Elecciones y movimientos sociales en riesgo

 

Protesta Temacapulin
Foto: Protesta Temacapulín

A estas alturas de la transición debería quedar claro ya que es una ilusión pensar que a través de las elecciones se pueden resolver los grandes asuntos del país o del estado. ¿O de veras creé algún activista de El Salto o miembro de una ONG que llegando a un puesto público, podría resolver el grave problema de la contaminación? ¿De verdad un sindicalista piensa que postulándose para diputado resolverá las carencias de la clase obrera? No es así

 

Rubén Martín / Público, 5 febrero 2009

La clase política local está en plena efervescencia, otra cosa no podría esperarse de un grupo profesional que vive de buscar un cargo público tras otro. Pero esta efervescencia está alcanzando también a otros grupos y personas, que al parecer están igual de entusiasmados que los políticos profesionales en la búsqueda de candidaturas, las alianzas políticas y en alcanzar espacios de poder.

Se trata de varios miembros de organismos no gubernamentales, militantes de organizaciones políticas no registradas, activistas y personas a quienes se conoce como luchadores sociales. En conjunto, se trata un abanico de personas que en los últimos años ha hecho político al margen de los partidos y las instituciones públicas, aunque algunos de ellos han trabajado profesionalmente en algunas ONGs.

Muchos de ellos están siendo seducidos con la idea de que pueden ser candidatos e incluso engañados con la improbable posibilidad de ganar una diputación, una alcaldía o una regiduría. Al parecer los partidos Convergencia, del Trabajo y eventualmente Socialdemocracia podrían ser las agrupaciones que están cediendo su registro legal para entusiasmar a estos activistas y miembros de organismos civiles.

No es la primera vez que activistas o miembros de grupos sociales se interesan en participar en elecciones, pero al parecer en esta ocasión se ha incrementado la expectativa.

Pero contrario al entusiasmo que tienen algunos de los activistas que se están colocando como candidatos, estas acciones son una pésima noticia para los movimientos sociales y algunos grupos en lucha de donde podrían proponerse candidatos.

El discurso y la justificación que está animando este paso de la política no profesional al campo electoral es que la política profesional es a tal grado corrupta e ineficiente, que ahora es necesario la llegada de “ciudadanos” puros, no contaminados, que rescaten las instituciones y procedimientos democráticos.

Está muy extendida la idea de que el sistema político está bien, de que la alternancia y la transición ha sido un proceso positivo pero que urge renovarlo debido a que la clase política profesional lo ha pervertido, al tiempo que los partidos y las instituciones han sido secuestradas por grupos políticos que favorecen sus propios intereses.

Y esto es cierto, pero lo que es falso es la idea de que basta la llegada de este grupo de ciudadanos químicamente puros para que las cosas cambien.

Creo que es un tremendo error de análisis y de enfoque. Se parte de la premisa de que basta la voluntad de alguna persona, los ciudadanos no contaminados por la política profesional, para que las cosas cambien.

No es así como han demostrado decenas o cientos de activistas y militantes que cayeron en el garlito del voto útil con Vicente Fox, y que terminaron integrados al foxismo o como militantes panistas.

Lo que la clase política vende como democracia es un sistema de legitimación política de un sistema económico que busca la máxima rentabilidad de los negocios.

A estas alturas de la transición debería quedar claro ya que es una ilusión pensar que a través de las elecciones se pueden resolver los grandes asuntos del país o del estado. ¿O de veras creé algún activista de El Salto o miembro de una ONG que llegando a un puesto público, podría resolver el grave problema de la contaminación? ¿De verdad un sindicalista piensa que postulándose para diputado resolverá las carencias de la clase obrera? No es así.

Al contrario, este movimiento de algunos activistas grupos sociales puede poner en riesgo la independencia y la autonomía de los movimientos sociales, y crearles un daño grave al usar a estos movimientos para los fines de poder de algunos candidatos.

La historia de las últimas tres décadas muestra que los activistas y sindicalistas que se meten a los espacios de poder con el fin de ayudar a los movimientos terminan cooptados y sirviéndose a sí mismos y no a los colectivos que decían representar.

Si de verdad quieren cambiar las cosas de fondo, si quieren que los movimientos sociales avancen en presencia y en el cumplimiento de sus objetivos, lo primero que se tiene qué hacer es no comprometer la autonomía de estos grupos y dejar de usurpar su representación, dejar que la gente común se organice para que cambien por sí mismos.

 

 

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