Amenazas de muerte y presiones a periodistas

Es recurrente en gobierno el uso el presupuesto que se invierte en publicidad para influir o presionar sobre ciertas notas y temas que no es del agrado del grupo gobernante

 

Rubén Martín / Público, 14 agosto 2008

En esta mascarada de sistema político que los gobernantes intentan vendernos como democracia, es fundamental una aceitada relación con los medios de información, y de ser posible, un control sobre ellos o al menos una posibilidad de intervenir en la agenda y en los contenidos informativos.

Debido a que el actual sistema político es incapaz de ofrecer soluciones reales y duraderas a los problemas esenciales de las personas, quienes están a cargo de los aparatos de gobierno necesitan información adulterada o manipulada para buscar ahí la legitimidad que no pueden conseguir con el ejercicio cotidiano del gobierno. De modo que los políticos necesitan a los medios como un adicto la cocaína.

Y no es una cuestión de partidos. Lo mismo hace Enrique Peña Nieto (PRI), Marcelo Ebrard (PRD) que Emilio González (PAN). Una perla de relación de dependencia mutua ocurrió el 24 de abril, un día después de que Emilio González le mentara a la madre a sus críticos, y a pesar de que la altisonante declaración era comidilla en toda la ciudad (y en el país) aquí las televisoras abiertas ocultaron esa información y en su lugar presentaron únicamente las imágenes de un circunspecto gobernador entregando un cheque de quince millones de pesos. Este es un ejemplo concreto de intervención para manipular la información. Lo que es recurrente de la actuación de este gobierno es que se está usando el presupuesto que se invierte en publicidad para influir o presionar sobre ciertas notas y temas que no es del agrado del grupo gobernante.

Se ha observado que en lugar de solucionar el problema del empleo, nos recetan una costosa pauta publicitara donde se nos dice que Jalisco es uno; en lugar de resolver el problema de la contaminación en El Salto, se influye en los medios para cambiar la versión de la madre del menor Miguel Ángel López Rocha. En lugar de explicar a dónde y cómo se reparten cientos de millones de pesos en subsidios, se tacha de ignorante a los caricaturistas. En fin, hay infinidad de casos.

Emilio González saldrá a decir que él no presiona a nadie, que el no decide cómo y dónde se gastan los 85 millones de pesos que hay para pago de publicidad esta año. Y tiene razón.

Para eso tiene empleados. Desde su mano derecha que trabaja como coordinador general, hasta otros funcionarios de las áreas de asesoría en comunicación. El más eficaz es el funcionario que firma los contratos de publicidad y que se toma la libertad de hablar a los directores de comercialización en los distintos medios de la ciudad para quejarse de ciertas notas. Se ha llegado a escuchar que el actual gobierno estatal solo compra publicidad a los medios “que son cuates”.

Esta es la presión, directa o encubierta, sobre las empresas, pero existe además la presión sobre los reporteros. Los casos aquí van desde sospechosas auditorías, despidos, cambios de fuentes hasta la amenaza directa de muerte. Un compañero fue perseguido en su auto, se le apuntó con un arma y luego se le amenazó de muerte en una llamada telefónica. Obviamente no dijeron de parte de quien.

En este último caso, ocurrido hace unos dos meses, no se puede atribuir a alguien del gobierno, pero ocurre en un clima de presión sobre los medios y de molestia por el manejo de la información por el tema del donativo al Santuario de los Mártires y las repercusiones que dejó en la imagen Emilio González la mentada de madre. La opinión y percepción que tienen los gobernantes sobre los medios es meramente instrumental: una simple herramienta para llegar a las masas y de regreso, venderse mediante campañas publicitarias, o llegado el caso, con presiones, abiertas o encubiertas. Esta es una típica percepción de los hombres del poder que ven a los reporteros como meros recaderos de la clase política.

Para ellos no hay problemas sociales reales, sino medios o reporteros que crean en la opinión pública una imagen de que existe un problema. Según el actual grupo gobernante, la gente no se molestó por el placazo, el donativo o la mentada. Fue obra de algunos pocos activistas y de ciertos reporteros.

Un ingrediente adicional para que prospere esta actitud de presión y desprecio sobre algunos medios y reporteros es la ancestral desorganización y celo torpe que existe en el propio gremio de periodistas, pero eso es materia de otra opinión. Lo que parece relevante ahora es discutir públicamente estos asuntos y denunciar las presiones antes de que sean más graves. No esperemos a que haya más amenazas de muerte.

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