Briseño encabeza un mitin con aires de funeral

Anuncia que el lunes arrancará visitas a los centros universitarios. Gabriel Torres, Javier Hurtado y Patricia Etienne estuvieron ausentes. Hubo críticas para los que faltaron

 

Rubén Martín-Jaime Ramírez Yáñez / Público, 6 septiembre 2008

Pudo haber sido el acto político que marcara el inicio de un “movimiento por la renovación de la dignidad universitaria”, como quería Carlos Briseño Torres, pero la fuerza de los hechos convirtió el mitin que ayer encabezó el rector destituido en algo más parecido en un fin de ciclo, casi un funeral, que en el nacimiento de algo nuevo.

 

Carlos Briseño llegó a las 11:28 am a la Plaza de Armas, y en apenas 30 minutos despachó el mitin con el que pretendía mostrar que contaba con la fuerza suficiente para cambiar el actual estado de cosas en la Universidad de Guadalajara (UdeG), controlada desde hace 19 años por el grupo político que encabeza Raúl Padilla López. Pero no fue así; apenas reunió a cerca de dos mil personas (1,200, según Protección Civil), apenas un tercio de lo que pretendía.

 

Después de que los consejeros universitarios lo destituyeron hace una semana, y después de que los magistrados del Poder Judicial federal fallaron en su contra en su demanda de una reinstalación inmediata a la rectoría, a Carlos Briseño le quedaba únicamente reunir a una buena cantidad de gente para mostrar cierto músculo político.

 

Pero no ocurrió así. A las adversidades externas se sumaron en los últimos días las disensiones internas. Briseño llegó ayer al mitin con su equipo fracturado: no asistieron Gabriel Torres, Javier Hurtado ni Patricia Etienne, tres de sus principales colaboradores, quienes en días pasados manifestaron internamente su inconformidad por la estrategia que se estaba siguiendo.

 

La suma de todas las adversidades (la destitución, el fallo legal adverso, y la fractura del equipo) fue superior al ánimo y la voluntad que quisieron demostrar los briseñistas.

 

Y Briseño lo intentó, pero lo cierto es que la suma de adversidades se notó en su ánimo: la sonrisa en su rostro, que hasta hace una semana manifestaba seguridad y afanes de grandeza, parecía ayer simulada y cansada. Debe ser entendible, pues ha vivido dos semanas vertiginosas. Apenas el 25 de agosto anunciaba, con todos los reflectores mediáticos encima, su rompimiento con la jefatura política de Raúl Padilla; doce días después se encuentra destituido y debilitado.

 

Derrota parece ser la palabra adecuada. Y fue la palabra que usaron algunos de los oradores, como Marco Levario y el propio Briseño, quien admitió en el discurso que se llegó al mitin en condiciones adversas.

 

Sobre la ausencia de algunos de sus colaboradores, dijo que “en esta lucha están los que tienen la entereza suficiente para asumir los riesgos que implica trabajar y defender una causa con dignidad”; palabras más benignas que las de Marco Levario, quien dijo que “a los que no están aquí y debieran, les manifiesto mi lástima y mi desprecio”.

 

Al final del mitin, Briseño dijo que su pelea entrará a una nueva fase y que a partir del lunes comenzará una visita a cada dependencia universitaria. “Esto no es el fin de la lucha, sino el inicio de la lucha”. Abajo del templete sus seguidores reusaron una consigna de los lopezobradoristas: “Es un honor estar con el rector”.

 

Al mitin se dieron cita desde estudiantes hasta productores agropecuarios. Algunos jóvenes procedían de la Secundaria 17; Maricruz Gómez, alumna de este plantel, en realidad no sabía para qué los habían invitado. “Los de la FEG nos dijeron que viniéramos a la plaza donde está Hidalgo y de ahí nos trajeron para acá”.

 

Otros, los más, venían del Centro Universitario de la Ciénega. Llegaron en camiones; uno de ellos, divertido, comentó que cuando arribaron a Guadalajara se equivocaron de lugar: “Nos paramos frente al edificio donde está el rector y tuvimos que movernos rápido, porque no era allí donde debíamos llegar”. La versión fue confirmada por algunos de los 250 jóvenes que estuvieron parados en el exterior del Paraninfo, que portaban un cartel de 30 metros que decían “No a la Violencia”, y que fueron convocados por la Federación de Estudiantes Universitarios.

 

Además de contingentes universitarios, Briseño contó con el apoyo de dos dirigentes campesinos que llevaron contingentes en su apoyo, René López Ruelas y Ricardo Ron. Una vez que terminó el mitin, López Ruelas señaló que había asistido primero porque Briseño era, además de su paisano —ambos de La Barca—, “amigo, y no le puedo fallar”.

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