Los límites del proyecto neoconservador

 Hace una semana intenté definir el proyecto del actual gobierno como neoconservador. Escribí que este proyecto puede dividirse en dos vertientes: por un lado la parte pragmática que busca convertir a Emilio González en candidato a la presidencia en el 2012, y la parte dogmática que consiste en impulsar la agenda de asuntos públicos que le interesan a la derecha mexicana, vinculada a la iglesia católica. 

En este proyecto resaltan dos asuntos: uno el estrecho apoyo que reciben del cardenal Juan Sandoval Íñiguez y el uso de crecientes recursos públicos para hacerse de una base clientelar que sirva a su favor durante las contiendas electorales.

Es un populismo de derecha que tiene a su disposición cientos de millones de pesos en diversos programas sociales con los cuales financian a cientos de organizaciones civiles vinculadas a la iglesia católica. La pregunta es si este proyecto está teniendo éxito y si podrá mantenerse en el poder para, desde ahí, impulsar los temas de agenda pública que les interesan.  

Por ahora parece un proyecto político más o menos sólido. Por un lado, el espíritu de la época parece favorecer a los conservadores en el mundo desde la caída de los “socialismos realmente existentes” en Europa del este hace 18 años; además una buena parte de las ideas, temas y concepciones de la derecha jalisciense forman parte del discurso político de moda en el mundo.  

Por un lado, políticas públicas centradas en el mercado y donde se deja el Estado apenas el espacio para que haga funcionar los negocios privados, y por otro lado, un discurso de la “anomia social” en el que se cree que los males ocurren por la descomposición en las familias y la falta de valores que impera en el mundo moderno.

El proyecto que ofrecen ante esta crisis es el neoliberalismo en lo económico y el neoconservadurismo en lo político y social-ético. Creen que los gobiernos deben crear las condiciones más propicias para que la iniciativa privada invierta sus capitales y así surjan empresas que den empleos, que paguen impuestos y desparramen sus beneficios. A quienes quedan marginados de este proyecto, el proyecto neoconservador les ofrece programas sociales focalizados y la caridad privad que, por otro lado, se financia también con recursos públicos. 

Pero por sólido que parezca este modelo neoconservador para muchos, el modelo no parece tener bases sólidas de reproducción para los próximos años. Tiene varias y enormes fisuras. Para empezar, el modelo neoliberal está en retirada en todo el mundo. Basta mirar hacia el sur del continente para darse cuenta que el de México es uno de los pocos que se aferran a la ortodoxia neoliberal, cuando la gran mayoría ha dejado a un lado el modelo basado en el Consenso de Washington.

Los modelos más importantes de crecimiento en el mundo ocurren fuera de la órbita neoliberal, e incluso en China nominalmente su sistema sigue siendo socialista.  Sin ir muy lejos, el modelo neoliberal no está ofreciendo respuestas para las penurias que padecen cientos de miles de jaliscienses. Es un modelo que excluye a enormes sectores sociales, y que está generando tensiones sociales. Hay un aumento evidente de la conflictividad socia (basta ver la intensidad de las protestas sociales ocurridas en febrero pasado). De otro lado, las respuestas “trascendentes” que ofrece el modelo “neoconservador”, rema contra la corriente de secularización que impera en la vida cotidiana. La mayoría de las familias jaliscienses podrán ser católicas, pero la mayoría de sus miembros actúa cotidianamente con valores mucho menos rígidos de los que quiere imponer Juan Sandoval y sus acólitos. Esta es una lucha perdida para el proyecto neoconservador. No está menos perdida la lucha por las ideas políticas y económicas. La razón principal del fracaso que se avecina sobre este proyecto, es que a diferencia del proyecto nacionalista-industrialista del PRI, el modelo neoliberal no genera los recursos fiscales suficientes para que los gobiernos locales ofrezcan las respuestas a las demandas que plantea la sociedad. Se genera así una crisis de credibilidad del proyecto neoconservador, cada vez más creciente y aguda.  

En este sentido, el proyecto conservador del Partido Católico Nacional (PCN) que llegó al poder en Jalisco en 1912 era mucho más arriesgado e interesante, muy lejos de la falta de ideas y creatividad del actual proyecto neoconservador de Emilio González.  

6 de marzo 2008

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