El desarrollo humano y las malas palabras

01IDHJAL_intro_Page_01Rubén Martín / Público, 24 septiembre 2009

El Informe sobre el Desarrollo Humano 2009, recién presentado el miércoles en esta ciudad por el representante de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en México, es un buen ejemplo de cómo el discurso liberal del análisis social se encuentra extenuado y agotado.

Las herramientas del análisis, su diagnóstico, el arsenal conceptual, y las consabidas recetas que propone están ancladas en la noción de modernidad política propuesta por la ideología liberal eurocéntrica. Análisis y recetas que no sirven para enfrentar la magnitud de la crisis y fractura social que tenemos bajo los pies.

Según este recetario, los países y regiones del Tercer Mundo (perdón, es una mala palabra, corrijo…), las zonas en vías de desarrollo, deben cumplir ciertas etapas para salir de su atraso premoderno para alcanzar un estadio de desarrollo social, económico y político avanzado.

Esta modernidad conlleva niveles altos de urbanización, industrialización, predominio del sector formal de la economía y un sistema político que consiste en el traspaso del poder público entre actores que respeten las reglas del juego liberal representativo. Si se quiere dejar de ser un país o región premoderno se tiene que alcanzar esta imagen que tienen las naciones capitalistas avanzadas.

Este es el modelo que los dueños del poder político, económico y simbólico de México y Jalisco se han empeñado en alcanzar desde hace 200 años. Y este es el paradigma que subyace en el informe de desarrollo humano de Jalisco. La eterna ilusión de parecernos a Estados Unidos, Inglaterra, Francia u Holanda.

En términos de larga duración, este proyecto se ha tratado de conseguir mediante el proceso de ampliación de la estatalidad, que consiste en extender las redes de las agencias del poder político para llevar a cabo tareas de mando y obediencia; el segundo proceso consiste en propiciar que la mayoría de las relaciones sociales se definan a través del mercado; y finalmente, buscar que la mayoría de las personas obtengan sus medios de subsistencia vendiendo sus fuerza de trabajo.

Desde arriba se llama proyecto liberal que busca consolidar un mercado interno y un estado de derecho. En realidad es el proyecto secular de extensión y profundización de las relaciones capitalistas.

Nada de esto miran los redactores del informe sobre desarrollos humanos embelezados en el liberalismo y en el institucionalismo. Según su discurso, pareciera que los jaliscienses no son capaces de alcanzar niveles altos de desarrollo humano debido a sus taras ancestrales y a la poca eficiencia de su aparto de gobierno. ¿La receta?, la consabida y desgastada propuesta de más reformas. “El estado no ha alcanzado su potencial. Los párrafos anteriores dan cuenta de una larga agenda de reformas necesarias para que los gobiernos en el estado puedan convertirse en agentes más efectivos de promoción del desarrollo y que contribuyan a abatir la desigualdad entre personas, y entre municipios y regiones”.

Competitividad, desregulación, reelección, flexibilización, privatización siguen siendo las fórmulas que propone el recetario liberal, sin tomar en cuenta que estas recetas se vienen aplicando desde hace 25 años y no sólo no han servido para curar las dolencias de nuestra sociedad, sino que han agravado los problemas que se padecen.

Impresiona cómo los lentes liberales usados por la mayoría de los redactores del informe que se comenta dejan de lado hechos y procesos sociales evidentes y contundentes que explican la condición de desigualdad que caracteriza la sociedad capitalista local.

No miran cómo el control de la fuerza de trabajo es un factor esencial que explica la desigualdad en el ingreso, no miran cómo las relaciones de intereses mutuos que existen entre los dueños del poder económico y político acentúan estas desigualdades y cómo, la corrupción, patrimonialismo con que se maneja la clase política es consustancial al ejercicio de poder liberal y no una desviación a la norma.

Palabras como explotación de la fuerza de trabajo y de los recursos naturales, despojo de tierras, desprecio por los de abajo, antagonismo social y, en suma, lucha de clases, siguen siendo conceptos y palabras necesarias e imprescindibles en un discurso y un análisis que realmente quiera llegar a la raíz de las cosas. Pero no, estas son malas palabras en el léxico liberal.

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