Atraco al bolsillo de los contribuyentes

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El abuso sobre el dinero público ocurre en todos los poderes, ayuntamientos, y organismos descentralizados. Piensan, equivocadamente, que la paciencia de la gente es infinita

 

 

 

Rubén Martín / Público, 21 agosto 2008

No tienen llenadera. Toda la clase política muestra una actitud voraz y rapaz sobre los recursos públicos. En todos los casos se trata de un verdadero atraco al bolsillo de los contribuyentes. A donde quiera que se mire se presentan casos de abuso de los servidores y funcionarios públicos sobre el dinero público.

El caso más sonado en este momento es el cuantioso incremento de dinero público a los partidos políticos, que es de 800 por ciento y no de 500 por ciento como se ha dicho. Sin ninguna justificación técnica, ni política y menos moral, los dirigentes de los partidos y las bancadas parlamentarias decidieron enriquecer, porque sí, a sus organizaciones políticas. Ejemplos: el PAN pasará de tener diez millones de pesos de subsidio estatal a 80 millones de pesos (mdp); el PRD pasará de 2.5 mdp a 18 mdp; la chiquillada incrementara hasta en 700 por ciento sus ingresos. Nos podemos imaginar fácilmente en qué terminarán esos recursos: remodelación de oficinas, computadoras portátiles, los flamantes iPhone, más nómina, camionetas nuevas. En resumen, más de 200 millones de pesos se despilfarrarán en gasto corriente.

En el Congreso del Estado son verdaderos maestros del desperdicio de los recursos públicos. Aunque no lo van a admitir en público, los diputados están ganando el doble de la dieta que dicen cobrar, gracias a varias artimañas que se organizan desde la Secretaría General y que se operan en cada bancada parlamentaria.

En tanto en el Poder Ejecutivo pocos le creerán a Emilio González Márquez que ahora sí está del lado de la gente. Al parecer nos cree estúpidos, cree que no recordamos que encabeza el top ten del dispendio de recursos públicos: 45 mdp para el Teletón, 67 mdp (o 55 mdp, da igual) a Espacio 2007, casi 16 mdp para financiar telenovelas, 22 mdp para un evento de MTV, 4.1 mdp para las Trece Maravillas de México, 35 mdp a Flextronic, 50 mpd a Expo Guadalajara, 14.3 mdp a Sanimna, cinco millones de pesos a Farmacias Guadalajara, 2.1 mdp a una empresa de Aurelio López Rocha… y eso que el donativo para el Santuario de los Mártires se fue el infierno.

Además se presentan perlas como la asignación de vehículos de lujo del IJAS a funcionarios de esa y otras dependencias, como si con el sueldo que tienen no les alcanzara para viajar en su propio auto o viajar en camión.

En el Poder Judicial, magistrados, jueces y funcionarios están muy contentos en que se enfoque la fiscalización hacia los otros poderes mientras ellos manejan el dinero público a discreción, sin pagar impuestos completos, dándose bonos encubiertos, asignándose vehículos y pagándose jugosos viáticos.

Tal como ocurre en la mayoría de gobiernos municipales, como en Guadalajara donde recientemente se dio cuenta de la discrecionalidad con que se le puede prestar dinero a un regidor o funcionarios y la facilidad con la que se les pagan las notas de consumo. Hace unos años en el gobierno panista de Tlaquepaque se pagaban hasta las cuentas del table dance de funcionarios y hasta la lista del mandado del alcalde Antonio Álvarez Hernández.

Como ocurre con frecuencia que los presidentes municipales sacan la copia del RFC para pagar cuantiosas cuentas de restaurantes, y otros consumos. Estos casos suceden también en la Universidad de Guadalajara y en infinidad de organismos descentralizados que por pequeños (para el tamaño de los monstruos administrativos), nadie vigilamos.

En suma, se trata de un verdadero asalto al bolsillo de los contribuyentes. Un robo que irrita y que molesta más ante una panorama de apremiantes necesidades sociales, como el mejoramiento de los centros de salud o de las escuelas públicas.

¿Qué se puede hacer? Quien piense que ahora habrá que votar por otro partido se equivoca. Repartirse el dinero público y ofrecerse impunidad es en lo único que están de acuerdo todas las facciones de la clase política. El mal es más profundo, es estructural. Lo que ya no funciona es el caduco sistema liberal que permite esta separación entre una clase gobernante y los gobernados, una separación que les hace creer que son la nueva monarquía que puede saquear a su antojo a los contribuyentes. Creen, estúpidamente, que no va a pasar nada, que pueden seguir medrando del trabajo de la gente y que las cosas seguirán igual.

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