UdeG-Ejecutivo: la disputa por la plusvalía

Foto: El Respetable

Rubén Martín / Público, 21 enero 2010

Desde hace unas ocho semanas, uno de los temas recurrentes en los medios y en la política local es el conflicto entre los políticos que controlan Universidad de Guadalajara (UdeG) y el grupo político que está al mando del Poder Ejecutivo estatal.

El conflicto se ha manifestado sobre distintos puntos y se ha peleado en distintas arenas. En el tema presupuestal, en el debate sobre proyectos del Poder Ejecutivo, como la presa de El Zapotillo o la construcción del estado panamericano en El Disparate, o las acusaciones universitarias acerca de que la Procuraduría estatal ha manipulado la investigación del atentado al chofer de Raúl Padilla López y de la muerte de Fernando González Sandoval.

Ha habido también momentos de simbolismo que deben leerse en el marco de este conflicto: la asistencia del gobernador al sepelio de Carlos Briseño Torres, o la ausencia del mismo mandatario estatal a la inauguración de la FIL.

¿Qué hay detrás de este conflicto? Más allá de la respuesta común de decir que existe una pelea entre grupos políticos por espacios de poder (lo cuál es cierto), debe explorarse otra explicación. Para decirlo de manera tajante, se trata de una pelea por la plusvalía que se está creando en la zona metropolitana de Guadalajara, como me hizo observar un académico universitario.

La controversia sobre el terreno de El Disparate es la mejor prueba sobre esta disputa por la plusvalía. El Disparate es un terreno de 71 hectáreas asentado en un área natural municipal protegida, en la ceja de la barranca de Huentitán. El lugar donde está emplazado, le da el enorme valor a este terreno: la majestuosa vista de la barranca de Huentitán. Ese lugar fue escogido por funcionarios del gobierno del estado y del ayuntamiento de Guadalajara para construir el estadio de atletismo para los Juegos Panamericanos.

Para dar una idea del interés que el gobierno del estado ha manifestado por este terreno, baste considerar que en el contrato de compra-venta se estableció que sería el propio Ejecutivo quien gestionaría ante el ayuntamiento tapatío la modificación de uso del suelo en dicho terreno. El Ejecutivo estatal pagó 85 millones de pesos por un terreno cuyo uso de suelo no está autorizado para construir el estadio. Detrás de este proyecto hay fuertes intereses de empresarios inmobiliarios.

Desde un inicio hubo reclamos legítimos de ecologistas y ciudadanos que hicieron notar que con este proyecto del gobierno, se abriría la puerta a la especulación inmobiliaria, en lugar de tratar de promoverla como área natural protegida.

Al mismo tiempo miembros del grupo UdeG, actuando desde espacios oficiales (regidores, rectoría) o civiles empezaron a cuestionar El Disparate, y dieron a entender que la UdeG quería que el estadio se construyera en sus instalaciones.

Al grupo universitario le preocupa que si prospera la construcción del estadio en El Disparate y otros proyectos empujados por autoridades panistas como son el Museo de Arte Contemporáneo también en la barranca o el proyecto de Puerta Guadalajara en la zona, se estaría erigiendo un polo de inversión pública (municipal, estatal y federal) que competiría con el polo de inversión que es en este momento el Centro Cultural Universitario (CCU) que como todos sabemos, es el proyecto de vida de Raúl Padilla.

Detrás de argumentos ecologistas, están en juego dos proyectos políticos con intereses de desarrollo urbano, ligados cada uno de ellos a intereses económicos de distintos desarrolladores. Raúl Padilla sabe que si se consolida la meta panista de invertir en proyectos alrededor de la barranca de Huentitán, se volverá más difícil que la inversión federal fluya hacia el CCU. Para los que no lo saben, hay que recordar que el CCU no es simplemente el Auditorio Metropolitano y la Biblioteca estatal. Es un proyecto donde se pretende construir hoteles, centros comerciales, edificios de departamentos, hasta lofts de lujo.

La ciudad no da para dos proyectos de esta envergadura, de modo que detrás de las disputas verbales, de desplegados y políticas de estos dos grupos, existe un proyecto de reordenamiento de la ciudad soportado en diversos intereses empresariales.

Pero ninguno de esos dos proyectos es el que necesita la población para resolver sus necesidades. Detrás de estos proyectos hay intereses lucrativos para sectores clasemedieros o acomodados de esta sociedad, pero no los intereses de los tapatíos plebeyos, que son mayoría.

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