Mezcala

 

 

Mezcala plantón octubre-ACC-LJJ
Foto: Arturo Campos Cedillo-La Jornada Jalisco

Aunque el sitio a la isla es el episodio más conocido en la historia de Mezcala, no es el único. Es un pueblo que ha producido rebeliones desde la conquista en el siglo XVI. Seguramente el actual siglo no será la excepción

Rubén Martín/ Público, 5 noviembre 2009 

Mezcala de la Asunción es una comunidad de indígenas cocas con presencia centenaria en la ribera del lago de Chapala, con cerca de cuatro mil habitantes y poseedora de la isla del mismo nombre. Ahora es una delegación del municipio de Poncitlán, pero en la práctica es un pueblo que tiene sus propias formas de gobierno, sus estatutos y una identidad que la distingue de la gran mayoría de comunidades indígenas del estado.

Recientemente Mezcala ha sido noticia por dos asuntos: el plantón que mantienen afuera de su casa comunal luego de que el pasado 22 de octubre, tres ex dirigentes del Comisariado, ingresaron a dicha finca apoyados por la policía de Poncitlán; y porque el gobierno (federal, estatal y municipal) han decidido que sea uno de los referentes importantes para festejar el Bicentenario de la Independencia.

El plantón que cientos de comuneros han mantenido por dos semanas revela dos cosas: la historia de resistencias que tiene es comunidad, y la secular actitud de racismo y desprecio con la que los gobiernos tratan a los pueblos y comunidades indios.

El plantón se instaló por dos razones: para vigilar que no entraran de nuevo policías y personas ajenas al comisariado y para demandar que un Ministerio Público acudiera al lugar a dar fe de los hechos. Hasta ayer el Ministerio Público no se tomaba la molestia de ir a cumplir este simple trámite por el le pagan los contribuyentes.

La actitud de racismo y desprecio por la comunidad de Mezcala se revela en los planes oficiales para celebrar el Bicentenario en la isla del mismo nombre.

Como se sabe, el alzamiento de los pueblos y comunidades indígenas y campesinas de la ribera del lago de Chapala ocurridos entre 1810 y 1821, fue uno de los grandes acontecimientos durante la Independencia. El episodio más importante, a su vez, fue la resistencia que los comuneros mantuvieron durante cuatro años, en la isla de Mezcala, de 1812 a 1816. El sitio impuesto por la Corona española fue derrotado.

Por esta razón las autoridades quieren “celebrar” el Bicentenario en Mezcala. El problema es que lo quieren hacer sin consultar a la población, como desde siempre hacen los gobiernos que gobiernan de arriba hacia abajo, y no de abajo hacia arriba, como se acostumbra en la mayoría de las comunidades indígenas y campesinas.

Además la comunidad de Mezcala no necesita un programa oficial para celebrar un episodio que para ellos no es pasado, sino una historia viva, a través de la historia oral y de la conmemoración cada 25 de noviembre de la resistencia llevada a cabo en la isla.

Si bien el sitio a la isla es el episodio más conocido en la historia de Mezcala, no es el único. Es un pueblo que ha producido rebeliones desde la conquista en el siglo XVI. Seguramente el actual siglo no será la excepción.

Aunque esta breve relación de hechos parezca a muchos con olor a historia pasada, en realidad en resistencias y peleas como las de los comuneros de Mezcala se está forjando el futuro.

Ahora que el país vive una crisis económica, política y social, ahora que en el país y en el estado se manifiesta la incapacidad de la clase gobernante para resolver los asuntos de fondo que aquejan a la población, (ni siquiera asuntos menores como unos Panamericanos o un museo pueden hacer bien), es necesario voltear hacia abajo.

Si ha de haber un cambio de fondo en el orden social, como el que se requiere para procurarle una buena vida a la mayoría de la población, es necesario que sean directamente las comunidades y pueblos quienes asuman sus problemas, con sus propias estrategias y direcciones.

Ahora que el capitalismo se muestra más incapaz que nunca para resolver los problemas de la mayoría, hay que mirar las potencialidades que tienen las comunidades para crear vínculos y relaciones de reciprocidad en lugar de las relaciones de lucro y explotación.

Hay que mirar abajo, a casos como los de Mezcala, para imaginar que el futuro de los pobladores no sea convertirse en jardineros, meseros y mucamas de los turistas y colonos que serán propietarios de sus tierras, sino para imaginar una población que mantiene la propiedad comunal dando trabajo e ingresos decentes para todos. Sin dejar de vivir en donde están y como son. No sin contradicciones y broncas, Mezcala es un mejor laboratorio de ideas y soluciones sociales y políticas que todos los salones académicos y recintos partidistas juntos.

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