Políticos swingers

Cartón: Hernández

Rubén Martín / Público, 9 septiembre 2010

La revelación de que Óscar García Manzano (miembro de un equipo de gobierno panista) pidió el apoyo al priista Arturo Zamora Jiménez para apoyar al entonces candidato a alcalde priista Héctor Vielma, ha levantado una polvareda pero confirma algo elemental en el sistema político: que los partidos no son entidades de interés público, sino cofradías de intereses de los grupos de poder.

Es además una buena perla de que las elecciones son un sistema de tráfico de intereses y favores y no una campaña de partidos bien definidos ideológicamente que buscan convencer al electorado de su propuesta.

Únicamente lo que dejan ver las grabaciones que se hicieron públicas estos días dejan ver las alianzas bizarras que se establecieron entre prominentes miembros de la clase política jalisciense.

Por un lado un miembro de un gobierno panista (García Manzano) contacta con al menos tres priistas para pedirles que apoye a un candidato del PRI. A su vez, un candidato del PAN en Zapopan (Guillermo Martínez Mora) reveló que un priista (Arturo Zamora) le ofreció apoyo a cambio de que le cediera la dirección de seguridad pública del municipio.

Pero hay más. Hace tiempo se escuchó al ex presidente del PAN en Jalisco, Eduardo Rosales Castellanos comentar los detalles de una reunión celebrada en Jalisco.

Ocurrió el 15 de mayo de 2009, apenas arrancada la campaña local se reunieron los liderazgos panistas. El gobernado Emilio González Márquez, Herbert Taylor Arthur, Fernando Guzmán, Alonso Ulloa Vélez, Jorge Sánchez y Guillermo Martínez Mora por el equipo del mandatario estatal. Y acudieron Eduardo Rosales, Jorge Salinas, Abraham González Uyeda y Ricardo Rodríguez.

Ahí se analizó el clima electoral, las estrategias, las campañas y se revelaron los arreglos. Herbert Taylor contó que había que intensificar el trabajo en Guadalajara pues en Zapopan estaba más fácil gracias a que ya tenían acuerdos con Arturo Zamora para que apoyara a Martínez Mora.

Más allá de los detalles de estas lealtades partidistas de chicle, lo que me interesa resaltar es que las supuestas traiciones e intercambio de favores bajo la mesa que revelan las grabaciones de estos días no son anomalías de políticos sin escrúpulos, sino el pan diario de la política profesional. El caso dado a conocer esta semana no es el único.

Por ejemplo, en 2003 el propio Eduardo Rosales (entonces funcionario del gabinete de Francisco Ramírez Acuña) gestionó el apoyo del partido estatal El Barzón, que dirigía Maximiano Barbosa Llamas, a algunos candidatos del PAN, eso cuando en el pasado El Barzón se declaró enemigo jurado de los gobiernos panistas.

Ese mismo año de elecciones locales, Emilio González amarró el apoyo de varios cuadros priistas inconformes con la candidatura de Jorge Arana a Guadalajara. Emilio llegó de alcalde y supo recompensar con huesos y puestos a varios de los priistas que lo apoyaran.

En 2006 Emilio González y la dirigencia del PAN lograron un acuerdo con una corriente del Partido Verde Ecologista de México mediante el cual impulsó a sus allegados, algunos se lanzaron por el PAN y otros por el Verde. También sumó a varios priistas a su campaña.

En la misma elección por la gubernatura fue claro el papel de comparsa que jugó el Partido Nueva Alianza a favor del abanderado del PAN.

Más atrás, cuando el PRI puso de moda elegir candidatos mediante elecciones abiertas, Herbert Taylor (entonces presidente del PAN) reveló que su partido intervenía en los comicios priistas para apoyar al candidato más débil, y así dejar fuera de la contienda al adversario que podía derrotarlos en la elección constitucional.

Un jugador experimentado de las alianzas bizarras es el grupo político de la Universidad de Guadalajara, a grado tal que sus grupos movilizados participaron en infinidad de elecciones internas priistas para apoyar al candidato que la jefatura del grupo decidía apoyar, a pesar de su militancia perredista.

Otros ejemplos exitosos de políticos swingers, totalmente intercambiables, son decenas de candidatos priistas que se pasan al partido que les ofrece la candidatura.

Estos son apenas unos ejemplos de que la política partidista y las votaciones no son un ejercicio democrático, si no más bien un tianguis de transacciones entre grupos de poder. Es el ADN del sistema político liberal, quien espere otra cosa de esta fachada de democracia, peca de ingenuo.

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