Historia del pleito Ejecutivo-UdeG

Rubén Martín / Público, 23 septiembre 2010

Salvo algunas pausas, las relaciones entre el Ejecutivo del estado y las autoridades que gobiernan la Universidad de Guadalajara (UdeG) suelen ser más de conflicto que de cooperación. Así ocurrió antes cuando gobernaban mandatarios surgidos de las filas del tricolor, y así ha ocurrido ahora que el gobierno estatal está en manos de políticos emanados de Acción Nacional.

En los últimos 50 años no hay década que no registre al menos una situación de conflicto entre el Ejecutivo y la UdeG. De modo que el pleito que ahora mantiene la administración del gobernador Emilio González Márquez con el grupo político que controla la UdeG no es una novedad en la historia de la región.

Regularmente el pleito entre el grupo gobernante y el grupo que gobierna la universidad se justifica por motivos ideológicos. Por ejemplo, el gobernador Jesús González Gallo entabló pleito con el grupo de la UdeG en la década de 1950 debido a que la organización estudiantil de entonces tenía una filiación cardenista, corriente política que aborrecía el entonces titular del Ejecutivo. En los setentas, tras el asesinato de Carlos Ramírez Ladewig, el grupo universitario se distancio del Estado mexicano a quien acusó de estar detrás de la muerte de quien era su jefe político.

A fines de los ochenta el rector Enrique Alfaro Anguiano encabezó mega-manifestaciones para exigir más presupuesto al gobierno federal que encabezaba Miguel de la Madrid y el gobierno estatal de Enrique Álvarez del Castillo.

Poco antes de que el PRI perdiera el poder estatal, el gobernador priista Carlos Rivera Aceves mantuvo fuertes conflictos y tensiones con el entonces rector Raúl Padilla López, también por exigencias de mayor presupuesto y además porque la UdeG demandaba que la autonomía que tenía de facto, se le concediera en la ley. Y ganó. En este pleito tuvo que mediar incluso el entonces secretario de Gobernación Patrocinio González Garrido.

En 1995 se sabe que Eugenio Ruiz Orozco (candidato del PRI) llegó a decir que si llegaba a la gubernatura metería a la cárcel a Raúl Padilla. Ruiz Orozco perdió la elección, pero Padilla López no dejó el control de la UdeG.

Aquí cabe recordar algo que quizá ahora muchos lamenten: justamente por esta mala relación que mantenían Padilla López y Ruiz Orozco, el grupo UdeG apoyó de manera velada la campaña del panista Alberto Cárdenas Jiménez en 1995.

Tan fue activa la participación del grupo UdeG en contra del PRI hace quince años, que el entonces rector pedía como compensación la secretaría de Educación y Cultura.

Después las relaciones entre el grupo UdeG y los panistas empeoraron porque Alberto Cárdenas pretendió quitar el manejo de los Hospitales Civiles al grupo político universitario. Y el PAN no pudo.

En 1996 el entonces presidente del PAN, Herbert Taylor Arthur, impulsó una auditoría a la UdeG pero luego los gobernantes panistas se plegaron porque admitían que no se sentían con la fuerza para enfrentar al grupo universitario.

Y llegamos al gobierno de Emilio, quien paradójicamente arrancó su sexenio recibiendo en privado a Raúl Padilla López, al rector saliente Trinidad Padilla y al rector entrante Carlos Briseño Torres, en una larga francachela donde corrió la comida y la bebida. Quién fuera a pensar que ahora las relaciones están en un punto que parece de no retorno.

Como puede verse, la historia de las relaciones entre el gobierno estatal en turno y los administradores de la UdeG son más de conflicto que de cooperación.

Entonces cabe la pregunta, ¿por qué hay tensión y conflicto político entre las dos entidades públicas más grandes del estado? La respuesta es que se pelean justamente por eso, por ser las entidades públicas que más recursos manejan, recursos que a su vez les permite financiar a grupos políticos extensos, grupos que a su vez pelean por amplias tajadas del poder estatal.

La UdeG ha manejado más de 20 mil millones de pesos en los últimos cuatro años, el Ejecutivo, ha dispuesto de casi 200 mil millones de pesos. Dicho de otro modo, son competidores naturales por el manejo de recursos financieros y parcelas significativas del poder estatal.

Se podrán escuchar justificaciones de tipo ideológico (dizque uno es liberal y otro conservador), o de tipo ético (que uno desvía recursos públicos y que el otro no), pero en realidad estamos ante actores políticos semejantes con motivaciones idénticas: una pelea burda y dura por el poder estatal.

 

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