Guadalajara ya colapsó

 

Proyecto del museo Guggenheim en la barranca de Huentitán, con la presa de Arcediano como fondo
Proyecto del museo Guggenheim en la barranca de Huentitán, con la presa de Arcediano como fondo

Es hora de admitir y reconocer que la crisis no está por llegar, sino que ya está aquí y que es tan profunda que se puede hablar de colapso de la ciudad

 

 

 

Rubén Martín / Público, 12 febrero 2009

Bastaron tres choques en distintos puntos de la ciudad y la caída de cinco postes en el centro de Guadalajara para que la vialidad en la zona metropolitana se convirtiera en un caos el pasado fin de semana. ¿No es escalofriante que esos cuatro eventos hayan desquiciado la ciudad?

Lo que ocurrió el viernes 6 de febrero muestra y confirma que Guadalajara, como sistema urbano de regular las relaciones sociales, ya está en crisis; de tal magnitud que se puede hablar con propiedad de colapso. No es una visión catastrofista sino realista.

Cuatro de las cinco definiciones que ofrece la Real Academia Española sobre la palabra colapso se ajustan a la realidad que ahora impera en Guadalajara: “1. Destrucción, ruina de una institución, sistema, estructura, etc.  2. Paralización a que pueden llegar el tráfico y otras actividades. 3. Deformación o destrucción bruscas de un cuerpo por la acción de una fuerza. 4. Estado de postración extrema y baja tensión sanguínea, con insuficiencia circulatoria”.

Desde hace unos quince años los urbanistas tapatíos (que han gozado de buena fama) venían advirtiendo sobre las tendencias negativas y alertaban sobre la crisis urbana que se avecinaba. Es hora de admitir y reconocer que la crisis no está por llegar, sino que ya está aquí y que es tan profunda que se puede hablar de colapso del sistema urbano.

El colapso de Guadalajara, como un sistema social y territorial de regular las relaciones sociales, manifiesta diversas caras a cual más de preocupante y compleja: inseguridad, deterioro de servicios, embotellamientos, la primacía del automóvil sobre el peatón, políticas públicas privatizadoras, la dificultad de adquirir una vivienda decente, la paradoja de la necesidad de encontrar vivienda y el vaciamiento de los centros urbanos. A esto se añade una tendencia a seguir construyendo la ciudad de manera polarizadora y excluyente, por un lado enviando a los pobres a terrenos alejados y con servicios precarios, mientras las capas adineradas se quedan con las mejores zonas, pero a la vez viven enclaustrados por temor a las clases bajas.

En fin. Hay diversas manifestaciones del colapso de Guadalajara, aunque recientemente la agenda de discusión se ha centrado en el tema de movilidad, tanto desde la arena oficial (Macrobús, ciclovías, más pasos a desnivel), como desde la arena de ciertos grupos ciudadanos, particularmente el movimiento ciclista.

Pero si nos atenemos, otra vez, a lo que pasó el viernes pasado, deberíamos de admitir que la crisis rebasa el tema del transporte. No es posible que una ciudad se colapse en términos de movilidad únicamente por la coincidencia de cuatro eventos. Lo mismo ocurre cuando cae una tormenta regular (ni siquiera gran tormenta) durante el temporal.

Lo que está colapsando es un modelo social de construir la ciudad, modelo que, para decirlo en pocas palabras, ha privilegiado la acumulación de capital por encima del interés público. El imperio de la ganancia rige en la construcción de las viviendas, en el transporte público, en los criterios para crear infraestructura y en el reparto del territorio urbano.

Este modelo ha tenido un boom inmobiliario en los últimos ocho o diez años cuya característica consiste en expulsar a los pobres del centro, revalorizar esos terrenos para los sectores ricos, crear un sistema de financiamiento de la vivienda para las clases medias y enviar a las familias de bajos ingresos a las lejanas periferias.

David Harvey, un reconocido geógrafo marxista, nos entera un estupendo artículo reciente (“El derecho a la ciudad”, en: http://www.newleftreview.es/?getpdf=NLR28702&pdflang=es) que este es un proceso prácticamente global. Ocurre tanto en Nueva York como en Bombay, en Londres como en Beijing, y en Madrid como en Guadalajara. Lo que está en crisis, nos dice Harvey, no es únicamente un modelo de ciudad sino un estilo de vida, basado en capitalismo individualista, segregador y excluyente. Pero en lugar de tomar en cuenta estas evidencias mundiales las autoridades locales (tanto estatales como municipales) siguen aplicando el modelo que ya no funciona.

Así como es necesario recrear relaciones sociales que no estén fundadas en la búsqueda del beneficio y la ganancia privada, también urge recrear la ciudad desde abajo, para salir del colapso en que se encuentra ahora.

 

 

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Un comentario en “Guadalajara ya colapsó

  1. Privilegiar el uso del automóvil, el uso de pésimo servicio de transporte urbano, la lenta respuesta a la creación de mejores vialidades, la falta de un proyecto de trenes urbanos y suburbanos, ha hecho de Guadalajara- la otrora ciudad de las rosas– un ciudad casi insoportable. Preguntémonos que será de los ancianos y los invalidos. El destino ya nos alcanzó.

    Ing. Ismael Gutiérre Casillas

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