Explotación a niños y ancianos

Foto: Héctor Jesús Hernández, La Jornada JaliscoRubén Martín / Público, 7 octubre 2010

Dentro de 50 años, cuando los curiosos profanos o los historiadores expertos miren hacia esta época para saber qué ocurría con la población de Jalisco en el 2010 y miren lo que se publicaba en los medios de información, se llevarán un gran chasco. Pensarán que la sociedad de esta región estaba concentrada y entretenida en un solo tema: el conflicto entre el grupo que controla el Poder Ejecutivo y el grupo controla la Universidad de Guadalajara (UdeG).

Los medios hemos inundado los noticieros de radio y televisión, las páginas de periódicos y los sitios de Internet con la reseña del conflicto entre ambos grupos políticos.

Lo cierto es que para la mayoría de la gente, el conflicto entre ambos grupos de profesionales del poder ni le va ni le viene. Digo lo anterior con autocrítica, de un trabajador en medios de información.

Si miramos más allá de la grilla, el mundo de vida de la gente tiene otras prioridades y preocupaciones. La principal de ellas consiste en reproducir la vida que significa la batalla cotidiana por tener un trabajo que proporcione los ingresos necesarios para pagar los satisfactores básicos personales o de una familia.

Y este es la gran preocupación de la gente común, no si los jefes de dos grupos políticos se caen mal y se amenazan y mientan la madre en la casa de uno de ellos.

A pesar del discurso felizologo de los gobiernos, hay crisis de empleo. Por un lado los trabajos escasean y del otro lado quienes tienen un empleo, padecen mayores cargas de trabajo y disminución constante del salario, aunado a un recorte sistemático de las prestaciones laborales.

Esta ha sido la constante del modelo neoliberal que se ha aplicado en México desde hace 25 años, el problema es que la crisis financiera internacional de 2008 ha intensificado las estrategias empresariales de disminución de gastos que ha se traducen en despidos, recortes salariales y de prestaciones, lo que aumenta significativamente las cargas para las personas que viven de vender su fuerza de trabajo.

La situación es de por sí difícil para la mayoría de la clase trabajadora, pero se vuelve una situación prácticamente al límite para la mayoría de las familias puesto que el ingreso del jefe de la unidad doméstica ya no alcanza para mantener a toda la prole. Esto es lo que explica por qué vemos a más niños y ancianos trabajando en la calle o en las empresas que explotan su trabajo, especialmente las tiendas de autoservicio.

Reportes recientes de prensa nos precisan que en Jalisco uno de cada cuatro adultos mayores (de más de 65 años) se ve obligado a trabajar para mantenerse (Público, 28 agosto 2010).

No creo que yo, ni mis eventuales lectores, podríamos imaginar la angustia de una persona anciano que necesita un trabajo y no puede obtenerlo justamente por ser mayor de edad. Es un estado de angustia y presión que jode la calidad de vida de una generación de personas que ya aportó su esfuerzo laboral a la sociedad y que por la incapacidad de la clase gobernante y el lucro capitalista no pueden dedicar la última parte de su vida a descansar o actividades creativas pero decididas libremente por ellos.

A su vez, en 19 de cada 100 hogares de Jalisco los niños se ven obligados a buscar un empleo para aportar recursos al hogar; 40 por ciento de estos niños no asisten a la escuela con lo cual se está condenando a una generación al círculo perverso de la pobreza (El Occidental, 21 agosto). No van a la escuela por la necesidad de trabajar y la falta de escuela se traducirá en menos oportunidades de conseguir empleos mejor pagados, con lo que aumentan las posibilidades de vivir en la pobreza.

La presión y urgencia económica que obliga a niños y ancianos a salir a ganarse la vida es una muestra más del fracaso del actual modelo económico y social, es además otra confirmación (por si fuera necesario) de la absoluta incapacidad e irresponsabilidad de la clase política que dedica la mayor parte de su tiempo y energías a destruir a sus adversarios que le disputan el poder.

Es una confirmación más de la profunda brecha que existe entre la población y la clase dirigente que es incapaz de resolver los satisfactores mínimos de los gobernados.

Pero como se ha dicho en este espacio repetidamente, la salida no vendrá de arriba ni de sus caducos y obsoletos dirigentes políticos. ¿O de verdad alguien de verdad cree que el futuro de nuestros hijos pueda dejarse en manos de Emilio González Márquez o de Raúl Padilla López?

 

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