Saldos de la invasión a Irak

Basados en la doctrina militar de la “conmoción y temor”, cuyo propósito reside en causar el mayor temor posible al “enemigo”, hace cinco años el gobierno de Estados Unidos y naciones aliadas decidieron invadir Irak. Decenas de miles de misiles cayeron sobre Bagdad a las 5:30 de la mañana, cuando la mayoría dormía.

La invasión a Irak fue un acto unilateral de la potencia militar del mundo que violó las leyes internacionales y que en su momento se intentó justificar mediante la repetición de un rosario de mentiras. Vale la pena revisar las justificaciones del presidente de Estados Unidos, George Bush.

Se dijo que el régimen iraquí tenía almacenadas armas de destrucción masiva (químicas e incluso nucleares) que podían dispararse y causar daño en menos de 45 minutos, como dijo para el primer ministro británico Tony Blair.

El secretario de Estado estadunidense, Colin Powell, dijo que estaba confirmado el tráfico de uranio enriquecido desde Nigeria hacia Irak y el gobierno de Bush dijo que el gobierno de Sadam Husein apoyaba a Al Qaeda y estaba relacionado con los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Todo eso era mentira. Lo cierto es que salvo poco más de la mitad de la opinión pública de Estados Unidos, el resto del mundo no creyó las mentiras de Bush y sus socios Tony Blair y José María Aznar.

La convocatoria a protestar en contra de la invasión de Irak ha sido una de las grandes acciones políticas que haya registrado la historia. Millones de personas en todo el mundo se manifestaron en contra de la invasión a esa nación árabe en las jornadas globales en enero, febrero y marzo de 2003.

La ocupación ilegal en Irak ha dejado una estela de muerte y destrucción injustificable. Hasta el día de ayer habían muerto entre 82,249 y 89,760 civiles iraquíes a causa de la invasión, según el respetado sitio www.iraqbodycount.org/. Sin embargo el número de civiles que han muerto a causa de la invasión es mucho mayor. Según un estudio de médicos británicos, dado a conocer en la prestigiosa revista británica The Lancet, desde la invasión han muerto 600 mil personas. Es una cifra espantosa. Como espantosa es la cifra de soldados estadunidenses muertos. Hasta el día de ayer habían muerto 3,980 militares en Irak (http://projects.washingtonpost.com/fallen/iraq/).

La nota que más se ha destacado ahora en el quinto aniversario de la invasión es el costo. Joseph Stiglitz (premio Nóbel de economía 2001) acaba de publicar, junto a Linda Blimes, un libro en el que estima que la guerra costará a los contribuyentes estadunidenses tres billones de dólares; una cifra colosal que representa unas cinco veces el PIB de México. Una cantidad igual costará a la economía mundial, según Stiglitz. Esto quiere decir que cada día Estados Unidos gasta 5,830 millones de pesos para mantener a su Ejército en Irak.

Dos propósitos reales estaban detrás de esta guerra. La intención de quedarse con las segundas reservas de petróleo del mundo (que como se sabe es la base energética de la moderna economía capitalista) al tiempo que se invalidaban los contratos que Francia, China y Rusia tenían con el gobierno de Husein.

La otra razón es de índole ideológica. Con la invasión a Irak Estados Unidos pretendía establecer un modelo político y económico “civilizado” fundado en la democracia y en el capitalismo occidental. No está de más recordar que la nueva constitución iraquí fue redactada en un despacho de abogados de Nueva York. Este propósito no puede ocultar su fundamento racista, la idea de que Estados Unidos llevaría la “civilización” occidental a una nación bárbara.

Pero los dos propósitos del gobierno de Bush han fracasado, y con él se ha venido abajo el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano promovido por los neoconservadores estadunidenses. Y ahora todo está peor de como estaba el 19 de marzo de 2003: la economía mundial, el precio del petróleo, la seguridad global, y la situación en Irak. La guerra contra Irak es un buen manual de cómo hacer mal todas las cosas que se pretenden resolver.

Irak es el Vietnam del siglo XXI. La buena noticia en todo esto, si es que hay una, es que la intención de una nación poderosa por imponer su dominio en todo el planeta es insostenible. El fracaso de la invasión a Irak es el fracaso del proyecto imperial de Estados Unidos y abre la posibilidad de reconstruir un orden mundial multipolar, no imperial como pretendieron Bush y sus neoconservadores.

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