Charcos blanquiazules

La suma de estos casos y los mecanismos de operación indican que estamos ante la corrupción sistémica instalada en los gobiernos panistas

Y como ocurrió con el PRI, ya no hay posibilidad de limpiarla desde adentro. El cambio tendrá que venir desde afuera

 

Rubén Martín / Público, 11 diciembre 2008

La que está por terminar es una de las peores semanas para el Partido Acción Nacional (PAN) desde que llegó al poder en 1995. Las evidencias sobre irregularidades en la adquisición de dos terrenos durante la administración de Francisco Ramírez Acuña (Charcos Azules en Los Colomos y otro en la cuenca de El Ahogado) y revelación de que hay una red de aviadurías en Guadalajara nos ponen ante una situación, creo yo, novedosa: que la corrupción es sistémica y no simples desviaciones de algunos militantes.

Además de Charcos Azules, de la red de avidurías en Guadalajara, de la red de extorsión a maquineros tejida en Tonalá, hay muchos casos más que no han salido a la luz pública.

El caso de la red de aviadurías en Guadalajara puede significar un parteaguas en la forma en cómo se ha mirado el PAN en la política local y en cómo los dirigentes se presentaban ante sí mismos y sus electores como un partido con procesos democráticos. Las denuncias de que se contrata personal en dependencias del gobierno municipal pero que en realidad se dedican a afiliar militantes al PAN es la primera confirmación sólida de la mutación que ha sufrido la clase política panista en trece años y en la transformación de sus procesos internos, que antaño se decidían mediante comparación de las biografías de los militantes y ahora mediante el reclutamiento forzoso de miembros y el uso de la nómina.

Esta red de aviadurías pues, desnuda los mecanismos mediante los cuales los grupos panistas arman sus redes de votos necesarias para ganar los procesos internos, tanto para elegir dirigentes partidarios, como para elegir a sus candidatos a puestos de elección.

La operación de estas redes tiene otro componente sobre el cual se ha puesto poca atención: además de funcionar para reclutar militantes, sirven como redes de financiamiento a los grupos panistas.

El testimonio de un ex promotor cultural en la dirección respectiva del ayuntamiento tapatío confirma que quienes encabezan los grupos panistas diseñan un mecanismo de financiamiento quitando una parte del salario a los militantes que colocan en puestos de gobierno (altos o bajos).

Redes semejantes existen en otros gobiernos municipales, no solo en Guadalajara, y también en algunas dependencias del Poder Ejecutivo.

En tanto el caso Charcos Azules la información que presentó el ex diputado Salvador Cosío Gaona parece confirmar que la transacción para adquirir ese predio se pagó dos veces, lo que indica que hay hubo 93 millones de pesos que tuvieron un fin distinto al autorizado.

La sofisticación de la operación de estos esquemas financieros indica la preparación de cuadros panistas dedicados a la obtención de recursos para pagar las actividades de los políticos y de las corrientes panistas. Pero en el inter algunos se benefician personalmente, es decir, están aprendiendo a llevar a cabo actos de corrupción para el enriquecimiento descarado de algunos cuadros blanquiazules.

Un ejemplo de ello es que algunos panistas practican el despojo burdo de terrenos y propiedades de personas indefensas al amparo de su poder político y sus ramificaciones en el Poder Judicial. Además existe, y eso es algo más grave, la vinculación de altos servidores públicos con el crimen organizado.

En suma, hablamos de una red de corrupción que está desparramada en todos los niveles de gobierno y en todos los poderes públicos. El servicio público es visto, al igual que sucedió en los últimos años priistas, como mecanismo para servirse personalmente, como una vía rápida para el enriquecimiento personal.

Y esta lógica corrupta lubrica de corrupción todo el sistema político: el Ejecutivo, que es el que controla el dinero, corrompe a los diputados dispuestos a vender su voto a la menor provocación.

Y los empresarios forman parte, de manera conveniente, de esta red de corrupción en un esquema simple y funcional: apoyar a políticos y campañas electorales; a cambio reciben contratos de obras o servicios, o se les autorizan negocios, por ejemplo la apertura de una gasolinería.

La suma de estos casos y los mecanismos de operación indican que estamos ante la corrupción sistémica instalada en los gobiernos panistas están encharcados de corrupción. 

Y como ocurrió con el PRI, ya no hay posibilidad de limpiarla desde adentro. Todo el sistema político está invadido de la corrupción. ¿Quién limpiará? ¿Las contralorías, la ASEJ donde se siguen intercambiando cuentas, el Poder Judicial? ¿Quién? Nadie. El cambio tendrá que venir desde afuera de este sistema.

 

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