Descanse en paz el PRD

Es tan patética la crisis interna al Partido de la Revolución Democrática (PRD) que hasta le dan oportunidad a Felipe Calderón de burlarse del perredismo y atribuirse autoridad moral para dar lecciones de buenas costumbres partidistas. Calderón, el mismo que ganó la candidatura presidencial al seno de Acción Nacional mediante un “cochinero” (Alberto Cárdenas y Santiago Creel, dixit) y se hizo de la presidencia de la república mediante campaña sucia, alteración de resultados y alianza con operadores políticos priistas.

 

De este desastre interno nadie se salva. En su lógica de conseguir el poder sin importar el medio, al final todas las corrientes y todos los candidatos cometieron las mismas irregularidades que Calderón y el panismo les había cometido en julio de 2006.

 

Y con este cochinero, el empeño en exhibirse y el afán de liquidarse mutuamente ofrecieron el escenario perfecto para una “masacre mediática” como la que hicieron las televisoras después de las elecciones perredistas del pasado 16 de marzo. Jamás la elección dentro de un partido había merecido tanta atención de las televisoras nacionales, ni notas continuas de más de quince minutos, sin cortes comerciales. No actuaron así Televisa y TV Azteca cuando Roberto Madrazo “venció” a Beatriz Paredes, ni cuando Alberto Cárdenas denunció el “cochinero” a favor de Calderón en Yucatán o cuando Juan Camilo Mouriño habló de una “una marranada” a favor de Creel en Veracruz.

 

En lugar de reparar que estaban propiciando dicha “masacre mediática”, los perredistas se empeñaron en ahondar su crisis. En esta crisis vale la pena recordar que en sus casi 19 años de existencia, ningún proceso interno ha terminado sin impugnación; vale la pena recordar que dos décadas no han servido para crear instituciones y procesos democráticos.

 

Se ha impuesto el pragmatismo político por encima de cualquier consideración ética; se ha impulsado el clientelismo, la compra de votos, la aplicación del mayoriteo inconsciente por encima de cualquier fin político, tanto en Jalisco como en el Distrito Federal, Michoacán o Baja California Sur.

 

Se equivocaría quien piense que la patente de dichas prácticas es tricolor, el que salga con la conclusión simplista de que la democracia no se implanta en el PRD debido a que muchos priistas han migrado a sus filas. La mismas prácticas políticas (acarreos, clientelismo, obtención de candidaturas mediante la compra de votos vía nómina) ocurren en el PAN y ahí no se observa un trasvase significativo de priistas.

 

La crisis de los partidos, como se atestigua ahora en el PRD, no se origina por la adopción de prácticas priistas, sino por la crisis de las instituciones y prácticas liberales y, en el fondo, una idea de la política a la que no le importan los medios para alcanzar los fines. Los orígenes y manifestaciones de esta crisis merecen desarrollarse en otro espacio.

 

Ahora cabe preguntarse sobre el futuro del PRD. En mi opinión, la actual es la crisis definitiva de esta fuerza. Es una doble crisis mortal: por un lado el ridículo de su elección interna, aunado al fraude que se cometió en su contra en los comicios de 2006, cancela la posibilidad de que esta fuerza alcance el poder del Estado mexicano para desde ahí aplicar supuestamente políticas públicas de izquierda y progresistas. Se lo impedirán tanto sus enemigos externos (en primer lugar el calderonismo-panismo y los intereses económicos que representan), como el PRI que quiere volver al segundo lugar electoral para vender más caro sus votos legislativos; e impedirán que el PRD llegue al poder la irreparable dinámica de conflicto interno que vive desde siempre, acelerada en el actual proceso electoral.

 

El otro plano de la crisis mortal del PRD es que el cochinero de su elección exhibió sus prácticas, sus limitaciones y los verdaderos objetivos que persigue esta clase política. En definitiva, los políticos del PRD son profesionales del poder que no pueden vivir fuera del presupuesto, aún y cuando traicionen a sus bases. En 19 años ya ha quedado claro que esta fuerza política no busca un cambio social de fondo en el país, necesario para resolver los problemas de fondo que existen en el país, sino que se trata de una facción más de la clase política profesional que gestiona el sistema político liberal y de economía capitalista que impera en México. Descanse en paz el PRD. Ya existen otras fuerzas de izquierda anticapitalista que están haciendo la tarea que el PRD nunca se propuso hacer.

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