Gobiernos incapaces

Foto: Arturo Campos Cedillo, La Jornada Jalisco

Rubén Martín / Público, 18 febrero 2010

No responden a las enfermedades en El Salto, no responden a las violaciones de los derechos laborales de los obreros y obreras de las maquilas, no responden a las denuncias de despojos e invasiones de tierra en Manantlán, no responden a la demanda del pueblo de Mezcala que exige que no tomen por asalto su isla, no responden a la huelga de obreros de Industrias Ocotlán, no responden a las quejas de pobladores de Zapopan porque las empresas que manejan el basurero de Picachos tiran impunemente los lixiviados, no responden a las denuncias de represión levantadas por los ejidatarios de Campo Acosta, no responden a la exigencia wixárica de que no introduzcan una carretera que no pidieron, no responden a los jóvenes que están hartos de los abusos y extorsiones policíacas, no responden a la demanda de educación superior de cientos de miles de estudiantes, no responden a las demandas de mayores prestaciones que del magisterio, no responden a decenas de asociaciones de colonos que piden un crecimiento de la ciudad que no se deje a los intereses empresariales, no responden a los vecinos de Temacapulín que demandan que su pueblo no sea inundado, no responden a las demandas de democracia sindical, no responden a las amas de casa que piden parar la escalda de precios, no responden a la exigencia de respeto a su derecho a ganarse la vida a quienes trabajan en las calles, no responden a la demanda de miles de mujeres que exigen libertad para decidir sobre su cuerpo, no responden a la comunidad gay que reclama respeto a la diversidad, no responden a las decenas de comunidades y barrios que padecen la devastación ecológica que hay en sus territorios, no responden a los pueblos indígenas que exigen respeto… los gobiernos no responden.

Hay miles de ejemplos de las demandas específicas, concretas que plantean los pueblos, comunidades, barrios, sujetos y grupos sociales de toda la entidad y que son olímpicamente ignoradas por las autoridades de todo tipo, de todos colores.

El ejemplo más reciente de esta actuación sistemática de los poderes públicos y de la clase política profesional ante los reclamos de la población la ofreció el secretario de Salud en el estado. El estudio de opinión que presentó Alfonso Petersen Farah confirma la convicción de miles de pobladores de El Salto y Juanacatlán de no esperar nada de la autoridad para resolver sus problemas de salud derivados de la contaminación. De la autoridad sólo han recibido promesas, discursos, y gasto de tiempo y energía en innumerables trámites burocráticos y charlas sin resultado.

¿A qué sí responden los gobiernos y la clase política profesional? A sus intereses de permanecer en el poder, propiciar las condiciones para hacer negocios capitalistas a gran escala y mantener la obediencia y el mando de la población para que estos negocios puedan llevarse a cabo.

Si uno mira y analiza con detenimiento lo que realmente son las instituciones políticas y los gobernantes se podrá llegar a la conclusión de que, contrario a lo que dice la ley y la ideología liberal, los poderes públicos no son depositarios de la soberanía popular, sino grupos de intereses particulares y al servicio de los grandes negocios que procuran el lucro y el beneficio, como vemos ahora con los proyectos de inversión turística que se pretenden construir en la costa jalisciense.

No sólo no se atiende a las personas, comunidades y grupos sociales por los canales institucionales que los gobiernos dicen ofrecer: tampoco se atiende a las personas que salen a la calle. A estas alturas la mayoría de los grupos sociales que se han movilizado en los últimos años ha aprendido que jamás van a ser atendidos por el gobernador. Ninguna de las grandes movilizaciones ocurridas en años recientes ha obtenido nada sustancial por esa vía.

Por eso urge reflexionar sobre las otras formas, los otros modos que cientos de pueblos y comunidades están ensayando ya en este momento en Jalisco para resolver sus problemas. Hay un saldo positivo en la incapacidad sistémica de los gobiernos para atender las demandas de la gente: miles de personas ya saben que no tienen qué mirar hacia arriba para resolver sus problemas. Miran hacia a los lados y tratan de enfrentarlos con otras personas que están en su misma condición. Es la única salida a la crisis capitalista que agrava las condiciones de vida de la gente.

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