El fin del periodismo…

 

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Último día de produccion del Rocky Mountain News

La crisis económica y de proyecto que afecta a los medios de comunicación, especialmente a la prensa escrita ha crecido como una bola de nieve en las últimas ocho semanas. El último trimestre de 2008 llegaban las malas noticias que afectaban el desempeño de las empresas de medios en Estados Unidos. Y a finales del año llegaban también los reportes económicos de lo que ocurría a la prensa europea.

Parecía lejana esa ola de malas notas financieras y económicas. Pero las malas noticias económicas han llegado ahora como un tsunami a los medios de México, particularmente a la prensa escrita. La combinación mortal del aumento de precios de insumos (principalmente el papel) y la reducción de pautas publicitaria de grandes empresas (que a su vez padecen sus propios problemas financieros) han resultado mortales.

Hay además otro factor que el martes pasado destacó Luis Hernández Navarro en La Jornada. La apuesta de muchas empresas por la burbuja financiera que llevó a varias de ellas a meterse en otros negocios ajenos a la producción de información.

Todas estas variables están teniendo un gran impacto, lo que llevará a muchas empresas a recortar personal y gastos en su lucha por la sobrevivencia económica. Estamos en medio de una turbulencia de la que no sabemos cómo se saldrá, lo único que se puede anticipar es que se está acabando una era que marcó la producción de información.

Lo que sea que resulte de este escenario de crisis económica, fin de un modelo de producción de noticias, incertidumbre y presión sobre los trabajadores de medios y la crisis ética que está acompañando este proceso, implicará el fin del periodismo tal como lo hemos conocido.

Un elemento central de esta crisis ha sido la llegada de Internet y su madeja de cambios en la manera de producir y transmitir información.

Como se sabe, la gran mayoría de diarios del mundo apostaron por la versión digital de sus productos impresos porque se creía iba a ser el futuro del mercado publicitario. Y resulta que no ha sido así. Internet no genera los ingresos suficientes para reponer lo que deja de entrar al mercado publicitario de los ingresos.

En México no es distinto. Toda la prensa escrita hizo una apuesta por Internet pero esta plataforma tecnológica no ha sido y no será salvación publicitaria por una sola razón fundada en la lógica de la economía. A pesar de que la ideología capitalista nos dice que ésta funciona gracias al libre mercado, si uno mira la historia, la gran mayoría de negocios que son rentables son monopolios o cuasi monopolios. En todo el mundo hay apenas unas empresas petroleras, armadoras de autos, de computación y de producción tecnológica. Si el negocio de la televisión ha hecho inmensamente ricos a sus accionistas en México se debe a que el poder político ha permitido que exista un duopolio. Pues bien, esto jamás va a ocurrir con Internet.

Internet impide que cualquier productor o emisor de información sea capaz de controlar monopólicamente esta red. Por el contrario, es una plataforma tecnológica antimonopólica. La paradoja es que Internet se está convirtiendo en una de las variables que están afectando de manera decisiva el modelo económico de la prensa escrita, pero a su vez está volviendo más democrática y más barata la producción y difusión de la información.

Este proceso está implicando un enorme cambio a quienes trabajamos en los medios de información, en particular en la prensa escrita. El cambio tiene, entre otras consecuencias, la desventaja de que aumenta la dependencia respecto a los anunciantes oficiales, lo que puede condicionar la calidad de la información que se ofrece a la audiencia.

Por lo pronto ha obligado a replantear no solo las expectativas laborales (que en lo inmediato se traducen en menos ingresos y más trabajo) sino en las propias biografías personales: muchos nos preguntamos si vamos a poder seguir viviendo de este oficio ya no en los siguientes años, sino meses.

Por eso creo que el actual escenario que tenemos es el fin del periodismo, tal y como lo hemos vivido hasta ahora. Lo que no se acaba es la necesidad de información libre, no condicionada por los intereses políticos y económicos y seguramente, esta necesidad social será resuelta de alguna manera en el futuro. Aunque por ahora no sepamos cómo.

 

 

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