Archivos por Etiqueta: revoluciones en el mundo árabe

¡La revolución de la dignidad!

8 mar

Sadri Khiari / Grupo Decolonial de Traducción, 17 enero 2011

Hoy, como todos los días desde la fuga de Zine el-Abidine Ben Ali, me han planteado veinte veces la misma cuestión: ¿Cómo explicar una sacudida tan profunda en Túnez conocida por su “estabilidad” y la caída repentina de aquel que tenía las riendas de una mano de hierro?

Miles de explicaciones son posibles, pero yo me centraré en una. La más importante a mis ojos: el poder de la camarilla de mafiosos que rodeaba al presidente caído no se sostenía sobre ningún dispositivo de consenso o de consentimiento. Dicho de otra manera, no había ninguna autoridad moral sobre la población. Ahora bien, ningún sistema político puede resistir a una ausencia absoluta de autoridad moral. Igualmente las capas privilegiadas de la población, los pertenecientes al seno de beneficiarios directos del régimen de Ben Ali, su esposa y los próximos, suscitan tanto temor como el peor de los desprecios.

Desde su ascensión al poder en noviembre de 1987, Ben Ali, se dedicó a construir una gigantesca máquina de represión, de control y de clientelismo de la población. Se ha hablado a veces en la prensa francesa del arresto de militantes políticos o de responsables sindicalistas, de la tortura practicada contra los opositores, de las intimidaciones brutales los cuales han sido objeto los defensores de los derechos humanos, pero la acción policial principal se situaba al margen de todo esto: esta concernía a la gran masa de población, sumisa a una presión policial constante, aquella de los servicios del ministerio de Interior, pero también aquella de las múltiples milicias oficiales, aquellas pertenecientes al Agrupamiento constitucional democrática, el RCD, que no es un partido como el resto sino un anexo del Estado, encargado de dirigir, vigilar, castigar, comprar, vender, extorsionar a todo individuo en cualquier esfera de su vida social. A estas instituciones, hay que añadir las estructuras de la administración, aquellas que deberían estar al servicio de los ciudadanos y que sin embargo han dado todo su servicio, hasta el día de hoy, a los directivos de las cumbres del Estado. Dicho de otra manera, han jugado el rol de instancias de represión, de alienación, de vigilancia y de clientelismo. El funcionamiento del ministerio de Justicia es ejemplar en este punto de vista.

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La fuerza de la desobediencia

8 mar

Sadri Khiari* / 9 enero 2011

Desde hace muchos años leo. Leo todo lo que se escribe sobre la situación política en Túnez. Casi todo, para ser sincero. He leído análisis sobre la economía tunecina, que marcha o no marcha, que “marcha… …pero” o que “no marcha… pero”.

He leído artículos acerca de la omnipotencia de la policía, de los ataques a las libertades civiles, la represión, la prisión, la tortura y la acción de los defensores de los derechos humanos. He leído artículos sobre la corrupción en las altas esferas del Estado, informaciones rigurosas, rumores o simples chismes sobre el nepotismo mafioso de las “familias” [cercanas al poder].

He leído artículos sobre la influencia norteamericana, el respaldo francés, el apoyo europeo, las conexiones con Israel. He leído sesudos estudios sobre la naturaleza del Estado y el sistema político tunecinos, sobre la existencia o no de una “sociedad civil”, sobre la existencia o no de una “opinión pública”.

El inmediato futuro de Túnez se presenta muy incierto. Nada hace prever los cambios políticos que se vayan a producir. Hay muchos intereses en juego y son diversas las fuerzas en conflicto. No debe olvidarse que, por razones geoestratégicas, el derrocado presidente estaba apoyado por la Unión Europea y los Estados Unidos. De cualquier modo, sin programas ni alternativas definidas, construir un nuevo orden mejor para reemplazar al viejo, corrupto e injusto, será sin duda una tarea larga, difícil y compleja.

He leído ensayos de Antropología de la Autoridad, ensayos de deconstrucción de los mecanismos de poder más microscópicos, análisis del discurso, estudios culturalistas explorando el alma tunecina desde hace un siglo o dos, a fin de desvelar las razones de Ben Ali.

¿Qué es lo que falta?

El pueblo.

El pueblo que desobedece. El pueblo que resiste en la obscuridad de la vida cotidiana. El pueblo que cuando es olvidado demasiado tiempo se hace recordar al mundo e irrumpe en la historia sin previo aviso.

Si algo he aprendido de la lucha de los esclavos negros americanos, sobre la que he trabajado un poco, es que no hay servidumbre voluntaria. No hay más que la espera impaciente que erosiona la mecánica de opresión. No hay más que la tensión día tras día, minuto tras minuto, para derribar al opresor.

De lejos nos parecen insoportables compromisos, y no cabe duda alguna de que existen, porque hay que sobrevivir; pero casi siempre mezclados con la indisciplina, la rebelión; resistencias moleculares que se condensan y explotan a la vista de todos a su debido tiempo. A la opacidad del poder despótico se corresponde la opacidad de las resistencias; las vergonzosas formas de lealtad y clientelización caminan de la mano de la construcción de solidaridades populares; las tecnologías de control y de disciplina se acompañan de dispositivos de esquiva, de camuflaje, de evasión y de transgresión que perturban el orden establecido.

No hay opresión sin resistencia. Sólo el tiempo que se estira más o menos lentamente antes de que surja, inesperado -o perdido de vista-, el heroísmo colectivo de un pueblo.

¡Haz que se largue el déspota!

Traducido por Antonio Giménez.

* Sadri Khiari sociólogo y activista tunecino exiliado en Francia desde principios del año 2003, es uno de los miembros fundadores del Partido de los Indígenas de la República (PIR) del cual es actualmente unos de los dirigentes principales. Ha publicado, entre otros, Pour une politique de la racaille. Immigré-e-s, indigènes et jeunes de banlieue, éditions Textuel, Paris, 2006 et La contre-révolution coloniale en France de de Gaulle à Sarkozy, éditions La Fabrique, Paris, 2009.

Fuente original: http://estocolmo.se/noticias/?id=434

 

La revolución tunecina

8 mar

Sadri Khiari / Cimarronajes, 25 enero 2011

, 25 enero 2011

La Revolución tunecina es bella. De forma espontánea, sin directivas, sin organización, el pueblo tunecino se ha sublevado para derrocar a Ben Ali, un dictador que disponía de una máquina policial poderosa y con tentáculos, un dictador apoyado por todas las grandes potencias con el falso pretexto de que constituía un «muro contra el islamismo». Casi unánime, con «Fuera Ben Ali» como eslogan principal, el pueblo tunecino a triunfado frente al déspota depredador que le gobernaba. En unas semanas de intensas mobilizaciones impulsadas por el trágico sacrificio de un vendedor ambulante de una de las regiones más desfavorecidas del país, la historia de Túnez, y quizás la de todo el mundo árabe, se ha tambaleado.

Más allá de este primer éxito, sigue la mobilización puesto que todo el mundo sabe que las principales instituciones instauradas por el presidente caído siguen funcionando. Contra las fuerzas de la normalización, las fuerzas del cambio exigen en primer lugar la disolución del Reagrupamiento Constitucional Democrático (RCD) que más que un partido político es un órgano de represión, vigilancia y clientelización. Todo el mundo sabe que sin una verdadera ruptura con las instituciones instauradas por el dictador, las capas populares que llevaron el movimiento revolucionario, y en particular la juventud, corren el riesgo de ser desposeídas de su victoria en el nombre de una transición sin choques que no otorgaria mas que algunas minimas concesiones de las reivindicaciones del pueblo, parecidas a las que Ben Ali ofrecía «generosamente» un puñado de horas antes de ser cazado por las poderosas manifestaciones populares. Todo el mundo sabe que los tunecinos no esperan ni una democracia de fachada ni en absoluto quieren una politíca económica dictada por la Unión Europea y las insituciones financieras internacionales, cuyo credo neo-liberal siempre conduce a más paro y miseria. No quieren, de ninguna manera, una política extranjera sometida a los intereses de las potencias imperiales y con prisas por terminar con la Resistencia palestina. Todo el mundo en Túnez sabe que la onda expansiva de esta Revolución en el conjunto del mundo árabe es una conquista formidable la cual suscita mucha esperanza y, en consecuencia, decepcionarla sería desastroso.

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“Hay una persistencia de las relaciones coloniales…”

8 mar

Entrevista a Sadri Khiari, del Movimiento de los Indígenas de la República

Corresponsal en Francia de Socialismo o Barbarie Internacional, 10/11/05 – Publicado el 12/7/2006

El compañero Sadri Khiari, conocido artista-pintor e intelectual tunecino, militante trotskista y miembro del comité de redacción de la revista ContreTemps, es uno de los iniciadores del “Movimiento de los Indígenas de la República” (ver artículo en www.socialismo-o-barbarie.org/europa/050508_bf_manifestacionanticolonialismo.htm).

Sadri, que en Túnez ha sido dirigente de Attac-Tunisie y uno de los fundadores del CNLT (Conseil National pour les Libertés en Tunisie), reside hoy en Francia, después haber sido duramente perseguido por el gobierno dictatorial de Túnez, agente notorio del imperialismo francés.

Este movimiento recientemente surgido, más allá de muchos puntos que pueden ser tema de debate, tiene el mérito de haber planteado el fondo del problema que ahora ha estallado en la rebelión de los guetos: “Francia fue un estado colonial…” y “…Francia sigue siendo un estado colonial”. Increíblemente, haber puesto el dedo en esa llaga -que está en la base del actual estallido- ha provocado reacciones muy dispares en la extrema izquierda francesa. Este es un tema que no puede quedar en los marcos nacionales de Francia, sino que debe ser conocido y debatido por los socialistas revolucionarios de todo el mundo.

¿Puedes explicar a los lectores de SoB cómo se ha desarrollado y el porqué de este estallido social?

Desde hace algunos meses, el ministro del interior utiliza una frase amenazante: Vamos a utilizar los Karcher (aparato de limpieza a fuerte presión de agua para asear los muros) para limpiar las banlieus (suburbios). Es decir que los jóvenes son basura; hay que descontaminar Francia. Después Sarkosy utiliza el termino racaille (chusma) para calificar a los jóvenes franceses de padres inmigrantes.  Desde hace más de 20 años los diferentes gobiernos de derecha y de izquierda han llevado una política de “guetización” de la población de origen inmigrante, casi todas de las ex colonias de Francia. Además la República ha ejercido constantemente la discriminación en el empleo. Hay más de 40 % de desempleados en los barrios pobres entre los menores de 25 años. Hay segregación en la escuela, y cuando se logra duramente un diploma no se consigue trabajo.  Ha habido una enorme campaña “nacionalista”, donde se denunciaba que la identidad francesa estaba amenazada por los inmigrantes. Y desde los años 80 se ha desarrollado una política de “seguridad” represiva desde todos gobiernos, tanto de la derecha como de la “izquierda”. Después se nos ha acusado incluso de terroristas. Ellos han creado para la población de origen inmigrante un status de excepción. El estallido no vino repentinamente. Ya se habían producido varias explosiones en los últimos años, pero aisladas y mas breves.

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Túnez, revuelta de la dignidad

22 feb

Mohamed Bouazizi, comerciante que se prendió fuego contra abusos de la autoridad. Recibe visita indeseada del entonces presidente de Túnez, Ben Alí.

Rubén Martín /Público, 27 enero 2011

Se llamaba Mohamed Bouazizi, tenía 26 años y era vendedor de fruta en el poblado de Sidi Bouzid, a poco más de 200 kilómetros al sur de la capital de Túnez, país islámico situado en el norte de África. El 17 de diciembre pasado, Bouazizi salió temprano, como habitualmente hacía, para vender la fruta que había comprado la noche anterior. Vendía en la calle. Ese viernes sin embargo las cosas ya no serían habituales.

Aunque en muchas ocasiones Bouazizi había sido molestado por la policía y funcionarios municipales, el 17 de diciembre las cosas llegaron a un punto de no retorno. Las reconstrucciones periodísticas que se han hecho indican que el vendedor callejero se negó a dar dinero a los policías que lo extorsionaban, luego intentaron quitarle la báscula con la que pesaba su mercancía y él se negó. Entonces una empleada municipal, llamada Feida, le dio una cachetada y luego dos uniformados le golpearon las piernas. Los representantes de la autoridad se llevaron sus pertenencias.

Bouazizi fue al ayuntamiento a tratar de recuperar su mercancía y sus propiedades, y se encontró con la funcionaria municipal que antes le había agredido. El comerciante ambulante advirtió entonces que se iba a quejar en Palacio de Gobierno y a cambio recibió las burlas de los empleados municipales.

Entonces ocurrió algo inesperado, el humilde comerciante salió del edificio, compró un galón de gasolina y se quemó vivo delante de la policía (“La llama que incendió Túnez”, El País, 23 enero 2011).

Bouazizi duró 18 días en el hospital luchando por su vida en vano, falleció el 4 de enero. Pero las que encendieron su cuerpo, a la vez encendieron una rebelión popular contra la dictadura de 23 años de Ben Alí.

Como todas las dictaduras, la de Ben Alí se sostuvo mediante el terror y la represión, sin embargo la rabia que produjo la inmolación de Bouazizi fue tal que animó a cientos de miles de tunecinos a desafiar al régimen, exigir justicia ante estos agravios y pedir la renuncia del dictador Ben Alí.

Las consignas que se gritaron en las calles tunecinas resumen las demandas populares: “Pan, agua, y no Ben Ali”, “Policía asesina”, “Túnez libre”, y “Ya no tenemos miedo”.

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