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¡Todo es posible!

7 nov

Ap, publicada en El Pais

Foto: Ap, publicada en El País

Michael Moore / La Jornada, 7 noviembre 2008

 

 

 

¿Quién de nosotros no se ha quedado sin palabras? Brotan las lágrimas. Lágrimas de júbilo. Lágrimas de alivio. Un asombroso y avasallador alud de esperanza en un momento de profunda desesperación.

 

En una nación fundada sobre el genocidio y construida sobre las espaldas de los esclavos, fue un momento inesperado, impactante por su sencillez: Barack Obama, un hombre bueno, un negro, dijo que llevaría el cambio a Washington, y a la mayoría del país le gustó la idea. Los racistas estuvieron presentes a lo largo de la campaña y en las urnas, pero ya no son mayoría, y nos tocará ver en vida cómo se extingue su llama de odio.

 

La noche del martes ocurrió, también por primera vez, otro hecho importante. Nunca en nuestra historia había sido electo a la presidencia, en tiempos de guerra, un pacifista declarado. Espero que el presidente electo Obama lo recuerde cuando piense en expandir la guerra en Afganistán. La fe que ahora tenemos se perderá si olvida el tema principal con el cual venció a sus correligionarios demócratas en las primarias y luego a un gran héroe de guerra en la elección general. El pueblo estadunidense está cansado de la guerra. Cansado y asqueado. Y su voz se escuchó clara y fuerte este martes.

 

Han pasado 44 años imperdonables desde la última vez que un demócrata recibió apenas 51 por ciento del voto para presidente. No fue porque la mayoría de los estadunidenses no simpatizaran con los demócratas, sino porque rara vez les vieron agallas para cumplir lo que prometían o para defender a los trabajadores que afirman apoyar. Bueno, aquí está su oportunidad. Se les ha concedido mediante el voto popular, bajo la forma de un hombre que no es un grillo profesional, ni un burócrata que haga de Washington su modus vivendi. ¿Se volverá uno de ellos, o los obligará a ser más como él? Rogamos que sea lo segundo.

 

Pero hoy celebramos el triunfo de la decencia sobre el ataque personal, de la paz sobre la guerra, de la inteligencia sobre la creencia de que Adán y Eva anduvieron sobre el lomo de dinosaurios hace apenas 6 mil años. ¿Cómo será tener un presidente inteligente? La ciencia, desterrada durante ocho años, regresará. Imaginemos lo que será apoyar a las mentes más avanzadas de la nación mientras buscan curar la enfermedad, descubrir nuevas formas de energía y trabajar para salvar el planeta. Sí, ya sé, pellízquenme.

 

Pudiera ser también que veamos una época de reconfortante apertura, de ilustración y creatividad. Las artes y los artistas ya no serán vistos como el enemigo. Tal vez se explorará el arte para descubrir mayores verdades. Cuando FDR subió al poder, después de su aplastante victoria en 1932, lo que siguió fueron Frank Capra y Preston Sturgis, Woody Guthrie y John Steinbeck, Dorothea Lange y Orson Welles. Toda la semana se me han venido encima los medios para preguntarme: “Caray, Mike, ¿qué vas a hacer ahora que Bush se va?” ¿Bromean acaso? ¿Cómo será trabajar y crear en un ambiente que cultive y apoye el cine y las artes, la ciencia y la invención, y la libertad de ser lo que uno quiera? ¡Ver florecer un millón de flores! Hemos entrado en una nueva era, y si pudiera resumir nuestro primer pensamiento colectivo en esta nueva era, sería éste: Todo es Posible.

 

¡Un afroestadunidense ha sido electo presidente de Estados Unidos! ¡Todo es posible! Podemos arrebatar nuestra economía de manos de los ricos inconscientes y devolverla al pueblo. ¡Todo es posible! Se puede garantizar atención a la salud a todo ciudadano. ¡Todo es posible! Podemos dejar de derretir las placas de hielo polares. ¡Todo es posible! Los que hayan cometido crímenes de guerra serán llevados ante la justicia. Todo es posible.

 

En realidad no tenemos mucho tiempo. Hay mucho trabajo que hacer. Pero ésta es una semana para que todos nos regocijemos en este gran momento. Seamos humildes. No tratemos a los republicanos que tengamos a nuestro alrededor como ellos nos trataron estos ocho años. Mostrémosles la gracia y bondad que Barack Obama exudó a lo largo de la campaña. Aunque le lanzaron todos los insultos de su repertorio, él se negó a rebajarse y a devolverles el lodo. ¿Podremos seguir su ejemplo? Será difícil, lo sé.

 

Quiero agradecer a todos los que aportaron su tiempo y recursos para que esta victoria ocurriera. Ha sido un largo camino y se ha infligido enorme daño a esta gran nación, para no mencionar el causado a tantos de ustedes que han perdido su empleo, que han ido a la quiebra por pagar facturas médicas o que han sufrido porque un ser amado fue enviado a Irak. Ahora trabajaremos para reparar ese daño, y no será fácil.

 

Pero, ¡vaya forma de empezar! Barack Hussein Obama, presidente número 44 de Estados Unidos. ¡Órale! En serio: ¡Ooórale!

 

Traducción: Jorge Anaya

 

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2008/11/07/index.php?section=opinion&article=031a1mun 

Mouriño y Obama

7 nov

Podríamos decir que con Obama se completa el giro hacia la izquierda ya no de Latinoamérica, sino de toda América

Rubén Martín / Público, 6 de noviembre 2008

Mouriño. La autoridad federal podrá salir en las próximas semanas a presentar los resultados de la investigación sobre la caída del avión oficial en el que viajaban el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño Terrazo, y el ex fiscal antidrogas del país, José Luis Santiago Vasconcelos, y decir que se trató de un accidente. Podrá presentar un avanzado video interactivo con las explicaciones de la ruta de la aeronave, la grabación contenida en la caja negra con subtítulos, y otros recursos técnicos para defender que fue un accidente.

Pienso que será en vano, nadie lo creerá. Será el equivalente al Nintendo de Jorge Carpizo sobre la muerte del cardenal Jesús Posadas Ocampo en 1993.

No habían pasado siquiera dos horas del accidente y de la muerte de los funcionarios federales cuando la versión popular más extendida apuntaba a un atentado. Y a lo mejor no lo es, a lo mejor las autoridades explican con detalles y de manera lógica que fue un accidente. No importará porque la percepción sobre un hecho social es igual de real que la “verdad” técnica o jurídica.

Además de la muerte de su principal operador político, Felipe Calderón debería estar preocupado por la “muerte” de la credibilidad oficial que revela esta convicción popular de que se trató de un atentado. Y ya sabemos lo que se deriva de esta creencia, de esta percepción. Hay grupos antagónicos al Estado muy poderosos, tan poderosos que pueden derribar el avión en donde viaja el número dos en el organigrama del poder público federal. Por este camino se llega a la conclusión de la extrema debilidad en la que se encuentra el Estado mexicano.

Contrario al mensaje que pretenden enviar los gobernantes, con Calderón a la cabeza, de que hay mano dura, de que supuestamente tienen voluntad para combatir a grupos delictivos, lo cierto es que acontecimientos como la caída del avión de Mouriño revelan que en el inconsciente colectivo el Estado, el gobierno, los gobernantes en realidad están debilitados. Si requieren, como Calderón, movilizar hasta 300 agentes militares o civiles para que pueda presentarse en cualquier parte del país, me parece que revela el miedo que tiene el temor a que agentes externos le hagan daño. La militarización y la mano dura no son sinónimo de fortaleza, al contrario, son mensajes de debilidad.

De otro lado, si se confirmara que fue un atentado, me parece que no habría qué responder en automático que se trató del narcotráfico. El nuevo grupo gobernante está atrapado en una tremenda telaraña de intereses económicos en juego: desde los intereses del narcotráfico, políticos, mediáticos, y los contenidos en la reforma energética.

 

Obama. El triunfo de Barack Obama ha despertado una ola de entusiasmo y esperanza en Estados Unidos y el mundo de tal calado que conviene preguntarse sobre sus fuentes. ¿Qué carencias ha padecido el alma política estadounidense como para volcarse en torno a una persona que los congrega en torno a un simple mensaje: “si, sí podemos”? “Si, sí podemos”, recitaba Obama en sus mítines y millones le respondían, “sí podemos”. ¿Sí pueden qué? Sería ingenuo hacer un perfil único de quienes votaron por Obama, pero a juzgar por el propio discurso del primer presidente negro en Estados Unidos, lo que no quieren es una política profesional metida hasta el cuello de los intereses corporativos, una política llena de corrupción y de mentiras. Quieren un pago decente por su trabajo y recuperar el estado de bienestar que llegaron a tener y que revolución neoliberal ha ido desmantelando sistemáticamente. Quieren a su ejército fuera de Irak, una guerra estúpida en la que los metió el estúpido de Bush, debido a los intereses del vicepresidente Cheney en la industria militar.

En resumen, lo que millones de estadounidenses ven en Obama es lo que millones de latinoamericanos han visto en presidentes latinoamericanos progresistas o de izquierda, desde Bachelet, Lugo, Lula, pasando por Correa, Evo y Chávez. Políticas públicas que pongan freno a la destrucción neoliberal. Podríamos decir que con Obama se completa el giro hacia la izquierda ya no de Latinoamérica, sino de toda América.

La pregunta es si Obama va a poder satisfacer tales expectativas. A riesgo de equivocarme, creo que no lo va a poder hacer, como no la hecho ningún mandatario progresista en el continente. Para no defraudar a sus votantes, Obama tendría que hacer cambios radicales en la política estadounidense que ni siquiera ha planteado, y si los planteara, encontrará la resistencia de la clase capitalista más sólida del planeta. No será fácil. Por eso, como dice el periodista Mike Davis (“Obama y los corazones rotos?”, en www.sinpermiso.info), más que confiar en Obama, quienes votaron por él, deben confiar en sí mismos e impulsar los cambios desde abajo. De otro modo no cambiará nada.

Obama y los corazones rotos: ¿puede renacer el liberalismo de izquierda en EU?

4 nov

AP, publicda en El Pais

Foto: AP, publicada en El País

El gran desafío para las pequeñas organizaciones de la izquierda es el de ser capaces de anticipar esa previsible decepción de las masas y de entender que nuestra tarea no consiste en hallar la forma de “mover a Obama hacia la izquierda”, sino en buscar la manera de rescatar y reorganizar unas esperanzas destrozadas

 

 

Mike Davis / Sinpermiso, 2 noviembre 2008

Se cumplen esta semana 40 años desde que el Partido Demócrata (el partido de Jim Crow (1) y de la Guerra Fría, pero también el partido del New Deal) puso proa él solito hacia el mar, proceloso y erizado de bajíos, de una impopular guerra en Vietnam y de una reacción blanca contra la igualdad racial.

 

El “surgimiento de una mayoría republicana”, según la famosa fórmula acuñada por el maquiavelo de Nixon, Kevin Phillips, nunca dejó de ser episódica, y a menudo, delgada como el papel de fumar en las elecciones nacionales. Pero un imponente fervor ideológico y religioso, no menos que los pródigos y ubicuos subsidios de la clase empresarial en su ofensiva contra los programas sociales y sindicales surgidos del New Deal, contribuyeron a galvanizarla.

 

Los republicanos, en condiciones normales un partido minoritario en el Congreso, pasaron a dominar la agenda política (la Nueva Guerra Fría, la rebelión contra los impuestos, la guerra a las drogas, etc.), y se mostraron capaces de orientar la reestructuración de las funciones gubernamentales (abolición de la ayuda federal directa a las ciudades, uso deliberado de la deuda para impedir el gasto social, etc.).

 

La respuesta de los demócratas a la revolución de Reagan en 1981 no fue la de una resistencia de principios, sino la de una cobarde adaptación acomodaticia. Los “Nuevos Demócratas” bajo Bill Clinton (cuyo modelo personal era Richard Nixon) no solo institucionalizaron las políticas económicas de Nixon-Reagan, sino que a veces superaron a los republicanos en su celo por poner en práctica la doctrina neoliberal, como fue el caso con las cruzadas de Clinton en favor de la “reforma” de las políticas de bienestar (consistente, en realidad, en crear más pobreza) o en favor de la reducción del déficit y de la firma de un acuerdo como el NAFTA [Tratado de Libre Comercio de la América del Norte (EEUU, México y Canadá), por sus siglas en inglés], sin derechos laborales.

 

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Votos tontos

4 nov

El Pais

Foto: El País

John Carlin / El País, 4 noviembre 2008

 

Las elecciones presidenciales de hoy servirán también de plebiscito para calcular el porcentaje de gente tonta en Estados Unidos. Lo dijo la semana pasada un veteranísimo periodista y autor conservador británico, Max Hastings, en el derechista Daily Mail: “Los republicanos se han convertido en el partido de los americanos tontos”. Esto, agregó, “no es ser exagerado, es reflejar los hechos tal y como son”.

 

Los tontos -buena gente en lo personal, quizá, pero tontos- han sido la mayoría en lo que va del siglo. Han votado no una vez, sino dos por el peor presidente de la historia de su país. La buena nueva, como comenta Hastings, es que algunos parecen haber aprendido algo. “La feliz verdad hoy es que no hay suficientes tarados en Estados Unidos como para elegir a John McCain y a Sarah Palin”.

 

Un número importante de anteriores votantes republicanos parece haber pillado que la decisión de McCain (contra sus mejores instintos, como acaba de explicar la revista The New Yorker en un gran reportaje) de optar por la sencillota gobernadora de Alaska como candidata a vicepresidenta fue un acto de tal irresponsabilidad que, en vez de ganarse la Casa Blanca, merece ser llevado ante un tribunal acusado de traición a la patria.

 

¿Cuáles son las características que definen a los “tontos” que seguirán votando por el Partido Republicano y que ven en Palin no sólo un alma gemela, sino una persona capacitada para liderar el país más poderoso del mundo en tiempos de grave peligro planetario?

 

Pues, para empezar, no creen en la teoría de la evolución de Darwin; creen en el creacionismo, en Adán y Eva. Tienen un tinte racista no muy bien oculto, que se extiende de manera especialmente crasa hacia los musulmanes (en los mítines electorales de Palin gritan, “¡Vota McCain! ¡No Husein!”). No tienen pasaportes (como tampoco lo tuvo hasta el año pasado Palin, que ha hecho sólo un viaje al extranjero en sus 43 años de vida) y su desconocimiento del resto del mundo es total. Sus opiniones en cuanto a si es deseable ir a la guerra en tierras que no podrían identificar en el mapa se basan en una sensibilidad simplona, vengativa, adquirida vía las películas de acción más machaconas de Hollywood.

 

Lo trágico del caso es que McCain no es tonto. Ha sido de los políticos estadounidenses más originales, íntegros e independientes de su generación. La necesidad percibida por sus asesores, como por los de Bush, de apelar a la insensatez colectiva de los votantes republicanos le ha trastornado. Uno sospecha que, si realmente hiciera lo que el corazón le pide, no votaría hoy por sí mismo, sino por Obama.

 

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Votos/tontos/elppgl/20081104elpepiint_8/Tes

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