2009: más explotación del trabajo

Foto: Arturo Campos Cedillo, La Jornada Jalisco

Rubén Martín / Público, 24 diciembre 2009

El año que está por terminar será recordado en Jalisco como uno de los más adversos para las personas que viven de su trabajo. 2009 fue el año de la grave crisis financiera internacional, del fracaso estrepitoso del neoliberalismo y de la confirmación de la crisis profunda y estructural de la economía capitalista.

Como en cada crisis económica, las estrategias de los capitalistas consisten en reducir costos para preservar las tasas de ganancia y esto pasa regularmente por reducir costos salariales ya sea mediante despidos de personal o recortes de prestaciones laborales, o ambas.

Las consecuencias de estas estrategias han sido devastadoras para el mundo del trabajo. Muchas empresas optaron por despedir personal, lo que se tradujo en una fórmula muy simple: los que se quedaron debieron de trabajar más para sacar el mismo o más trabajo.

La situación ha ido peor para quienes enfrentaron el desempleo. El año que está por cerrar duplicó la tasa de desempleo, lo que llevó a más personas a pelear la misma plaza de trabajo, o los obligó a buscar espacio en el llamado comercio informal.

Como viene siendo costumbre, muchos patrones regatearon las liquidaciones conforme a la ley a los empleados que recortaron, esto con la complacencia de las autoridades laborales.

Esta situación explica que 2009 sea en Jalisco el año con más emplazamientos a huelga en quince años, con 622 emplazamientos hasta noviembre, cuando los años precedentes no rebasaron los 373 notificaciones, según datos de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS). No obstante el número, ninguno de los 622 emplazamientos a huelga terminó en estallamiento, lo que parece explicarse por el sindicalismo oficialista y propatronal que hay en Jalisco y en el país.

Los trabajadores buscaron distintos medios de defensa ante los abusos, arbitrariedades y aumento de la explotación que vivieron a lo largo de 2009, pero ninguno de esos caminos se recorrió a través de los agrupaciones sindicales, salvo casos muy concretos como fue el de los sindicalizados del Hospitalito de Zapopan o de los Hospitales Civiles de Guadalajara y otros sindicatos al servicio del gobierno del estado que pelearon en el último trimestre en contra de la reforma a la Ley de Pensiones propuesta por el Ejecutivo estatal.

En resumen, 2009 aceleró las tendencias neoliberales de control del trabajo: más horas de trabajo, menos ingresos salariales, mayores exigencias de producción, contrataciones sin prestaciones sociales, mayor vigilancia en el lugar de la producción, y con represalias para quienes intentaron organizar una respuesta colectiva ante las presiones patronales.

En resumen, el mundo de vida para quienes viven de la venta de su fuerza de trabajo se volvió más difícil, obligando a las familias de asalariados a vender más horas de trabajo a fin de pagar la canasta con los satisfactores básicos.

En Guadalajara la canasta básica cuesta alrededor de diez mil pesos mensuales, pero el salario mínimo apenas rondó los 1,600 pesos. En promedio, los trabajadores formales perciben unos 6,240 pesos, muy debajo del costo de reproducción de la vida. En otras palabras, como ha sido la historia secular en el capitalismo, los asalariados en realidad están subsidiando a los empleadores. Dicho de otro modo, las tasas de explotación del trabajo aumentaron en 2009.

Lo peor es que 2010 no viene mejor. Al contrario, el salario mínimo apenas aumentó 2.5 pesos por día, mientras que se avecinan alzas en la gasolina, la energía eléctrica, el pasaje del transporte público, alimentos, rentas, hipotecas, ropa y esparcimiento.

Además ya el gobierno y los empresarios han hecho un frente común para hacer legal todas las maniobras que ahora son ilegales en las relaciones obrero-patronales. La reforma a la Ley Federal del Trabajo trata de echar abajo al menos siete décadas de legislación laboral que podía ser usada por los asalariados para su defensa. Con la reforma laboral, eso se acabará. La liquidación de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, y la consecuente desaparición del Sindicato Mexicano de Electricistas es parte de esta estrategia.

De modo que llegamos a 2010 con un escenario semejante al de hace un siglo: un gobierno empeñado en satisfacer al capital, facilitando la explotación de su mano de obra. Hasta que desde abajo se dijo basta.

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