Playas libres

Rubén Martín / Público, 19 agosto 2010

A lo largo de décadas de antagonismo social en el país, algunas consignas han sintetizado el espíritu político de la época. La más conocida de todas las consignas es, para mi gusto, “tierra y libertad” de las comunidades campesinas morelenses dirigidas por Emiliano Zapata; casi al mismo tiempo, Francisco I. Madero lanzó una consigna más moderada: “sufragio efectivo, no reelección”.

Al correr del siglo XX se fueron acumulando demandas que se tradujeron en consignas: en la década de 1950 los ferrocarrileros pidieron democracia sindical y terminar con el charrismo sindical, al igual que los médicos en los sesentas y la insurgencia sindical en la década de 1970. En 1980 se escribían, pintaban y gritaban consignas contra la austeridad y por la libertad de presos políticos y presentación de los desaparecidos. Lo que parece una novedad es la consigna “no a la privatización de playas”, que se ha derivado del desalojo de pobladores, comerciantes y pescadores del poblado de Tenacatita, en la costa jalisciense.

Como se sabe, había un largo litigio jurídico por la posesión de esa hermosa playa. Es un litigio en el que cada parte reclama la razón amparada en documentos. Pero en lugar de deslindarse por una vía razonable, un juez concedió la razón a una empresa particular, Inmobiliaria Rodenas, afectando a cientos de propietarios y a casi 800 pobladores, pescadores y comerciantes que residían y se ganaban la vida en Tenacatita.

Para cumplir la orden, el juez de Primera Instancia de Cihuatlán, José Reyes Victoriano González, solicitó el apoyo de la fuerza pública, merced a lo cual el Poder Ejecutivo del estado envió a más de 150 policías estatales que llegaron a las tres de la madrugada a la playa de Tenacatita para desalojar de manera sorpresiva. Ahora sabemos que el juez no pidió que la policía estatal se quedara ocupando la playa ni mucho menos la carretera pública que llega a ese punto de la costa (ver nota de Maricarmen Rello en esta edición, página 6).

Conforme pasan los días tras este desalojo se va haciendo cada vez más evidente el carácter arbitrario y la complicidad con la que instancias gubernamentales actuaron para favorecer a un particular en contra no sólo de una comunidad de pescadores y comerciantes, sino contra toda la población, pues de un plumazo y en un literal madruguete se privatizó una playa que hasta el miércoles 4 de agosto era pública, era un bien común, es decir, un territorio que podía ser disfrutado por todos los que quisieran hacerlo.

De no revertirse la situación de ocupación y de despojo de los pobladores de Tenacatita, ahora una empresa convertirá esa playa en un bien privado, para disfrute de unos pocos y con el propósito de hacer un lucrativo negocio turístico.

Este es el cambio fundamental que está de fondo en el caso de Tenacatita: la apropiación privada de playas y territorios en toda la costa de Jalisco. En un espléndido trabajo periodístico, Agustín del Castillo nos permitió comprender la magnitud de este cambio: “Según las estadísticas más recientes de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), 82 por ciento del litoral enclavado entre Boca de Tomates, al norte, y río Marabasco, al sur, está concesionado en manos privadas, lo que de jure no significa que se pueda impedir el acceso a las playas, pero en los hechos, es lo que aplica”.

Basta ir a varias de la playas que hace diez o quince años visitábamos los tapatíos en la costa de Jalisco, Colima y Nayarit para darnos cuenta del drástico cambio que se viene operando. Una privatización acelerada de playas y territorios naturales que, en la mayoría de los casos, se derivan de procesos de despojos ya sea mediante triquiñuelas legales o mediante la violencia pura y dura. De este proceso se ha escapado hasta ahora la costa de Michoacán gracias a que las comunidades indígenas se han opuesto a este proyecto de desarrollo que las clases propietarias les venden.

De modo que la pelea en contra de la privatización de Tenacatita implica una de las luchas políticas fundamentales de la época: la lucha en contra de la privatización de playas, territorios y recursos naturales y por mantener como bienes comunes, bienes disfrutables para todos, las playas, las tierras, los parques, las calles, los recursos naturales, en fin, todo y no dejarlo a la voraz tendencia que busca la apropiación de todo para el lucro privado.

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Un comentario en “Playas libres

  1. Chinguen a su madre los privatizadores de todo México empezando por el puto gobernador de Jalisco que permite que le den en la madre a tan bonita playa de Tenacatita.

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