Emilio y su receta del desarrollo

A pesar de las incontables evidencias de que el modelo de apertura económica, privatizaciones y flexibilización laboral que se impuso en México y en el estado desde fines de la década de 1980 ha resultado un fracaso, el actual grupo gobernante estatal sigue empeñado en apostar por el modelo neoliberal

 

 

El gobernador Emilio González Márquez ha consumido ya una quinta parte de su tiempo, pero apenas está presentando los detalles de sus programas de desarrollo. En ellos, en sus discursos y especialmente en la inversión pública se revela que el gobierno en turno pretende apostar por el mismo modelo económico y social que ha demostrado ser una patada en la entrepierna para la mayoría de la población. Todos los letreros de ese camino anuncian que delante está un despeñadero y aún así se insiste en recorrerlo.

 

 

Recientemente el mandatario estatal ha resumido lo que para él significa la fórmula del desarrollo: las condiciones de vida de la gente están mal porque Jalisco está rezagado en competitividad entre otras cosas por falta de infraestructura; esto impide que lleguen inversiones privadas, lo que a su vez provoca que no se asienten empresas que creen empleos y que no haya trabajadores que obtengan ingreso para mantener a su familia.

 

La receta para resolver esta situación, según el gobernador y su equipo, es apostar por crear en Jalisco las condiciones propicias para que llegue capital privado; y creen que la clave está en la competitividad. Su receta es la siguiente: el gobierno debe invertir en infraestructura para que circulen mercancías y personas, lo que mejorará la competitividad estatal, que permitirá la llegada de capitales que crearán empresas y empleos y que darán trabajo e ingresos para el sostenimiento de las familias de los trabajadores.

 

Es la misma receta del Consenso de Washington que tiene como pilar la apuesta por el capital privado, invertido sin restricciones en el mercado, lo que creará desarrollo económico y prosperidad para la población.

 

Es entendible que hace 20 años, cuando estaba en su apogeo la crisis del desarrollismo industrialista mexicano, los gobernantes y grupos empresariales se tragaran todo ese discurso e incluso compraran la receta para ponerla en práctica en Jalisco. Pero es inadmisible que dos décadas después se trate de apostar por ese mismo modelo, cuando en casi todo el mundo va en franca retirada. El actual grupo gobernante debería saber que las regiones que ahora tienen cierto dinamismo económico y que han tenido posibilidad de repartir un poco más equitativamente la riqueza nacional, jamás aplicaron a pie juntillas la receta neoliberal. No lo hizo China, no lo hizo India, y no lo hicieron tampoco los países capitalistas más desarrollados. El caso contrario fue América Latina que desde 1980 aplicó el modelo, casi en su expresión más pura, y por eso nos fue tan mal.

 

A estas alturas del modelo neoliberal el actual grupo gobernante debería entender que los capitales internacionales no son almas de la caridad sino corporaciones que buscan los lugares donde pueden obtener las más altas ganancias en el menor tiempo posible.

 

Esto es lo que ha ocurrido en Jalisco en las dos últimas décadas. Nuestra economía se abrió al mundo y los resultados son un fracaso. Han llegado empresas privadas (nacionales y extranjeras) como nunca y el resultado es que las condiciones de vida son más difíciles para la mayoría de la población.

 

Para confirmar esto basta hacer una operación muy sencilla: preguntarse en cada familia si en comparación con hace veinte o diez años trabajan más o menos, y si en este periodo ganen más o menos dinero por su trabajo.

 

De modo que estaría bien que Emilio González y su equipo deberían advertir que el punto central de su ecuación está errado: la apuesta por el capital privado no es la vía hacia la prosperidad.

 

Por eso es una tontería apostar toda la inversión pública a la llegada de capitales. Los diez mil millones de pesos para carreteras, los 18 mil millones de pesos para los Panamericanos, los apoyos a fondo perdido a supuestos proyectos estratégicos no resolverán los problemas de la gente. Propiciarán, eso si, enormes ganancias para algunos empresarios y corporaciones, y por supuesto, también para algunos funcionarios y gobernantes que sacarán su tajada de este periodo de capitalismo especulativo que se quiere imponer en Jalisco en los próximos años.

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