensa donde pareciera que le dieron a Irán otro ultimátum: o se conforma a sus demandas, lo que ellos llaman las demandas de la comunidad internacional”, para diciembre de este año, o enfrentará nuevas sanciones. Obama dijo que Irán está “rompiendo la regla que todas las naciones deben seguir”.
La ocasión inmediata fue el hecho de que Irán anunció –o desde el punto de vista de los tres líderes occidentales, Irán “admitió”– que está construyendo unas instalaciones cerca de Qom donde habrá 3 mil centrifugadoras para enriquecer uranio. Según Obama, esto significa muy poca cantidad para el propósito ostensible –la generación de electricidad– pero tiene el tamaño adecuado para producir material para cabezas nucleares. Ergo, Irán miente acerca de sus intenciones.
Parece que la inteligencia occidental descubrió la existencia de la construcción hace algún tiempo y siente que ahora esto está verificado convincentemente. El punto de vista occidental es que Irán anunció la existencia de la construcción porque ya estaba consciente de que la inteligencia occidental la había descubierto y estaba a punto de revelar el punto al mundo. El presidente Ahmadinejad dice que, bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), el requisito es que Irán debe anunciar la existencia de una construcción así con seis meses de anticipación a ponerla en funcionamiento, y por eso fue que lo anunciaron hasta ahora.

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