Calderón, tentación autoritaria

06TODO~1

Rubén Martín / Público, 4 junio 2009

Ocurrió el 25 de mayo 2005. Felipe Calderón vino a Guadalajara a hacer una pasada de charola con empresarios locales en el Club de Industriales. El ex secretario de Energía de Vicente Fox realizaba giras por el país como parte del proceso panista para elegir candidato presidencial. En esa reunión (que coordinó Ernesto Ramírez Godoy, recaudador de fondos de Francisco Ramírez Acuña), Calderón, más que exponer su oferta se dedicó a seducir con la propuesta de que él era un político de mano dura y partidario del uso del Ejército en las calles. Esta es una parte de la reseña de esa reunión.

“Calderón expuso sus cinco ejes de propuesta de campaña y al final contestó preguntas de los asistentes. El lema del aspirante panista es Mano firme, pasión por México. A juzgar por las preguntas, a los empresarios les fascina un gobernante con mano fuerte; el aspirante presidencial percibió este interés y en cada respuesta enfatizaba su convicción de que era necesario manejar el país con mano dura. Incluso, contó que como titular de Energía negoció una convocatoria a huelga en la Compañía de Luz y Fuerza con la amenaza de utilizar el Ejército en las instalaciones de la empresa, aunque después ante los reporteros aclaró que se trató de la Policía Federal Preventiva” (Público, 26 mayo 2005).

Justo cuatro años después podemos confirmar que Calderón no solo se ha cumplido sino que se ha radicalizado. Así como Fox se entregó a su adorada Martita Sahagún, Calderón se ha acercado al Ejército como ningún titular del Ejecutivo federal lo había hecho, quizá desde Gustavo Díaz Ordaz.

Con la realidad y el pretexto de la extensión de las actividades delictivas en el país, con el apoyo de la televisión y con casi ensayos de toque de queda como ocurrió con la alerta sanitaria del pasado abril, Calderón ha trabajado para imponer la percepción de la necesidad de un gobernante fuerte, apoyado por las leales fuerzas armadas. ¿Les suena el discurso? Si, fue el de los dictadores y gobernantes autoritarios de América del Sur y el de Alberto Fujimori antes de desaparecer el Poder Legislativo en Perú y es ahora el discurso del colombiano Álvaro Uribe.

¿Ejemplos? Con el pretexto de la lucha contra la delincuencia se ha creado una percepción de Estado de excepción, se ha tratado de legitimar la presencia del Ejército en las calles, se ha hecho del narcotráfico una cruzada de vida o muerte en la que debe de tomar partido toda la población y se han modificado leyes y cuerpos policíacos para supuestamente responder al reto de las organizaciones delictivas. Y mientras se recortan recursos a programas sociales, los recursos para el Ejército, Marina y fuerzas policiales han crecido como nunca.

Además se han modificado leyes para permitir escuchas ilegales, crear policías encubiertos y hacer detenciones preventivas que van en sentido contrario a las garantías individuales establecidas en nuestra Constitución. Las consecuencias de esta política de militarización y de endurecimiento de la mano dura de Calderón la están pagando ya cientos de luchadores sociales de todo el país a quienes se ha criminalizado.

Apenas el sábado pasado aquí en El Salto, Jalisco, varias de las comunidades de afectados ambientales que llegaron de toda la república denunciaron cómo algunos de sus dirigentes enfrentan procesos jurídicos o represivos sólo porque están en la primera fila de la resistencia ante el colapso ecológico que padece el país.

En nueve años de gobiernos panistas han aumentado los presos políticos y se han modificado leyes para permitir, como hizo George Bush en Estados Unidos y Álvaro Uribe en Colombia, criminalizar las disidencias calificándolos de terroristas.

Un ejemplo de esto acaba de ocurrir con el respetado académico colombiano Miguel Ángel Beltrán Villegas detenido por las autoridades migratorias mexicanas, y deportado sin oportunidad de defensa a Colombia, cuyo gobierno lo acusa de ser uno de los principales líderes de la “narco-terrorismo”. Varios académicos tapatíos conocieron personalmente a Miguel Ángel Beltrán y se asustan de cómo un gobierno autoritario puede manipular la justicia y la opinión pública para transformar a un académico con opiniones críticas en un “peligroso líder del narco-terrorismo”. Los cambios operados en México nos llevan hacia el espejo colombiano. Todavía estamos a tiempo de impedir que Calderón cumpla su deseo autoritario de imponer el orden y el progreso mediante la militarización y la criminalización del pensamiento y la disidencia política.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s