Gobiernos depredadores

Hernández+fox indignado
Cartón: Hernández, 28 enero 2005

Rubén Martín / Público, 13 agosto 2009

Mientras los trabajadores se parten el lomo para ganar un salario decente, y mientras las familias echan mano de diversos recursos para reducir compras y aumentar sus ingresos a fin de completar su gasto, los gobiernos de todos los niveles y la clase política profesional siguen viviendo en jauja, como si no existiera crisis y con prestaciones y prebendas injustificables. Los contribuyentes tenemos sobre nuestras espaldas a gobiernos depredadores de la riqueza que producimos todos.

Quizá esa ha sido una característica consustancial a todos las organizaciones que buscan el poder (al respecto se puede ver un extraordinario repaso histórico en el libro de William McNeil, La persecución del poder, editado por Siglo XXI), pero en esta crisis capitalista mundial y nacional, el carácter depredador de los gobiernos locales parece multiplicarse.

La profundidad de la crisis ha disparado las señales de alerta en los ingresos y en el gasto público de todos los órdenes de gobierno. Ya el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, confirmó que viene un verdadero shock en las finanzas públicas.

Aquí en Jalisco, por ejemplo, se anunció una disminución de hasta cinco mil millones de pesos (mdp) a las finanzas estatales. A su vez, decenas de gobiernos municipales ven recortar su gasto público de manera extraordinaria.

El impacto para la población va a ser muy notorio. En algunos municipios ya piensan en recortar los días de trabajo de los burócratas, en San Julián no tienen dinero para pagar la cuenta de luz (CFE), en otros se está proponiendo que los regidores donen una quincena de su sueldo (Puerto Vallarta).

Pero como siempre, el esfuerzo no se reparte por parejo. Mientras los empleados de base tendrán más trabajo, prestaciones disminuidas e ingresos congelados, la alta burocracia sigue gastando a lo pendejo. Los casos son infinitos, como la voracidad de la alta clase política.

En los dos gobiernos federales panistas (Vicente Fox y Felipe Calderón) los ingresos petroleros prácticamente se duplicaron: pasaron de 5.2 por ciento en 2001 a 10.9 en 2008. El país vivió una extraordinaria coyuntura de ingresos fiscales en crecimiento gracias al boom en el precio del petróleo.

Pero la mayoría de esa riqueza se despilfarró en gasto corriente, cuyo peso en el PIB aumentó debido a los altos salarios y prebendas que se concedió la alta burocracia, empezando por la presidencia de la república. El gasto en servicios personales pasó de 421 mil millones de pesos (mdp) en 2001 a 710 mil mdp en 2008 con Felipe Calderón. ¡El gasto en salarios se duplicó en estos nueve años!

La riqueza petrolera también se dilapidó en los estados. En los sexenios de Francisco Ramírez Acuña y Emilio González Márquez llegaron unos 30 mil mdp de pesos adicionales a los presupuestados por el Congreso del Estado anualmente. En lugar de destinarlos a inversiones estratégicas, por ejemplo la ampliación del Tren Ligero, se despilfarró en pasos a desnivel, obras mal hechas y uso político de ese dinero. El Congreso del Estado, en tanto, ha multiplicado por varios tantos su presupuesto, que ha terminado en apoyos discrecionales a diputados y en el aumento de nómina, gastos que no han servido para mejorar el trabajo parlamentario. Además en no pocos ayuntamientos los recursos adicionales se usaron para el arreglo de oficinas o compra de camionetas lujosas.

En resumen, la extraordinaria riqueza petrolera (un recurso finito) se despilfarró, se depredó, desapareció. Y ahora queda la crisis en las tesorerías y el recorte de servicios públicos. Es la confirmación de la ineficiencia para gobernar de las administraciones neoliberales que ha tenido el país en los últimos años. Ya antes los priistas demostraron su incapacidad para administrar la riqueza petrolera, y ahora los neoliberales.

La lección de todo ello es que el cambio que la sociedad requiere para usar bien los recursos que producimos entre todos no lo podemos dejar en manos de la clase gobernante profesional. Tendrá que venir desde abajo, desde las propias comunidades que producen sus recursos y que conocen directamente las necesidades más apremiantes. Para que esto ocurra es necesario desmontar el sistema político liberal que ahora impera. De otro modo, seguiremos teniendo gobiernos depredadores, con crisis o sin crisis.

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