Los encapuchados de Grecia

El Pais
Revuelta juvenil en Grecia. Foto: El País

Rubén Martín / Público, 18 diciembre 2008

 

 

En Grecia están pasando cosas dramáticas y extraordinarias. Quizá la primera imagen que nos ha llegado de Atenas, Tesalónica y Patras sean las de las llamas del fuego. Fuego iniciado por miles de jóvenes griegos indignados por el asesinato del chico de quince años Alexandros Grigoropulos debido al disparo de bala que recibió en el corazón durante una ronda policial llevada a cabo en el barrio ateniense de Exarchia.

Eso ocurrió el sábado 6 de diciembre y de una forma sorprendente la protesta se generalizó en Atenas y otras ciudades griegas. Desde ese día miles de jóvenes, algunos adolescentes de doce y trece años, han salido a la calle para repudiar la muerte del chico de quince años bajo el lema “todas son noches de Alexandros”. La respuesta inmediata de parte de los jóvenes fue la ocupación de decenas de estaciones policiales y el ataque a bancos y algunos negocios, así como el levantamiento de barricadas mediante el uso de mobiliario urbano.

Tal como ha ocurrido en otras protestas sociales donde los jóvenes están al frente de las barricadas (París 2005, Oaxaca 2006), no hay una fuerza política que convoque a los jóvenes, no hay una estructura organizada y centralizada que dirija la lucha y dicte las medidas a seguir. Se trata de revueltas descentralizadas, extendidas que manifiestan una creatividad y una potencia social enorme.

Esta respuesta ha sorprendido (como siempre) a las capas dirigentes y a los medios de información que ven en la revuelta juvenil griega “acciones vandálicas” de “encapuchados” o “hooligans”. Como es común, tanto en Guadalajara como en Atenas, se suele despreciar, minimizar y subestimar la capacidad de pensar y de hacer de los grupos subordinados.

Los siguientes párrafos dan una idea de quienes son estos “encapuchados” que están llevando a cabo una de las protestas sociales más vigorosas que han ocurrido en Europa en muchas décadas. (Agradezco a Marcelo Sandoval, del colectivo Sacco y Vanzetti, que compartiera estos materiales).

“Queremos un mundo mejor. ¡Ayúdennos!

“No somos terroristas, ‘encapuchados’ ni ‘desconocidos conocidos’ (expresiones que se usan por los medios de comunicación griegos sobre los manifestantes). ¡Somos vuestros hijos!

“Hace tiempo que ustedes eran jóvenes también. Ahora están persiguiendo el dinero, solo les interesa la ‘fachada’ de las cosas. Se hicieron gordos y calvos. ¡Olvidaron!

“Ustedes viven vidas falsas. Tienen la cabeza inclinada, los pantalones abajo y están esperando el día que se van a morir ¡No tienen imaginación, no se enamoran, no crean nada! Sólo venden y compran: ¡Nos están matando. Ayúdennos!”

Este texto que se reparte en volantes durante las manifestaciones aparece firmado por “los niños” con la siguiente posdata: “No nos hacen falta más lacrimógenos para llorar. Lo podemos conseguir solo”.

Hay otro manifiesto que resume el pensamiento de este sujeto social que ha emergido en Grecia.

“Les escuchamos cada día en los noticieros de la tele. Declaraciones, contra declaraciones y después comentarios y todo lo demás para lo que ustedes llaman nuestra información ‘objetiva’. Basta ya. Ahora nos van a escuchar a nosotros.

“Somos los chavos a los que humillan y provocan los antidisturbios, los policías secretos, o los guardias especiales y todos los demás policías que hizo su democracia (y puso por todos lados como otro ejército de ocupación) cuando nos encontramos en su camino, los objetos diarios de su abuso del poder […] Moriremos prematuramente porque no estuvimos de acuerdo con las leyes que nos están robando la vida.

“Nosotros incendiamos sus bancos. Nosotros nos enfrentamos con la policía. Nosotros destruimos la paz social que están construyendo día y noche lavando el cerebro de los ciudadanos para que obedezcan y se callen […] No es que nuestras palabras sean crueles. Cruel es su realidad. Alexis fue la gota que hizo desbordar el vaso.

“¡Ya basta con las mentiras! No somos los encapuchados ni los conocidos-desconocidos. Somos muchos y estamos furiosos. Ya paren de repetir tonterías.

“No tenemos ilusiones. No tenemos ninguna esperanza. Por eso somos peligrosos. No nos hacemos ilusiones que van a tomar todo eso en cuenta. Todos los días entierran nuestros gritos en su mentira. Adiós. Nos van a ver desde sus sofás en sus televisiones. ‘Historia ahí vamos. Mira arriba hacia el cielo’”.

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