Mafia y capitalismo

Rubén Martín / Público, 29 julio 2010

Cada vez es más patente el rotundo fracaso de la estrategia de Felipe Calderón Hinojosa en contra del narcotráfico, su publicitada guerra a la delincuencia organizada. La ofensiva calderonista contra el crimen ha contribuido a generar el periodo de mayor violencia, muerte e inseguridad en la historia reciente del país.

Sus saldos son terribles: más de 23 mil muertos de los cuales 5 por ciento (más de mil personas) son civiles inocentes, decenas de ciudades bajo control de la delincuencia, corrupción policiaca y militar sin parangón, envilecimiento de la justicia, y una escalada de violencia que puede tocar a cualquiera. Si a Calderón se le juzgara como un entrenador de la selección, o como un director de empresa, hace tiempo que habría sido despedido.

Claramente su estrategia contra el crimen organizado es un fracaso, y claramente el empeño de este gobierno en seguir esta política está propiciando que regiones y poblaciones del país que gozaban de relativa calma, en apenas unos meses se tornen en zonas de guerra e inseguridad. Basta revisar la situación de Monterrey un año atrás y de Guadalajara apenas hace cuatro meses.

Urge cambiar no sola la estrategia; más que eso, es necesario enfocar el tema del narcotráfico y la delincuencia organizada desde otras lógicas, para aplicar otras medidas que permitan detener la espiral de violencia. A estas alturas de muertos, descabezados, descuartizados, reos que salen a matar, gobernantes coludidos con los capos y ciudades bajo el mando de los cárteles, es obvio que el Estado mexicano y la clase política están rebasados y que la solución no vendrá de ahí.

Para empezar, hay que mirar al narcotráfico como lo que es, un negocio que opera bajo la lógica capitalista. Aunque ya parezca algo trillado, conviene aprender de la experiencia de la ley seca de Estados Unidos en la década de 1920.

El escritor y ensayista alemán, Hans Magnus Enzensberger, escribió una estupenda crónica de ese periodo gobernado por las bandas mafiosas en Chicago. En La balada de Al Capone. Mafia y capitalismo (editorial Errata Nature, Madrid, 2009) nos precisa el saldo de la ley seca en Estados Unidos: “medio millón de detenciones; penas de prisión por un total de 33 mil años; dos mil muertos en la guerra del aguardiente de los gángsteres; y 35 mil víctimas de intoxicación por alcohol”. Produce escalofrío confirmar que el saldo de la guerra calderonista contra la delincuencia supera con creces lo que ocurrió en Estados Unidos.

El ensayo de Enzensberger ofrece una sabrosa crónica de quienes eran los capos de la mafia que se convirtieron en los reyes de un negocio ilegal, y ofrece un contexto social e histórico para situar este periodo clásico de mafia y capitalismo.

El primer punto es que el negocio de la producción y venta de alcohol se convierte en jugosamente lucrativo debido a su prohibición. “Había por primera vez una necesidad general e imperiosa cuya satisfacción estaba prohibida por la ley (…) Los gángsteres no titubearon mucho a la hora de sacar partido de ésta oportunidad única”.

El otro punto relevante consiste en situar las actividades de las bandas gangsteriles de Johnny Torrio y Al Capone no en el terreno del cuestionamiento moral sino en terreno pragmático de los negocios capitalistas.

“Como cualquier otra industria, el negocio del alcohol obedecía a las reglas estructurales de la evolución capitalista (…) Capone vio las posibilidades que ofrecía una forma de monopolio económico. Como paso previo, se ofrecía un oligopolio de las firmas que dominaban el mercado”.

Vista así, la lógica de la violencia puede entenderse de otro modo: “La guerra de bandas en Chicago no es más que la continuación de del negocio con otros medios. No lo motivaron el afán de aventuras ni la fanfarronería; la lógica económica la impulsó. El sindicato [de mafiosos] se vio forzado a la expansión, sus competidores tuvieron qué defender sus zonas de venta y participación en los mercados”.

Finalmente, Enzensberger nos explica que atajar la violencia y la descarada colusión que había entre mafiosos y gobernantes solo fue posible cuando la sociedad se movilizó desde abajo y por su cuenta pues era obvio que los políticos que se beneficiaban de la venta ilegal de alcohol (y otras actividades) no tenían ningún interés real ni de fondo para acabar con este lucrativo negocio capitalista.

¿Simple coincidencia con lo que pasa ahora en México?

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