Pasados ya los años de presidio y tortura, José Mujica, el nuevo jefe del Estado uruguayo, es uno de los casos más representativos de éxito de la nueva izquierda latinoamericana
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ / El País, 6 diciembre 2009
Muchos argentinos contemplan a su vecino Uruguay con una cierta envidia. “¡Un país en el que los sindicalistas no son ricos!”, ironiza en televisión el periodista Pepe Eliaschev. “¡Un país en el que la izquierda ha sido capaz de formar un Frente Amplio y gobernar unida y razonablemente!”, comenta el gobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner. “Si yo tuviera 15 años menos, me voy para Argentina y me pongo a hacer política”, aseguró el nuevo presidente uruguayo, José Mujica, durante la campaña electoral. “Allí son totalmente irracionales. (…) Tienen reacciones de histérico, de loco. El problema es político”, añadió. Y casi nadie se enfadó en Argentina porque miran al pequeño Uruguay y se asombran de su estabilidad y de su sensatez y porque adoran a Mujica. “Yo dije un día a los argentinos que tenían que quererse más, y a partir de ahí soy Dios en la Argentina”, bromea Mujica.


