La revolución no llega vía Facebook

Celebración en la plaza Tahrir en El Cairo, Egipto

Rubén Martín / Público, 3 marzo 2011

La exageración del peso de las redes sociales en las movilizaciones ignora que para que exista protesta social debe existir un sujeto agraviado, indignado que de buenas a primeras sale a protestar.

El mundo árabe se ha convertido en un extraordinario escenario de la revuelta social planetaria, de tal calado que al mismo tiempo que está atemorizando a las clases dominantes del mundo, ha abierto un debate interesante sobre las formas y el contenido de las protestas sociales contemporáneas. Las movilizaciones de los últimos meses ocurridas en Túnez, Egipto, Argelia, Libia, Yemen, Bahréin, Irán e Irak son un buen mirador de cómo se están expresando las subjetividades dominadas en la actualidad.

La rapidez con la que la revuelta se ha extendido por el mundo árabe ha llevado a muchos opinadores y observadores a sostener que el uso de las redes sociales ha jugado un papel clave en la emergencia y difusión de la inconformidad social de millones de personas que de buenas a primeras salen a la plazas públicas a exigir el fin de las oligarquías liberales, monarquías o dictaduras que les han dominado desde hace varias décadas.

La observación sobre el peso del uso de las redes sociales en estas protestas es tal que llevó a una comentarista de CNN a sostener que sin Facebook o Twitter no habrían emergido dichas protestas. Es una completa exageración.

Otros más moderados, de todos modos, consideran que el intercambio y producción de información vía Facebook o Twitter ha sido vital para que se produzca el terremoto político que han significado las revueltas, rebeliones y revoluciones que han ocurrido en el mundo árabe.

Atribuir a las tecnologías la difusión y extensión de la protesta social no es nada nuevo. Ocurrió en Filipinas cuando hubo movilizaciones en 2001 en contra del presidente J. Estrada. Un investigador estadunidense consideró que el uso de Internet y teléfonos móviles fue decisivo y ahí acuñó la expresión de “multitudes inteligentes” para referirse a estos casos.

En marzo de 2004, luego de los bombazos a trenes de cercanías en Madrid, se usaron teléfonos celulares para convocar a protestas en contra del gobierno de Aznar, quien mintió sobre el origen de los atentados.

Las movilizaciones en contra del fraude electoral en Irán a mediados de 2009 fue la primera ocasión que se usó Twitter como tecnología de la protesta.

Y ahora muchos sostienen que sin Twitter y Facebook no habría la protesta del mundo árabe. Creo que se equivocan. Se confunde el fondo con la forma. Se olvida que la información la producen sujetos de carne y hueso y que la difusión más o menos rápida de la protesta social no es un fenómeno contemporáneo, como puede dar fe la historia de las revoluciones en el mundo. Desde las guerras campesinas europeas, las protestas campesinas ocurridas en el mundo andino a fines del siglo XVIII, las revoluciones europeas de 1848, las protestas juveniles y obreras de 1968 o las protestas en Europa del Este en 1989 confirman que han existido momentos concretos en la historia de la movilización social mundial en la que convergen factores para permitir su pronta y rápida difusión transnacional.

Como señaló atinadamente Silvia Blanco tras la exageración del uso de Twitter en las manifestaciones iraníes de 2009: “Las redes sociales amplifican las protestas y generan opinión en oleadas, pero no sacan a los ciudadanos a la calle” (El País, 9 julio de 2009).

Un análisis semejante acaban de plantear Michael Hardt y Antonio Negri: “El predominio en las revueltas de las redes sociales, como Facebook, YouTube y Twitter, son síntomas, y no causas, de esta estructura organizativa. Estos son los modos de expresión de una población inteligente y capaz de utilizar los instrumentos a su disposición para organizarse de forma autónoma (Rebelión, 28 de febrero de 2011)”.

La exageración del peso de las redes sociales en las movilizaciones ignora que para que exista protesta social debe existir un sujeto agraviado, indignado que de buenas a primeras sale a protestar, tal como fue el caso en Túnez con la inmolación de Mohamed Bouazizi.

Antes de que la protesta se difunda y comunique en Facebook debe existir la dignidad de quien decide decir ya basta, la experiencia sedimentada e intercambios cara a cara para acordar acciones colectivas comunes. Si hay que priorizar un factor para explicar la potencia de las revueltas árabes, debemos hablar de formas autónomas de organización y coordinación antes que de Facebook, como lo dejó bien en claro la Comuna de la plaza El Tahrir en El Cairo.

 

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