Estereotipos en el parque Morelos

En Jalisco hay miles de gentes que no se dejan. En este mismo momento hay miles de ciudadanos que en todo el estado están peleando por sus derechos. Así ha sido en la historia de esta región.

Pero también, siempre ha habido un desprecio, subestimación y hasta discriminación en contra de estos grupos y estas personas de parte de los grupos dominantes. Esta subestimación o menosprecio de los de arriba se ha manifestado ahora en contra de los colonos que se oponen a la construcción de la Villa Panamericana en el parque Morelos. 

Las acciones de protesta que han llevado a cabo los residentes de la zona donde quiere erigirse la Villa Panamericana fueron descalificadas, desde dos frentes. El presidente de Guadalajara, Alfonso Petersen, declaró que había intereses políticos ajenos entre las personas que se oponen al proyecto que él encabeza. Por su parte, el coordinador del Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco, Javier Gutiérrez Treviño, fiel a la tradicional ignorancia de los dirigentes empresariales sobre asuntos sociales, criticó la “politización” que los vecinos del parque Morelos están haciendo del tema y remató diciendo que a estos les podría ocurrir como a los macheteros de San Salvador Atenco, que se quedaron “sin miel y sin jícara”. 

Estos ejemplos resumen uno de los estereotipos más habituales que los grupos dirigentes endilgan a la gente que sale a la calle a manifestarse. Es el argumento de la “politización”. Hay una idea de que la única vía de hacer política viene de arriba, desde el gobierno, los partidos, las instituciones establecidas y desde los empresarios. Sólo ellos tienen el monopolio de la política. Si unos vecinos del parque Morelos, a quienes se quiere transformar radicalmente el barrio y por tanto a transformar sus vidas, empiezan a reunirse para intercambiar puntos de vista, para organizarse y para decidir qué hacer, entonces caen en la mala “politización”, la de los sujetos habitualmente desorganizados. 

En este viejo estereotipo de los que gobiernan hay un una subestimación de la gente común. El oficio de la política corresponde a expertos, especialmente a profesionales; los grupos sociales son por definición “apolíticos” y si empiezan a cuestionar de más o a hacer acciones que no se espera de ellos, como salir a la calle a reclamar lo que piensan que les corresponde, entonces están manipulados. Eso es lo que está detrás del estereotipo que acusa a los movimientos de “politizarse”.

A lo mejor se dirá que estos grupos tienen derecho de hacer política, pero que no se vale que reciban apoyo o solidaridad de otros grupos. Eso sí es politización. Otra vez el estereotipo y la discriminación en contra de las luchas sociales. Sólo los políticos profesionales pueden aliarse. Está bien que Felipe Calderón se haya aliado con Elba Esther, Emilio González con priistas y que los empresarios inviertan dinero en las campañas de los candidatos. Estas alianzas y formas de actuación política sí son correctas, sí están permitidas. El otro estereotipo que se lanza desde el gobierno, grupos empresariales y opinadores en los medios, es la idea de que el saber experto está concentrado en los de arriba, que los de abajo son únicamente receptores de los proyectos y la guía de estos expertos.

El líder empresarial citado dijo que los vecinos del parque Morelos “se lo pierden” refiriéndose al proyecto de construir la Villa Panamericana en esa zona, y lanzó lo que para él era un insulto: una comparación con los macheteros de Atenco. Otra vez la ignorancia de las cúpulas empresariales: creen que sólo ellos saben lo que conviene a la sociedad y ese tipo cree saber más que los propios vecinos del parque Morelos, sobre lo que les conviene. No importa que 75 por ciento de propietarios de casas o negocios se opongan al proyecto (Mural, 17 de agosto), o no importa lo que sientan y quieran quienes ahí habitan. El gobierno, los urbanistas, los empresarios saben más lo que les conviene. Eso creía el imbécil de Vicente Fox sobre los pobladores de Atenco, creía que él les estaba ofreciendo el “progreso” al comprarles sus tierras por una miseria y que convertirse en empleados en el aeropuerto era mejor que ser dueños de sus tierras, de sus cultivos, de sus casas y de sus vidas. Es una torpe y limitada idea del desarrollo. 

Que sean los vecinos del parque Morelos los que decidan qué es lo más conveniente para ellos. No se les subestime. Ya pasaron los tiempos en que todo se imponía desde arriba.

 

Viernes, agosto 24, 2007

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