Saqueos en Chile

Foto: El País

Rubén Martín / Público, 4 marzo 2010

“Las imágenes de violencia y los saqueos contra las grandes empresas dejan al descubierto el resentimiento largamente acumulado de la población contra los negocios donde durante años se han endeudado”: periodista chilena

Apenas hace un mes vimos escenas semejantes en Haití: después de la devastación de la naturaleza, emerge una turbulencia social que se expresa a través de los saqueos. Grupos de personas que lo perdieron todo asaltan tiendas, comercios y supermercados para encontrar alimentos, ropas, cobijas. En Haití fue necesario el desembarco de más de diez mil ***marines para frenar el terremoto social que emergió tras la devastación del terremoto físico.

Ahora, en Chile, vemos imágenes parecidas, pero a la vez sorprendentes. Parecidas porque parece un guión calcado: después del fuerte terremoto que asoló a los chilenos la madrugada del sábado pasado, miles de pobladores de zonas devastadas irrumpieron en supermercados, comercios y tiendas para encontrar los alimentos e implementos que las autoridades no les habían hecho llegar.

También como en Haití, en Chile fue necesaria la presencia masiva de la fuerza pública para tratar de contener este terremoto social que emergió en los poblados más afectados por la devastación física, como en la ciudad de Concepción, la segunda en importancia.

En Haití, reflexionaron algunos, los saqueos parecían explicarse por la historia de extrema pobreza de esa nación, producto del saqueo y la explotación secular a que ha sido sometida por diversas potencias políticas en más de 200 años. Como preguntaba el excelente cronista del diario ***El País, Pablo Ordaz: “¿Es pillaje amañársela para que un pollo se acerque a la reja de una casa abandonada y meterlo luego en un saco en una ciudad donde no hay comida ni agua? ¿Es pillaje esperar a que uno de los guardias que custodian el supermercado más grande de la ciudad se despiste y trepar luego entre sus ruinas en busca de un cartón de leche?”.

En una primera impresión, el pillaje de miles de damnificados en Chile que buscan remediar sus necesidades parece fuera de lugar en una nación cuyas clases dirigentes han vendido la imagen de un país que aspiraba a ser incluido en el primer mundo.

Después de la sanguinaria dictadura de Augusto Pinochet, la clase política profesional se afanó en construir la imagen de una nación que no encajaba como país latinoamericano. Vendieron la idea de una clase gobernante que promovía la expansión de un Estado de bienestar, el empleo y una economía sana. Claro, no había que tocar los intereses políticos y económicos heredados de la dictadura de Pinochet, como el hecho de que 10 por ciento de la renta de la venta del cobre se va directo a las fuerzas armadas.

De pronto, todo este sueño se desvanece ante las imágenes de miles de chilenos que asaltan tiendas y comercios. No sé exactamente cuál es la fuerza social y qué sujetos participan en estos hechos de pillaje, pero es tan intensa que revela algo muy profundo. Algunos analistas y periodistas chilenos apuntan hacia algunas explicaciones que deben tomarse en cuenta antes de juzgar y estigmatizar a los chilenos que han asaltado la propiedad privada para hacerse presentes.

Jorge Lagos Nilsson escribe en el sitio Sur y Sur: “Se los define: desalmados, delincuentes, turba fuera de control. Las llamas del incendio de una tienda por departamentos en el centro de Concepción se distinguen de lejos. Los vecinos se arman como pueden para rechazar a los malvivientes que, se asegura, saquean los hogares ya no contentos con desvalijar al comercio. En tres ciudades, el toque de queda se extendió desde las 20 hasta el mediodía del martes… ¿Un Chile anómalo? La respuesta es no: es el quiebre de Chile normal bajo circunstancias anómalas”.

Vicky Torres: “Las imágenes de violencia y los saqueos contra las grandes empresas [Homecenter, La Polar, supermercados] dejan al descubierto el resentimiento largamente acumulado de la población contra los negocios donde durante años se han endeudado”.

El Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores indica en un artículo: “Además de las rutas, carreteras concesionadas y puentes, son precisamente viviendas antiguas y nuevas, hospitales públicos y amplias zonas de los pueblos, de las comunas y barrios más pobres desde la Quinta hasta la Novena Región, donde se han provocado los daños principales. Los muertos, desaparecidos y heridos corresponden a la población más empobrecida de Chile”.

En resumen, revelan estos autores, el terremoto no hizo sino revelar y sacar a flote una fractura social que estaba latente, fractura que las clases acomodada y gobernante trataban de minimizar. En Chiapas fueron las comunidades indígenas zapatistas las que enterraron el sueño salinista de considerar a México como primer mundo; en Chile, el sueño de las clases altas quedó enterrado en los escombros del sismo.

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