La decadencia panista

Diario Público, 4 octubre 2007

 

Fue en 1996 cuando el PAN enfrentó en Jalisco su primer reto importante como partido en el poder. Daniel Ituarte, primer panista que gobernó Zapopan, favoreció a un despacho, del que su hijo era socio, con un negocio de más de un millón de pesos. El reportaje cimbró al panismo. Por primera vez desde que habían llegado al gobierno, en marzo de 1995, enfrentaban un escándalo de corrupción, una crisis política y un dilema ético importante.

 

A la distancia sorprende la facilidad con la que ese primer escándalo sacudió los cimientos del panismo local, a partir de un simple dilema ético: “Uno de nuestros gobernantes cometió un acto indebido, eso va en contra de todo lo que hemos pregonado durante 57 años, no podemos hacer en el gobierno una cosa distinta a la que decíamos como oposición”.

 

Este dilema funcionó. Días después, el comité estatal que presidía Herbert Taylor convocó a una sesión donde se decidió pedirle a Ituarte la licencia a su cargo. El panismo se conmovió, incluso con llanto, enfrentó un dilema ético y actuó en consecuencia.

 

Estoy seguro de que quienes leen este artículo siguen mi argumento. Qué lejos estamos en 2007 con lo que ocurre en Tonalá, respecto al caso Zapopan en 1996.

 

En Tonalá 2007 estamos en una trama de novela negra en la que dos funcionarios cercanos al presidente Jorge Vizcarra, ordenaron el asesinato de otro tercer funcionario porque supuestamente los iba a denunciar como parte de una red de corrupción que, según los avances de la investigación, podría llegar al alcalde.

 

¿Qué hace la clase política panista? Mira las encuestas, mide el terreno, calcula la maniobra que les permita seguir en el poder, a cualquier costo. Ya no se conmueven, ya no se cimbran ante estas noticias, ya no enfrentan un dilema ético. Ya no le piden la renuncia al servidor público que claramente es una contradicción entre la doctrina panista y su realidad como hombre del poder.

 

Demasiados electores ven esta creciente contradicción, la creciente distancia que hay entre lo que dicen ser (honestos, respetuosos de la doctrina y de la ley) y lo que son en realidad (una clase política que busca ante todo y por cualquier medio permanecer en el poder, sin principios, ambiciosos…). Las mieles del poder los corrompieron.

 

Creo que se trata de un análisis equivocado. Parte de una noción idealista de la política, de matriz liberal. Parten de los tipos ideales de lo que debería ser el orden político, sus procedimientos e instituciones. Se cree que este orden político nació para servir a la sociedad. Según este esquema de interpretación predominante, los partidos son entidades de interés público que permiten a la sociedad organizarse para llegar al poder público; y los políticos sirven a la sociedad.

 

El problema con esta concepción es que no resiste la prueba de los hechos. Por eso los analistas y periodistas que siguen a pie juntillas esta versión liberal de la política se hacen bolas y no atinan a explicar qué ocurre.

 

Si aplicamos este a la crisis panista, se llega a una conclusión voluntarista de la política. La doctrina y la institución panista están bien; son las “malas personas” las que las corrompen. Alberto Cárdenas llevó al extremo esta versión simplona diciendo que el panismo fue “penetrado por prácticas priistas”. Este análisis es insostenible. Necesitamos otro marco interpretativo que permita entender mejor lo que está atravesando el panismo en Jalisco, y todos los partidos, así como las instituciones y los procedimientos políticos.

 

Ese marco debe partir no del deber ser de las instituciones, sino lo que realmente son. En realidad dichas instituciones y prácticas se crearon para ser lo que son: instrumentos políticos en manos de camarillas que buscan permanecer en el poder; y la clase política debe verse como un grupo de profesionales que se dedican ante todo a permanecer en el poder, sin importar principios y compromiso con los electores. Es insuficiente el espacio aquí para desarrollar este análisis crítico del liberalismo. Pero es necesario hacerlo si se quiere salir del simplismo de decir que el panismo atraviesa su decadencia. El panismo actual es lo que realmente podían ser.

 

Un análisis crítico de la política en Jalisco (y por supuesto en el mundo) debe considerar en serio que lo que no funciona es el orden político liberal en su conjunto, y no centrarse en las “malas personas” que corrompen las nobles instituciones.

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