Testimonios de la explotación

Más trabajo, menos ingresos. Esta es la salida que han encontrado los capitalistas y los gobiernos para salir de la crisis. Esta salida se traduce en más explotación para todas las personas que viven de su fuerza de trabajo

Rubén Martín / Público, 19 noviembre 2009

Testimonios uno: “Mi nombre es Adriana, yo trabajé durante dos años para Universal Scientific International (USI). Mi trabajo consistía en ar-mar Docking station marca Lenovo. Mi salario diario era de 71 pesos [2,130 pesos mensuales]. El problema que yo viví en esa fábrica fue la inestabilidad laboral. Durante los dos años que yo trabajé ahí, firmaba contratos mensuales, lo que significa que cada mes me despedían y me volvían a contratar. Sin embargo, algunos meses no me volvían a con-tratar, simplemente me despedían, aunque días después me llamaban y me volvían a contratar. Yo ingresé por primera vez a USI en abril de 2007 y fui despedida definitivamente en mayo de 2009. Durante ese pe-riodo yo firmé 18 contratos temporales, fui despedida y recontratada en quince ocasiones, fui despedida sin recontratación en tres ocasiones, y despedida definitivamente una vez. El problema de toda esta inestabili-dad es que provoca una gran incertidumbre en nosotros, los trabajado-res. No podemos hacer planes hacia el futuro, ya que nunca sabemos con seguridad si tendremos empleo el mes siguiente”.

Testimonio dos: “Mi nombre es Daniel, tengo 53 años. Desde hace tres años trabajo como chofer de transporte de carga en el campus tecnoló-gico de IBM ubicado en Guadalajara. La empresa que presta el servicio de transporte de carga a IBM y para la cual yo trabajo se llama Apolo-trán. Nuestras condiciones de trabajo son muy malas. Trabajamos 16 horas diarias, el doble del máximo permitido por la ley. Se supone que después de trabajar ocho horas, las horas extras deberían pagárnoslas al doble, pero a nosotros simplemente no nos las pagan. Yo recibo mi salario como si trabajara ocho horas al día, es decir, 120 pesos por día. Para cumplir con ese horario de trabajo tan prolongado salgo de mi casa a las seis de la mañana y regreso hasta las doce de la noche (…)”.

Estos son apenas dos testimonios de más de cuatro mil relatos que el Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal) reunión en los pasados dos años. Cereal es un organismo civil (patrocinado por los jesuitas) que, como su nombre revela, se dedica a la promoción de los derechos laborales. En los últimos cinco años ha producido tres documentos sobre las condiciones laborales de los trabajadores de la industria electrónica [el reporte 2009 se puede encontrar completo en el sitio: http://cronicadesociales.wordpress.com%5D El reporte de este último año revela que la explotación sobre los obreros mexicanos, a manos de cor-poraciones extranjeras con ayuda de empresas de outsourcing mexica-nas, ha crecido hasta niveles intolerables.

El bajo salario es apenas un ejemplo de esta explotación. Daniel, el cho-fer gana 43,200 pesos al año; Adriana, en cambio percibe 25,560 pesos anuales. Sólo como referencia, Felipe Calderón ganará en 2010 dos mi-llones 564 mil pesos. Don Daniel necesitaría trabajar 59 años para per-cibir lo mismo que Calderón en un año; doña Adriana necesitaría traba-jar cien años…

En este reporte Cereal encontró que, como cabe esperar con la lógica capitalista, la crisis se ha cebado sobre los trabajadores.

En los meses más fuertes de la crisis económica, muchas empresas pro-tegieron su capital despidiendo trabajadores, recortando salarios o in-cluso cerrando plantas. Ahora que la crisis amainó en este sector, creció el empleo, pero con peores condiciones que antes: los salarios, ya de por sí bajos, disminuyeron diez por ciento, lo que significa que en lugar de ganar cien pesos por jornal de trabajo diario, ahora se están pagando 90 pesos. Además la contratación temporal pasó de 40 por ciento a 60 por ciento del sector. Esto ocurre en las narices de las autoridades labo-rales y generales que dicen prometer cumplir la ley.

Como dice Adriana en el primer testimonio citado: la subcontratación implica no únicamente una medida para regatear liquidaciones y presta-ciones sociales; además introduce una presión psicológica y un estrés sobre las vidas de los trabajadores que a la larga se convierte en un fac-tor más de explotación.

Lo peor de todo es que estos testimonios son representativos no sola-mente de la industria electrónica, lo padecen prácticamente todas las personas que dependen de su fuerza de trabajo para vivir. Como dice Cereal, en este año de crisis, “las empresas han ganado y los trabajado-res han perdido”. Así ocurre siempre en el capitalismo, pero como ense-ña la historia, nada es para siempre.

 

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