Irak y la potencia declinante

Rubén Martín / Público, 18 marzo 2010

Al anochecer de hace siete años comenzó en Bagdad uno de los asedios militares más atroces de la historia. A partir de la madrugada del 19 de marzo (18 en México) y hasta mediados de abril de 2003, las fuerzas armadas de Estados Unidos arrojaron más de 800 misiles Tomahawk, mientras que se despacharon miles de salidas aéreas para golpear militarmente la capital de Irak, otras ciudades, ministerios y edificios públicos y la infraestructura civil. Se calcula que la coalición militar liderada por Estados Unidos llevó a cabo catorce mil salidas en un mes, y que se arrojaron miles de bombas y misiles desde aviones, submarinos y portaviones estadounidenses y británicos.

Con el nombre de Operación Libertad Iraquí, se puso en marcha la invasión a esa nación árabe por parte de Estados Unidos y algunos aliados militares que secundaron una ocupación que no contó con el aval de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Ahora sabemos que la justificación del trío de las Azores: George W. Bush de Estados Unidos, Tony Blair de Gran Bretaña y José María Aznar de España, de que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva y que patrocinaba el terrorismo internacional era falsa.

Se ha documentado ahora que dichos justificaciones para invadir Irak eran falsas. Según un organismo civil estadunidense (Public Integrity), se dijeron 935 mentiras para justificar la guerra.

La constatación de que se mintió no proviene únicamente del campo que en todo el mundo se opuso a la invasión de Irak. De hecho en hay investigaciones parlamentarias en curso en Estados Unidos, Gran Bretaña (liga al Parlamento Británico sobre este tema: http://www.publications.parliament.uk/pa/cm200809/cmselect/cmpubadm/721/…), España y en Holanda la decisión de apoyar la invasión iraquí provocó recientemente la caída del gobierno.

En realidad era mentira que Bush y sus asociados procuraran un mundo más estable y seguro con la salida Saddam Hussein del poder. Tampoco era cierto que su propósito de largo alcance consistiera en coadyuvar a llevar la libertad y la democracia a un pueblo oprimido.

La verdad es que Estados Unidos procuraba con la invasión a Irak relanzarse como potencia imperial, como esbozaron los neoconservadores que rodeaban a Bush.

No está de más recordar que el Medio Oriente era hace siete años la principal bodega de hidrocarburos del mundo y como sabemos los hidrocarburos y sus derivados son la energía que mueve la economía capitalista. Al emplazarse militarmente en el país que entonces tenía las segundas reservas probadas de petróleo permitían a Estados Unidos tomar el control de la llave energética mundial. Queda claro que esta posición militar se quería convertir en una ventaja estratégica sobre los otros competidores capitalistas: la Unión Europea, Japón, China y Rusia.

Fue tan fácil la toma de Bagdad, que muchos pensaron que los objetivos de expansión imperial de Estados Unidos se habían conquistado.

¿Qué saldo deja la invasión de Irak a siete años de distancia? En primer lugar un enorme saldo en muertes y afectados civiles. La agrupación Iraq Body Count ha registrado desde marzo de 2003 a la fecha la muerte de entre 95,641 y 104,340 civiles en Irak (http://www.iraqbodycount.org/database/). Otras publicaciones médicas cifran la muerte de civiles, por causas directas de la invasión y de manera indirecta por los combates con la resistencia iraquí, en más de 600 mil muertes. La invasión también ha enlutado a miles de familias estadounidenses (y de paso a decenas de hogares mexicanos). En el mismo lapso han muerto 4,385 soldados estadunidenses en Irak (http://www.icasualties.org/).

Contrario a lo que pregonaba Bush, la invasión no creo un mundo más estable y seguro, y además aceleraron la tendencia hacia el declive de Estados Unidos como potencia mundial.

Hoy, Estados Unidos es el país más poderoso en términos militares, pero también tiene el gobierno más endeudado del planeta. El dólar estadunidense depende de las enormes reservas de divisas chinas y japonesas, además de que el peso de Estados Unidos ha retrocedido en varias regiones del mundo, como ocurre en América Latina, donde han avanzado iniciativas políticas y diplomáticas que han debilitado los controles gringos en esta región. En resumen, la invasión de Estados Unidos a Irak ha acentuado el declive de ese país como potencia hegemónica en la economía-mundo capitalista.

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