El entierro del neoliberalismo

La Nación
Foto: La Nación

Este modelo cruje no solo en México sino en todo el mundo. Por eso Felipe Calderón, que en campaña y hasta ayer ofreció la misma receta neoliberal que Salinas y Zedillo, anunció algunas tímidas medidas de gasto público. Pero eso no sirve, es una aspirina para un cáncer. Se requiere no solo otro modelo, sino otro sistema social

 

 

 

Rubén Martín / Público, 9 octubre, 2008

“Si la economía global fuera una única empresa, estaría próxima a declarar la bancarrota”. Así intentó dimensionar un blog español el tamaño de la crisis económica que está atravesando el mundo. La dimensión del trastorno que sufre la economía mundial se ha prestado para otras frases grandilocuentes, exageradas en otras circunstancias, pero acertadas en este caso. Una de ellas es de Joseph Stiglitz, quien sostuvo que esta crisis representa para el capitalismo lo que para el socialismo fue la caída del Muro de Berlín. Tiene razón.

La turbulencia financiera no ha cesado y los efectos en los bolsillos de los ciudadanos de a pie no han terminado de sentirse. Con todo si se puede afirmar que se está ante el fin de una época. ¿Qué fin de época es este? ¿Qué periodo está terminando al calor de las dramáticas quiebras de las varias de las instituciones financieras que apenas hace unos meses dictaban los lineamientos de política económica a varios gobiernos del mundo?

Se trata, en mi opinión, de la crisis mortal del modelo económico neoliberal que se ha venido aplicando en el mundo desde hace unos 25 años. En Wall Street y en las bolsas del mundo se derrumban no únicamente las acciones de varias empresas y los complejos esquemas financieros ideados para obtener ganancias rápidas. Se derrumba también el modelo económico que las clases dominantes del mundo han tratado de imponer a la población luego de la crisis capitalista de fines de los sesentas y comienzos de los setentas. Es también el fin de Estados Unidos como potencia hegemónica en el sistema interestatal.

En México vivimos en carne propia este terrible experimento social que aplicaron los tecnócratas a partir de 1982; conocemos bien el credo neoliberal: expulsión del Estado de la economía, privatización completa de los bienes públicos, desregulación extrema, flexibilización laboral, libertad plena a los inversionistas y apuesta por la inversión privada como motor de la economía.

Como complemento a este proyecto, las elites económicas y políticas del país (estas por cierto se robaron la elección presidencial en 1988), decidieron apostar por una asociación “estratégica” con Estados Unidos.

El cuarto de siglo que hemos vivido bajo esta experimento social ha generado varias crisis económicas de gran envergadura (1986-1987, 1994-1995, y 2008), ha devastado el sector agropecuario, no creo tecnología propia, no redujo el endeudamiento público, se deterioraron todos los servicios públicos o los que se privatizaron se ofrecen a precios altos, se desmanteló la seguridad social, se agravó la crisis medioambiental, no se crearon empleos suficientes, la pobreza siguió igual mientras creció la desigualdad, se estancaron los salarios y se flexibilizó la mano de obra.

El neoliberalismo en México se puede resumir en que las personas deben trabajar más para pagar su subsistencia; las condiciones de vida se volvieron más difíciles para la mayoría de la población.

Ahora este modelo cruje no solo en México sino en todo el mundo. Por eso Felipe Calderón, que en campaña y hasta ayer ofreció la misma receta neoliberal que Salinas y Zedillo, anunció algunas tímidas medidas de gasto público. Pero eso no sirve, es una aspirina para un cáncer. Se requiere no solo otro modelo, sino otro sistema social.

En el fondo lo que estamos observando ahora no es únicamente una crisis económica: es también una crisis ética y de valores, es la crisis del capitalismo como sistema social fundado en la lógica de procurar beneficios a costa de lo que sea: personas, tierra, aire, valores…

Las reseñas periodísticas de estos días están plagadas de historias que confirman la irracionalidad de un sistema económico que propicia la especulación financiera en las que algunos se vuelvan asquerosamente ricos a cambio de aprovechar el ahorro (es decir, el trabajo acumulado) de millones de personas; que requiere de un costoso aparato militar para apropiarse los recursos naturales a fin de garantizar la marcha de la economía de algunas potencias mundiales.

Como todas las circunstancias semejantes, las crisis son también necesarias y periodos de construcción de nuevas relaciones o de que permitan que las que ya existan emerjan y se impongan para sustituir lo que ya no sirve. Lo que ya no sirve es el neoliberalismo, lo que ya no funciona es el capitalismo. Requerimos un sistema social y económico que funcione con criterios de solidaridad y cooperación y no de explotación y despojo.

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