La democracia y el precio de las tortillas

TortillasRubén Martín / Público, 2 julio 2009

La actual campaña electoral ha sido útil para algo: para confirmar la profunda fractura que existe entre la amplia mayoría de la población del país y la clase gobernante. Las sucias campañas electorales, el excesivo gasto del aparato electoral y de partidos, el dinero negro que usan los candidatos para rebasar impunemente los límites de gasto, la política cómo espectáculo en que se han convertido los procesos electorales, han terminado por hartar más a la gente de lo que ya estaba.

De este hartazgo y de esta fractura profunda entre sociedad y clase gobernante se alimenta la creativa y eficaz campaña anulista.

Pero esta crisis política no surge ahora de la nada, viene gestando desde varios años atrás. Habría que remontarse a la crisis capitalista mundial y nacional de los años 70. Entonces se agotó el modelo desarrollista industrialista y entró en crisis el modelo autoritario priista. Hubo una crisis de rentabilidad (capitalista) y crisis de legitimidad (política) y para enfrentar esta doble crisis, las clases dirigentes de este país llevaron a cabo una reestructuración económica y política.

La actual irritación y desencanto de la población ante los políticos y la política proviene de un triple engaño que las clases dirigentes de este país cometieron en contra de la población en los últimos 25 años.

1) El engaño de la modernización económica y social mediante la política económica neoliberal propuesta desde Miguel de la Madrid.

2) El engaño de la transición a la democracia.

3) El engaño de que los dos procesos anteriores transformarían a México en un país moderno, democrático y justo.

El proyecto de las clases dirigentes del país ha resultado un completo fracaso. En lugar del paraíso neoliberal y de la transición política que ofrecieron tenemos: 1) Un país devastado ecológica y económicamente; 2) un país sin democracia; y 3) un país sin justicia social.

El dato más importante es que ahora las personas y las familias tienen qué trabajar más ahora que antes para reproducir sus vidas.

Dos series de datos ayudan a confirmar esto: Las horas de trabajo de una familia para comprar la canasta básica han aumentado considerablemente en el periodo neoliberal. En el sexenio de Luis Echeverría Álvarez se requerían cinco horas de trabajo para comprar la canasta básica; con Carlos Salinas de Gortari se necesitaban 16 horas y con Vicente Fox Quesada eran necesarias 40 horas de trabajo.

El precio de las tortillas también ilustra cómo las condiciones de vida se han vuelto cada vez más difíciles para la gran mayoría de la población. En 1982 se podían comprar 26.5 kilos de tortilla con un salario mínimo; en 1994 un minisalario compraba 20.3 kilos; al arranque del sexenio de Fox la relación era de 6.9 kilos y ahora en este año electoral un trabajador apenas puede comprar 5.3 kilos de tortilla con su salario de un día.

Eso sí, se han creado camadas de ricos mundiales. Los ricos mexicanos en la revista de Forbes pasaron de acumular 24,900 millones de dólares (mdd) en el 2000 a casi 74,100 mdd en 2007.

En resumen, la “democracia” no ha ayudado a mejorar la vida de los jaliscienses o de los mexicanos. Pero según servidores públicos y pensadores liberales, ésta no sería una de las funciones de la democracia.

Pero debería serlo y el que no lo sea es uno de los problemas centrales del actual sistema político. Lo que tenemos es que el sistema liberal es completamente disfuncional para resolver los problemas de la gente.

Un sistema realmente político realmente democrático tendría que tener como su primera función atender las demandas de la mayoría de la población y mejorar la calidad de vida de la gente.

Pero como ahora no ocurre así, se está manifestando esta profunda insatisfacción con las elecciones y candidatos y por ellos crecerá la abstención, porque votar no ha servido para que los políticos dejen de ser negocios al amparo del poder y de manejarse como la nueva aristocracia.

Votar no ha servido para tener un ingreso decente para quienes viven de su fuerza de trabajo, no ha servido para evitar que haya abusos laborales y para contar con un sistema de seguridad social digno.

Votar no ha servido para que todos tengan una casa decente, y para que nadie pase hambre. Si votar no ha servido para todas estas cosas, ¿para qué sirve? Únicamente para legitimar a una clase política incapaz, y para dar aire artificial a un sistema político liberal que se cae a pedazos.

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2 comentarios en “La democracia y el precio de las tortillas

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