Crisis de la clase política

A donde quiera que se mire, no se trata de una dura lucha ideológica entre corrientes de un mismo partido o grupo. En el PAN hace mucho que no hay doctrinarios contra neopanistas, sino simples funcionarios a quien les aterra quedarse fuera del presupuesto. En la UdeG la pelea no es entre los que están a favor de la cajita de cristal y las fuerzas del mal; lo que está en juego es el cacicazgo universitario

 

Rubén Martín / Público, 17 julio 2008

 

Disputa de posiciones, desacuerdos públicos, amenazas privadas, denuncias legales, fracturas entre regidores y diputados, boicot en asambleas partidistas, disputa por afiliaciones… Nos podemos quejar de infinidad de cosas de la clase política profesional jalisciense, pero no de falta de creatividad y variedad en sus formas de pelear entre sí y disputarse el poder.

El caso más reciente de este creciente conflicto al interior de los partidos y grupos políticos en Jalisco lo está ofreciendo el grupo que controla la Universidad de Guadalajara (UdeG) desde 1989. Aunque las diferencias entre los afiliados a este grupo político que encabeza Raúl Padilla López no son nuevas, se han acelerado con la llegada de Carlos Briseño Torres a la rectoría general de la UdeG y las abiertas aspiraciones a postularse como candidato a la gubernatura. Desde que asumió el cargo en abril de 2007 se han presentado distintos episodios que han sido utilizados por las facciones del grupo Universidad para dirimir sus diferencias. El último episodio lo destapó el caso de las irregularidades en el programa de transplantes de hígado en el Hospital Civil de Guadalajara. Se ha pasado ahora a la divulgación de denuncias penales interpuestas meses atrás por presunto desvío de fondos federales de Conacyt en dos centros universitarios. Esto acelerará el enfrentamiento al interior de este grupo y en las próximas semanas veremos la respuesta de la corriente opuesta a Briseño. Pero esto es otro tema. El tema es que el grupo Universidad no es el único que se encuentra en una lucha intestina. Lo están los grupos del PRD que se han despedazado internamente tras el fracaso de su elección interna, han estado en conflicto permanente las corrientes del viejo PRI y también el partido en el poder.

¿Qué nos dice este golpeteo entre los grupos de la clase política profesional? No basta decir que la clase política siempre se pelea por espacios de poder; hay periodos de relativa calma al seno de estos grupos que viven para y de la política profesional.

Ahora observamos un periodo distinto caracterizado por una disputa feroz y que tiene visos de volverse cada vez más despiadada. Para quienes piensen que exagero, recuerden lo que ocurrió en 2007 en Tonalá.

Se trata de una por el interés de conservar o pelear por las posiciones de poder y los beneficios materiales y de estatus social que esto conlleva. A donde quiera que se mire, no se trata de una dura lucha ideológica entre corrientes de un mismo partido o grupo. En el PRI no se pelean los nacionalistas en contra de los liberales, sino los jóvenes dinosaurios con otros dinosaurios; en el PAN hace mucho que no hay doctrinarios contra neopanistas, sino simples funcionarios a quien les aterra quedarse fuera del presupuesto. En la UdeG la pelea no es entre los que están a favor de la cajita de cristal y las fuerzas del mal; lo que está en juego es el cacicazgo universitario.

No es una lucha ideológica, sino una voraz pelea por las prebendas que concede la administración del poder político. Quienes están a la cabeza de estos grupos han ascendido en la escala social. Ahora no son los líderes estudiantiles o jóvenes promesas políticas que viven en austeras casas de clase media. Una buena parte de lo que se pelean en la arena pública comparten fincas en Valle Real y otros fraccionamientos de gente acomodada.

En resumidas cuentas, lo que observamos es la crisis de una clase profesional que es incapaz de ofrecer una conducción política en Jalisco que sea vista como legítima por la mayoría de la sociedad. Los políticos están completamente deslegitimados en la entidad y enfrascados en sus voraces disputas de cargos públicos. Es tan descarnada esta lucha entre los políticos que sectores intelectuales y bien intencionados de la ciudad han puesto el grito en el cielo por el nivel de confrontación y voracidad entre los políticos.

Pero mi punto de vista es que la solución a los profundos males sociales (pobreza, desigualdad, el imperio de la ganancia privada por sobre el bien común, la impunidad, etcétera) no pueden ser resueltos por esta clase política. El cambio de fondo se está gestando abajo, en las acciones colectivas de miles de gente hartas de los políticos y de las dificultades de la vida cotidiana. Esto es lo interesante de lo que ocurre ahora en la entidad. La próxima semana comentaremos su magnitud y potencialidad.

 

 

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