La crisis de la izquierda en Jalisco

Diego Rivera, Adversario del fascismoRubén Martín  / Público, 12 noviembre 2009

Un conjunto de 17 organizaciones convocó a un interesante debate sobre la izquierda en Guadalajara. Bajo el nombre de Diálogo de las izquierdas y las organizaciones progresistas de Jalisco, los convocantes citaron a dos foros para evaluar la situación actual de los grupos y organizaciones que se reclaman progresistas. Aprovecho este ejercicio de reflexión para asentar algunas opiniones sobre este tema. Por principio sería útil tratar de definir qué es la izquierda en Jalisco y quienes conforman tales agrupaciones.

Podría decirse que la izquierda local es un conjunto de agrupaciones y organizaciones, de cuadros, militantes y activistas que definen su postura política basados en las tradiciones socialistas, comunistas, marxistas (en todas sus variantes), nacionalistas y cardenistas. Son colectivos que dicen buscar el cambio social esencialmente a través de dos vías: la legal-reformista, y la radical-revolucionaria.

Tienen un conjunto de estrategias más o menos establecidas: la organización en partidos o agrupaciones como instrumento de organización, la participación en elecciones para conquistar el poder, la organización civil y las movilizaciones para pelear por sus demandas, salir al espacio público para captar atención de los medios y, por esa vía, llegar a la opinión pública.

Todas las agrupaciones comparten un modelo político más o menos común: organizar al pueblo para conseguir la fuerza política suficiente a fin de acceder al aparato estatal para cambiar el actual estado de cosas. Más allá de las pociones políticas, las agrupaciones de izquierda local parecen compartir ciertas características. Una de ellas es el vanguardismo: casi todos los colectivos pretenden dirigir y encabezar al pueblo y a las masas. Parece compartirse una tendencia de creer que estas agrupaciones están compuestas por cuadros, militantes o activistas que han alcanzado ciertos grados de conciencia, que no están enajenados y que tienen los conocimientos necesarios para organizar a la gente, guiarla, dirigirla y decirle cómo moverse, cómo rebelarse y, en definitiva, cómo hacer el cambio social.

A pesar de la retórica radical, las prácticas políticas de las izquierdas locales están impregnadas de liberalismo político que termina asumiendo la democracia procedimental como horizonte político.

En el repertorio de prácticas, las agrupaciones de la izquierda local se limitan a un conjunto muy limitado de acciones, entre las que destaca la convocatoria a marchas (tradicionalmente de la Normal a Plaza de Armas), volantes y convocatoria a medios. De algunos años a la fecha se ha establecido una cierta dependencia de la cobertura mediática. Se considera “exitosa” una iniciativa política no tanto por el cambio de vida en sujetos concretos, sino por la cobertura de los medios de información. En buen medida, esta dependencia de los medios está alimentada por procesos subjetivos fundados en el protagonismo de varios los cuadros dirigentes de las agrupaciones progresistas o incluso de muchas de las organizaciones no gubernamentales que hay en Jalisco. Ese protagonismo se refleja en la actitud para tratar de encabezar todas las iniciativas políticas y de acción, para tratar de acaparar las relaciones con los medios, para hablar en las ruedas de prensa o mítines, y para aparecer en las fotos y videos. Ese protagonismo resuelve tanto necesidades de ego personal como un propósito que procura capitalizar, en rendimientos políticos personales, las acciones colectivas o masivas.

En resumen, estas características de vanguardismo, iluminismo y protagonismo parecen reflejar un desprecio por la gente común que resiste, se organiza o se rebela desde sus propios espacios, tiempos y prácticas.

Es un desprecio por las tradiciones, formas, métodos y teoría (es decir, la reflexividad de la práctica) que usan los colectivos locales en sus resistencias.

La crisis de la izquierda en Jalisco no se debe, como también se sostiene, a que ésta sea una región conservadora donde predomina la apatía. No es así, como dan cuenta las decenas de peleas sociales y resistencias que ocurren cada semana en la región. La crisis de la izquierda se debe sobre todo a la falta de respeto de las personas comunes que desde ahora y con sus medios y tiempos ya está produciendo el cambio social, al producir relaciones sociales alternativas en su lucha por reproducir sus condiciones de vida.

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