Al demonio los gobiernos

Rubén Martín/ Público, 11 marzo 2011

Cada vez más se multiplican los ejemplos de sujetos, barrios, pueblos, comunidades y organizaciones que hartos de los incumplimientos de los gobiernos que mantenemos, se toman en sus manos la solución de sus problemas. Con autodeterminación, y autonomía están encontrando, incipientemente, la solución a los problemas que ningún gobierno o partido les va a resolver.

En Mezcala, las autoridades de la comunidad indígena toman las decisiones principales sin la anuencia del delegado municipal; en El Nixtituil, las familias y personas que integran el Comité Salvabosque se han convertido probablemente en el ejemplo más exitoso de defensa de un bosque, sin ayuda oficial; en Huaxtla, Ixcatán y otros pueblos del norte de Zapopan han avanzado en la defensa de sus comunidades en contra de la contaminación, al margen de las autoridades; en San Juan de Dios, las trabajadoras sexuales se procuran su salud sin tomar en cuenta a las dependencias de salud.

Hay otro ejemplo reciente. El sábado pasado unas 40 personas de distintos colectivos como Ciudad para Todos, Gdl. en Bici y Bicitec, cansados de la pereza y la incompetencia gubernamental, crearon por su cuenta y con sus manos tres kilómetros de ciclopista en la avenida Inglaterra, la misma que el gobernador de Emilio González Márquez pretende convertir en un negocio privado con el proyecto de la Vía Exprés.

En apenas una jornada de trabajo, estas 40 personas, en su mayoría jóvenes, crearon tres kilómetros de ciclovía. De manera ingeniosa montaron en un triciclo, un sistema para balizar la ciclopista, mientras tablones de madera sirvieron para fijar las señales respectivas, entre otras faenas que llevaron a cabo para concluir la obra (el video sobre este ejercicio colectivo se puede ver en la página de Crónica de Sociales).

Por la vía de los hechos, crearon de inmediato lo que los gobiernos instituidos (federal, estatal y municipal) han sido incapaces de lograr.

En apenas cuatro horas 40 personas crearon tres kilómetros de ciclovías. En una jornada anterior ya habían construido otros tres kilómetros. En total en los seis kilómetros invirtieron ocho mil pesos.

En una experiencia anterior, estos colectivos ciclistas construyeron cinco kilómetros de ciclovía con un costo de doce mil pesos.

En total han construido once kilómetros de vía para los ciclistas a un costo de 20 mil pesos. Es decir, pintar y señalizar cada kilómetro ha costado menos de 1,900 pesos.

Es un ejemplo muy interesante de eficacia y reducción sustancial de precios en la obra pública. El gobierno ha estimado que para construir los 1,500 kilómetros de ciclovía costaría un millón de pesos cada kilómetro.

A lo mejor no con la misma calidad, pero sí con más eficiencia y rapidez, los colectivos autoorganizados podrían pintar los 1,500 kilómetros de ciclovía con poco más de tres millones de pesos, muy lejos de los 1,500 mdp que costaría el proyecto de gobierno.

Véanse las ventajas: Más rápido, más barato y sin la mochada de corrupción que existe en todas las grandes obras públicas de los contratistas a los gobernantes.

Se que las soluciones no son tan sencillas, pero también es una realidad que esperar soluciones de parte de los gobiernos es peor, y es una ilusión condenada al fracaso.

Otra conclusión que se puede extraer de la ciclovía autónoma es que apostar por cambiar las cosas que no nos gustan de la ciudad o de la sociedad jugando en el terreno y en el tiempo del estado y de la clase política es una perdedora de tiempo y una trampa que termina cooptando a personas que desde el lado de abajo pueden ser útiles para resolver los problemas colectivos pero que una vez en las telarañas del poder se convierten en políticos mediocres y ambiciosos.

El ejercicio de la ciclovía autónoma confirma que el camino está en hacer las cosas por nuestra cuenta sin esperar nada de gobiernos negligentes, que generalmente trabajan a favor de mantenerse en el poder y a favor de los grandes negocios, pero no para resolver de raíz los problemas de la gente.

La ciclovía autónoma, como cientos y miles de iniciativas que se están construyendo desde abajo son la salida ante gobiernos desechables e incompetentes. ¿Para qué demonios necesitamos a los gobiernos?

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