Las resistencias victoriosas

Presa de Arcediano, la Villa en el Parque Morelos, el Guggenheim, la ca-rretera Bolaños-Huejuquilla, los festejos del Bicentenario en la isla de Mezcala, la Ruta Cinegética Wixarica… Es difícil encontrar en la historia reciente otro año con tantos proyectos tan importantes que hayan sido cancelados, principalmente por las resistencias de las comunidades, barrios o pueblos afectados

Rubén Martín / Público, 17 diciembre 2009

El año que está por terminar será recordado en Jalisco por varios asuntos desde la mirada de arriba; pero vistas las cosas desde otra colocación, será el año en que las resistencias populares echaron abajo varios proyectos oficiales. La lista de proyectos echados abajo por la presión de abajo es enorme: la presa de Arcediano, la Villa Panamericana en el Parque Morelos, el Museo Guggenheim, la carretera Bolaños-Huejuquilla, el nodo Tutelar, los festejos del Bicentenario en la isla de Mezcala, la Ruta Cinegética Wixarica, entre los más visibles.

Otros como el avance de la línea 2 del Macrobús, la construcción del estadio Panamericano en El Disparate, o la presa El Zapotillo en Acasico, Palmarejo y Temacapulín, se han tambaleado y es probable que se modifiquen o cancelen debido a la fuerte presión popular en su contra. Incluyo en este listado El Santuario de los Mártires, pues si bien no es un proyecto oficial, me parece que también hay una resistencia soterrada a esta ambiciosa construcción que el cardenal Juan Sandoval impulsa como su legado personal.

Es difícil encontrar en la historia reciente otro año con tantos proyectos tan importantes que hayan sido cancelados, principalmente por las resistencias de las comunidades, barrios o pueblos afectados.

Se trata, sin duda, de una estrepitosa derrota a la estrategia autoritaria que quiso imponer el gobernador Emilio González Márquez hace un año.

La historia es la siguiente. A estas fechas hace un año, los estragos de la crisis capitalista global se vivían con intensidad en el mundo. Como justificación para enfrentar este negro escenario económico, el gobernador anunció públicamente que el año que corre sería el de la infraestructura y de los proyectos especiales. En detalle, el Ejecutivo anunció una inversión “histórica” de diez mil millones de pesos y el empuje de varios proyectos “estratégicos”.

En privado el mensaje del mandatario estatal era más contundente y enérgico. Lo decía en privado ante empresarios y directivos de medios. En año de crisis económica el estado no podía darse el lujo de permitir que por intereses de algunos grupos se pararan obras tan importantes para el desarrollo de la región.

Pues contra la voluntad de quien se supone tiene el cargo con mayor poder público en la entidad, las resistencias, movilizaciones, iniciativas jurídicas y varias acciones colectivas más tiraron los proyectos “estraté-gicos” del actual gobierno.

Este dato dice mucho de la situación política que hay en la entidad; no la política liberal que se centra en lo que ocurre en los pasillos de los poderes públicos, o en las grillas partidistas que son bien reseñadas en las columnas periodísticas.

El dato político al que me refiero es que ni con todo el dinero público a su disposición, con aparatos burocráticos inmensos, con la casi total complacencia de los medios de información y con la fuerza pública de su lado, los gobernantes son capaces de sacar adelante los proyectos que suponen traerán el desarrollo para la entidad (y de pasada los grandes negocios privados para empresarios y gobernantes).

A la inversa, sin dinero, sin burocracia, sin los medios a su favor y sin fuerza pública Lupita Lara y los opositores a Arcediano lograron la can-celación de esta obra; la férrea resistencia de los vecinos y trabajadoras sexuales del Parque Morelos tiraron un proyecto elitista de reestructura-ción urbana; la comunidad indígena de Santa Catarina Tuapurie ha impedido que pase por sus tierras una carretera que no quieren; comuni-dades huicholas han impedido que los ricos de Guadalajara se diviertan yendo de cacería a sus territorios; mientras que la comunidad coca de Mezcala ha puesto de cabeza la idea oficial que tenían de celebrar el Bicentenario de la Independencia en su isla.

Esta correlación política es un dato que no suele mirarse ni por los gobernantes, ni por los medios e incluso suele ser ignorada por activistas o la izquierda con registro que mide el “avance popular” por el número de votos o asistentes a una marcha.

En suma, las victorias de estas barrios, comunidades y pueblos confirma la lectura de la severa crisis por la que atraviesa la clase política profe-sional y cómo, de modo disperso, diverso y desarticulado, pero a su modo y en sus tiempos, emergen fuerzas de abajo que defienden su te-rritorio, sus modos de reproducción de vida y en esas acciones, reconfiguran el mundo político de la entidad.

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