Claves del conflicto universitario

Refugio Ruiz
Foto: Refugio Ruiz

Rubén Martín / Público, 28 agosto  2008

 

 

 

 

 

El conflicto en la Universidad de Guadalajara (UdeG) llegó esta semana a un punto de no retorno, que indican que el tiempo de los arreglos internos y los pactos privados pasaron. Ahora la resolución del conflicto está en una zona indeterminada. Aquí apunto algunas claves de interpretación de la pelea intra-universitaria.

 

1. Lucha de intereses y por el poder: Como en todo conflicto, siempre hay al menos dos versiones de la confrontación. Y como ocurre en todas las pugnas, los actores principales intentan vender a la opinión pública que ellos tienen la razón y que la otra parte es el malo, el cacique o el que ha enloquecido. Si nos atenemos a los últimos 80 años de historia de la UdeG, siempre ha habido grupos políticos (primero extra universitarios y luego universitarios, según el detallado análisis de Misael Gradilla) que han mantenido el control de la Universidad; primero la familia Zuno, luego la familia Ramírez y ahora la familia Padilla López. La historia no da bases para pensar que esta vez las cosas serán distintas.

 

2. Estrategias y maniobras: Briseño, quien antes fue uno de los principales colaboradores de Padilla, habla de acabar con el “cacicazgo” padillista, habla de transparencia y de libertad de expresión. En el bando de enfrente no le creen nada y dicen que está enloqueciendo, especialmente porque le faltó el respeto al “licenciado”. Sin embargo, el discurso “opositor” de Briseño tiene mejor resonancia en la opinión pública, que siempre ha visto a la UdeG como un coto cerrado a la fiscalización de los recursos públicos. Para acabarla, los padillistas parecen pasmados ante la última andanada de Briseño, especialmente por la acusación directa contra Padilla. Además la maniobra de Briseño de “transparentar” toda la información y transmitir por radio en vivo las sesiones parece ser letal para los intereses de Padilla; como bien admitió Trinidad Padilla, es rentable pegarle a quien se percibe como cacique. A esto se suma la extraña postura del ex rector de no ofrecer su propia versión de los hechos.

 

3. Duración y salidas: La salida está indeterminada. Decía un consejero padillista, con razón, que ahora no bastan las salidas políticas (como hace 20 años cuando Padilla destronó a Álvaro Ramírez), ahora deben ser tomadas en cuentas las salidas jurídicas. Los padillistas apostarán por destituir a Briseño, y éste se va defender como gato boca arriba recurriendo a medios legales. Hasta ahora una buena parte del conflicto se ha dirimido en desplegados en los medios. Ahora seguirá la fase de la guerra sucia: las filtraciones a la prensa, los correos anónimos, las acusaciones y denuncias penales. Es muy probable que de la guerra de los desplegados pasemos a la guerra de las denuncias y los tribunales. En todo caso, el final del conflicto no parece inminente.

 

4. Saldos: Quien más ha perdido con esta pugna es Raúl Padilla, quien se estaba labrando un lugar en la ciudad como un indispensable promotor cultural; ahora vuelve a ser percibido como el cacique de la UdeG. Pierde también el grupo UdeG tradicional que sale dañado en la imagen, y con probabilidad perderá la batalla final Briseño. Pero ganamos en la opinión pública al discutir abiertamente los asuntos de la Universidad, que es pública; ganamos al preguntarnos si las cosas deben seguir como hasta ahora, entre ellas los ostentosos proyectos culturales asociados a intereses comerciales privados. ¿De verdad es función de la UdeG vender 90 lofts (departamentos de lujo) frente al Auditorio Metropolitano? ¿Debe haber un cacique en la UdeG? ¿Los integrantes de un grupo político deben repartirse los centros universitarios y las prepas? ¿Está bien que una camada de funcionarios se enriquezca en sus puestos?

 

5. La vergüenza: Una cosa lamentable es que en una comunidad de miles de profesores, investigadores y estudiantes no haya salido, hasta ahora, un pronunciamiento, foro, o rueda de prensa manifestando una postura independiente de los grupos en pugna. Triste papel para quien se asume como el pensamiento experto, y para la comunidad que ofrece regularmente opiniones críticas sobre cualquier asunto público del estado. Vamos, ni siquiera los que defienden a Padilla o a Briseño han salido por su voluntad, más bien han sido convocados a firmar desplegados. Ya sería tiempo de que se animaran a expresarse libremente, al margen de los grupos que tradicionalmente han controlado la UdeG.

 

 

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