Obama y el fracaso del TLC

gdl-tema-1Rubén Martín / Público, 6 agosto 2009

Ya se sabe que una cosa son las promesas durante la campaña electoral y otra cosa, muy distinta, es cumplir lo que se promete a los electores en el ejercicio de gobierno. Les pasa a todos, incluido a Barak Obama, el presidente de Estados Unidos, quien alcanzó el poder en gran medida por ofrecer a los votantes de su país cambios sustanciales en distintos aspectos de la política interna y externa de esa nación.

Un compromiso electoral de Obama que tiene que ver con México es la reforma al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Algunos especulan que el mandatario de Estados Unidos planteará la reforma al TLCAN a sus pares de Canadá, Stephen Harper y Felipe Calderón de México en los encuentros que sostendrán el domingo y el lunes aquí. Hace trece meses, cuando apenas había sido elegido como candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, dejó en claro este punto: “He dicho claramente, y lo repetiré nuevamente, que el TLCAN careció de medidas laborales y ambientales que sean aplicables, que aseguren no sólo el comercio libre sino también justo […] Ese es un principio que he adoptado mucho antes de pensar siquiera en lanzarme a la Presidencia”. Si creemos a esta declaración, deberíamos esperar un cambio drástico en las condiciones comerciales entre las naciones firmantes del TLCAN. Los temas escogidos por Obama están dirigidos a México, no a Canadá.

El tema de la discusión del TLCAN es pertinente más allá de lo que planteé Obama, pues a quince años de aplicación de este acuerdo comercial, tenemos suficiente evidencia para afirmar que este acuerdo ha sido desastroso para las condiciones de vida de la mayoría, especialmente de quienes obtienen su ingreso vendiendo su fuerza de trabajo.

A estas alturas ya debería quedar claro que el tratado comercial enfatizó la libertad de los capitales y de las agencias económicas para buscar el lucro, a costa de los derechos y la mayor carga de trabajo para los asalariados.

Los datos empíricos e históricos indican que el TLCAN implicó más que un cambio en el control y uso de la fuerza de trabajo, más que un cambio normativo para permitir el libre flujo de capitales, implicó una profunda reestructuración social que nos atajó de manera casi definitiva a la economía gringa. Ningún otro país del orbe ha sufrido la crisis económica de Estados Unidos como México.

Localmente el territorio y las relaciones económicas en Jalisco se han remodelado para permitir el aterrizaje del TLCAN, con tan funestas consecuencias que incluso los empresarios que pedían a gritos un tratado con Estados Unidos, han quedado devastados. Prácticamente la mayoría de las ramas económicas e industriales que estaban en manos de jaliscienses pasaron a manos foráneas en las dos últimas décadas.

El TLCAN ha sido extremadamente útil, pero para el capital. Lo confirma el que la relación entre comercio exterior con el PIB de Jalisco pasó de 9.5 por ciento en 1993 a 86 por ciento en 2004; quiere decir que hay un enorme flujo de capitales, mercancías, y beneficios que atraviesan el territorio de Jalisco, pero cuyos beneficios no se quedan aquí.

La consecuencia principal es que las familias en Jalisco han tenido que trabajar más horas o más miembros de la unidad doméstica para poder satisfacer las necesidades básicas.

De todos modos, ya sabemos que un cambio radical en las condiciones de vida para la mayoría no vendrá de arriba, y que lo que Obama haga o deje de hacer no beneficiará a las clases bajas locales. Serán sus propias acciones las que puedan lograr un cambio en su beneficio. Nadie lo hará por ellos.

Y si en lugar de Villa, ¿mejor los hospedan?

La declaración de ayer de Felipe Calderón de que no apoyará con recursos federales la construcción de la Villa Panamericana y la confirmación de que los regidores del PRI y del PAN votarán en contra del crédito para financiar esta obra parece la puntilla para este proyecto.

Pero las autoridades se meten en un atolladero por su gusto. ¿De verdad es imprescindible construir un complejo habitacional para albergar a los deportistas que vienen a los Juegos Panamericanos? ¿Y si en lugar de ello, se les aloja en los hoteles que ya hay en la ciudad? Para qué hacer una cuantiosa inversión de los contribuyentes en un evento deportivo a lo que a fin de cuentas es un negocio privado.

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