Bolis piratas

 

Algunos fanáticos del libre mercado creen que las personas únicamente tienen derecho a ganarse la vida, metidos en una fábrica, por un sueldo miserable. Y este fanatismo considera una distorsión una anomalía la “economía informal”. No se dan cuenta que en esta economía reproducen su vida más de la mitad de los jaliscienses

 

Rubén Martín / Público, 29 enero 2009

Ocurrió el domingo a mediodía en la Vía RecreActiva. Mientras los Ginger Ninjas tocaban una música alegre en el cruce de Federalismo y Vallarta, varios ciclistas y paseantes aprovechaban la sombra en los jardines del Parque Revolución. En medio de los grupos sentados en el pasto apareció sigiloso un señor cargando una hielera.

Se arrimaba a una familia o a un grupo de amigos, decía algo en voz baja y se movía a los pocos minutos. Era un vendedor de bolis, especialmente sabrosos los de rompope y coco. Era un vendedor de bolis “pirara” que se movía con sigilo porque en la otra esquina del lugar se encontraba un inspector municipal. En efecto, el reglamento de la Vía RecreActiva establece la prohibición para que los vendedores ambulantes ofrezcan sus productos en ese espacio público.

A pesar de esta prohibición algunos vendedores asumen el riesgo de ser sorprendidos y detenidos por los inspectores municipales, con la expectativa de evitar la vigilancia y sacar alguna ganancia gracias a la clientela que acude a la vía.

Algunos consideran que es un acierto que la autoridad municipal mantenga la Vía RecreActiva como zona libre de ambulantes, pues las calles y las banquetas están despejadas para facilitar el paseo de ciclistas y peatones. Pero del lado contrario la vía queda como un espacio público un tanto atípico. Si uno mira cualquier plaza de pueblo de los barrios que hay en la ciudad, siempre hay vendedores: churros, tacos, aguas frescas, elotes, salchipulpos, papas fritas, biónicos, fruta picada, y bolis por supuesto. Las plazas y espacios públicos sin vendimias y sin vendedores son más bien atípicos. Pero eso es lo que ocurre con la vía.

Más allá de la posibilidad de que los paseantes a la vía puedan comprar un bolis legal y no uno pirata, lo cierto es que se está limitando el derecho constitucional que  tienen las personas de ganarse la vida sin afectar a terceros.

Pero para las actuales autoridades este no es argumento. Por el contrario, cada vez más hay una persecución en contra de los vendedores ambulantes en el centro histórico y en otros puntos de la ciudad.

Lo contaba con amargura el vendedor de bolis “piratas” del Vía RecreActiva, la dura persecución que padecen de los inspectores y policías municipales, y se quejaba en particular de la injusticia cuando arrebataran la mercancía hasta a las vendedoras de papas.

El asunto del vendedor de “bolis pirata” viene a cuento porque pareciera se está criminalizando el trabajo en la calle justo en un periodo en que la crisis económica está arreciando. Cuando más trabajadores son despedidos de los puestos formales o ven reducir sus salarios o prestaciones laborales, obviamente crecerá la necesidad de miles de personas para salir a las calles a ganarse la vida.

Es un verdadero contrasentido. Un absurdo de la autoridad. Por un lado se dicen preocupados por los efectos de la crisis y anuncian proyectos de gobierno para prevenir despidos o para ayudar a las personas que se queden sin trabajo. Vaya hasta subsidios entrega el gobierno estatal a grandes empresas para evitar los despidos.

Pero de otro lado se persigue a los trabajadores que se ganan la vida por sus propios medios en la calles, a veces con una agresividad que ni siquiera se usa en contra de la delincuencia organizada.

El año pasado fue especialmente agresivo en contra de trabajadores informales o de la calle. Arrecieron los operativos “antipirata”, el decomiso de mercancía en San Juan de Dios en el barrio de El Santuario y el tianguis de Polanquito; creció el impedimento para vender en lugares públicos como el centro de Guadalajara y de Zapopan, y la persecución a limpiaparabrisas en el centro de Guadalajara y en Ocotlán.

Algunos fanáticos del libre mercado creen que las personas únicamente tienen derecho a ganarse la vida, metidos en una fábrica, por un sueldo miserable. Y este fanatismo considera una distorsión una anomalía la “economía informal”. No se dan cuenta que en esta economía reproducen su vida más de la mitad de los jaliscienses.

La apuesta por la inversión privada (extranjera o nacional) como detonadora del desarrollo ha resultado falsa, como cabía esperar. El resultado crudo es que tras 20 años de apuesta por la industria electrónica ofrece ahora la mitad de puestos de trabajo que existen en las calles de la zona metropolitana de Guadalajara. No es solo una realidad económica, es un asunto de realidad social y de justicia. La gente tiene derecho a ganarse la vida, aún sea vendiendo “bolis piratas”.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s