La Revolución que quieren desaparecer

Rubén Martín / El Respetable,  29 noviembre 2010

El recuerdo del paso de los gigantes de la compañía de teatro urbano francesa, Royal de Luxe, será perdurable para decenas o quizá cientos de miles de tapatíos que se agolparon al paso del pequeñao gigante, su tío bicentenario y el juguetón perro Xolo.

Las escenas en las calles y avenidas de la ciudad durante el paso de estos gigantes eran sorprendentes: miles de personas acompañando el paso de los personajes, estaciones del tren ligero colapsadas, largas filas para comprar pasajes, vendimia callejera al tope, restaurantes atestados, en fin, miles de tapatíos movilizados que terminaron por trastocar el centro de la ciudad y sus sistemas de servicio.

Como se sabe, este espectáculo fue patrocinado por el gobierno federal como parte de los festejos del centenario de la Revolución Mexicana. Aunque todavía quedan por ahí algunas dudas qué despejar, puesto que el espectáculo estaba contemplado para llevarlo a cabo en el Distrito Federal, pero al final se decidió traerlo a Guadalajara.

Muy bien, los gigantes encantaron a los tapatíos, pero ahora cabe preguntarse. ¿Qué carajos tiene que ver la historia de los gigantes con la Revolución Mexicana? La respuesta es sencilla: absolutamente nada, a pesar de los absurdos esfuerzos que intentó hacer Felipe Calderón Hinojosa en el video en el que presumió que su gobierno pagó dicho espectáculo. Según la retorcida historia que intentó vender el gobierno de Calderón, el tío gigante respondió al llamado del grito de Independencia de Miguel Hidalgo hace 200 años, pero por alguna extraña razón quedó enterrado en su sarcófago y desde la Revolución, su pequeña sobrina lo busca acompañada de un simpático perro. Ajá.

Claramente se trata de una historia forzada que únicamente pretende justificar el pago de 74 millones de pesos por dicho espectáculo, aunque no tenga nada que ver con los festejos de la gesta armada de hace cien años.

Esto nos lleva al fondo del asunto: la desaparición de los festejos de la Revolución en este Centenario.

Claramente a los panistas en el poder les da urticaria, recelo y hasta satisfacción intentar que pase desapercibido una fecha tan relevante en la memoria de las clases populares mexicanas.

De hecho, parece una especie de revancha histórica, pues como se recuerda el Partido Acción Nacional (PAN) nace en 1939 como una fuerza política opuesta al cardenismo, que era la facción dominante de la Revolución hecha gobierno.

En ese sentido no sorprende que Calderón se haya centrado en festejar el Bicentenario de la Independencia puesto que cree que es una fecha histórica más neutra ya que supone que se trata solamente de la fecha de la fundación del Estado independiente de España y por tanto, todos los mexicanos estaríamos de acuerdo en festejar ese hecho histórico. Como corresponde a la visión de las clases políticas conservadoras, Calderón y los panistas esconden que la Independencia fue más que nada una revuelta y revolución de las clases rurales de nuestra nación, en contra de privilegios de los acomodados, ya fueran españoles o nacidos en América.

Si en el caso de los festejos del Bicentenario el gobierno de Calderón, en los que invirtió casi 3,000 millones de pesos escondió esta veta insurgente, ya no digamos en el festejo de la Revolución donde claramente el alzamiento es clasista: una revuelta de las clases bajas en contra de los privilegios, abusos, despojos y represiones de los de arriba. Por eso Calderón hizo todo lo posible por que la Revolución pasara desapercibida.

Lo que llama la atención es que también los priistas y perredistas hicieran algo semejante. No parece que ni PRI ni PRD hicieran un esfuerzo mucho mayor que el PAN para conmemorar el Centenario de la Revolución en este país.

Y eso es lo que ocurre, la clase política profesional está muy acomodada, privilegiada y recompensada con el actual sistema social. Aunque en sus discursos y en el nombre de sus partidos todavía circule la palabra revolución, o revolucionario, en la práctica, son la nueva clase en el poder que no quieren que las cosas cambien.

La revolución se ha vuelto, como hace cien años, peligrosa para las clases altas y acomodadas.

Pero no es así para las clases bajas. En sorprendente cómo en la memoria popular persiste el recuerdo de la Revolución como una suerte de revancha histórica, un recordatorio de que el pueblo de vez en vez pone en su lugar a los explotadores y abusadores, un ejemplo vivo de que sí es posible forjar otro tipo de políticas y otro tipo de dirigentes, que sí responden a quienes los ponen ahí y no se aprovechan para beneficio personal de encabezar a miles de sujetos que se rebelan e insubordinan.

A la vez, el cuadro social que miran cientos de miles de mexicanos es sorprendentemente parecido al que existía hace cien años. De hecho ya hay una revolución en curso, sólo que desde el poder y con las anteojeras liberales no la ven. Pero desde abajo si se mira.

 

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