La otra mentada de madre

 

El Día Internacional del Trabajo, como la gran mayoría de fechas históricas, nació de la lucha de los grupos sociales subordinados en contra de la dominación, la discriminación y la explotación. El primero de mayo se escogió como fecha de la clase obrera por la Segunda Internacional en memoria de la huelga de un contingente de trabajadores anarquistas de Chicago, que peleaban por una jornada laboral de ocho horas. La huelga empezó el primero de mayo de 1886 y tuvo su punto álgido cuatro días después cuando los obreros fueron agredidos por la policía.

 

Esto ocurrió hace 122 años y en México el Día Internacional del Trabajo se ha convertido en un ritual, pero tal vez esté llegando a su fin el periodo de los primeros de mayo carentes de significado para los trabajadores debido a que la clase trabajadora, es decir las personas que venden su fuerza de trabajo para obtener un ingreso, enfrenta uno de sus periodos más difíciles en muchos años.

 

La globalización neoliberal que se ha impuesto en casi todo el mundo en las últimas dos décadas (derivada de la crisis capitalista de la década de 1970) significa un retroceso significativo para los trabajadores. Y esto es así porque el propósito central de las políticas económicas neoliberales implica la recuperación de las tasas de ganancias para los capitalistas, ganancias que se habían estancado en las décadas de 1960 y 1970. ¿Cómo han intentado los capitalistas intentar recuperar sus beneficios? Con políticas económicas de mercados abiertos que priorizan la inversión privada y el libre flujo de capitales, con políticas laborales que exigen menores regulaciones y una flexibilización de la fuerza de trabajo.

 

En resumen, los beneficios para capitalistas se han recuperado mediante la apertura de nuevos mercados, el lanzamiento de nuevos productos, y esencialmente, mediante la reducción de costos que implican despidos de trabajadores y recortes en los salarios y las prestaciones laborales.

 

El saldo de todas estas políticas ha sido desastroso para los trabajadores. En México, el neoliberalismo ha sido una calamidad. Véanse estas cifras: en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez un trabajador necesitaba cinco horas de trabajo para comprar la canasta básica, mientras que en el sexenio de Vicente Fox Quesada un obrero necesitaba 47.4 horas para comprar la misma canasta básica.

 

El vuelco es tan notable que no es exagerado afirmar que ahora amplios sectores de trabajadores viven en condiciones semejantes a sus pares de hace un siglo. Aquí en Jalisco a principios del siglo XX diversos grupos obreros se organizaron para luchar por cambiar sus condiciones de trabajo y de vida. Peleaban por una jornada laboral de ocho horas (que entonces era de doce a 16 horas), un salario mínimo, contratos de trabajo, y diversas demandas de seguridad social (viviendas, atención médica y guarderías). A los trabajadores de Jalisco les llevó casi 50 años ganar esas demandas. Estas prestaciones fueron casi la norma en la economía formal durante cuatro décadas, hasta que la economía entró en crisis y llegó la reestructuración capitalista en un sentido neoliberal que ha imperado en México y Jalisco en los últimos 20 años.

 

¿Cuál es el saldo del neoliberalismo para los trabajadores de Jalisco? Se pude resumir en cinco palabras: más trabajo y menos ingresos.

 

Puede hablarse con propiedad de un periodo regresivo en la distribución de la renta. La Encuesta Nacional de Empleo más reciente indica que en Jalisco hay una población económicamente activa de tres millones 315 mil personas, de las cuales un millón 899 mil son asalariados y 169 mil no perciben ingresos; en tanto hay 194 mil empleadores, 571 mil trabajadores por cuenta propia. Dos tercios de la fuerza laboral percibe apenas entre uno y cinco salarios mínimos, es decir que sobrevive con ingresos mensuales de entre 1,500 a 7,500 pesos.

 

El ingreso de un jefe de familia ya no es suficiente para mantener a la unidad doméstica, de tal modo que el neoliberalismo ha obligado a que en cada familia haya más miembros trabajando (incluso niños y ancianos) a fin de tener los ingresos suficientes para sobrevivir.

 

En estas condiciones viven los trabajadores en Jalisco, además de que se ha intensificado las estrategias de subcontratación y condiciones de trabajo cada vez más adversas.

 

La mentada de madre que Emilio González Márquez dirigió a sus críticos el pasado miércoles ha generado indignación en miles de jaliscienses. Pero los ingresos de los trabajadores es otra mentada de madre cotidiana para cientos de miles de habitantes de esta región. Probablemente en los próximos años salgan a las calles igual que ahora lo han hecho para regresársela al gobernador.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s