PRD, nada qué celebrar

Cartón: Hernández

Rubén Martín / Público, 12 mayo 2011

El 5 de mayo el Partido de la Revolución Democrática (PRD) cumplió 22 de años de fundación. Más de dos décadas son suficientes para hacer un análisis socio-histórico de una organización política. Para decirlo pronto y conciso, el PRD en Jalisco (y en el país) llega a los 22 años sin nada qué celebrar.

No tiene nada que celebrar si se recuerdan los propósitos originales de los fundadores del PRD y si se comparan con lo que ahora es esta fuerza política. El PRD nació formalmente en mayo de 1989 en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México como una iniciativa política que pretendía integrar y mantener cohesionada a la gran fuerza social que se había movilizado por todo el país entre 1987 y 1989 en respuesta al viraje neoliberal del PRI.

Fue un movimiento popular que propició la fractura más fuerte que haya tenido el viejo partido tricolor; que hizo suya la candidatura del hijo del presidente que impulsó el reparto agrario, la nacionalización petrolera y la educación socialista; que se movilizó en contra del fraude electoral priista y que enfrentó la fuerte represión gubernamental una vez que el Estado y los poderes fácticos de este país decidieron imponer a Carlos Salinas de Gortari en la presidencia de la república.

El PRD se fundó como un esfuerzo decidido de distintos sectores populares y clases medias para hacer frente al bloque en el poder que decidió ligar el destino de México a los intereses económicos y geopolíticos de Estados Unidos.

Los fundadores de base del PRD pensábamos en un instrumento de lucha para enfrentar al autoritarismo priista, para detener el viraje de política económica; se pensó en un partido para combatir la corrupción y en un instrumento de defensa de las conquistas sociales que quedaron como fruto de la Revolución Mexicana. Se pensó en un partido de izquierda por su convicción de compromiso con los de abajo, con los más explotados de este país.

¿Qué es el PRD 22 años después? Todo lo contrario.

El PRD se vende como la opción de izquierda en el mercado electoral del sistema político liberal mexicano. Pero ahora ni siquiera cumple con dichas expectativas.

El PRD es un partido en crisis, una organización política en extinción y condenada a quedarse con migajas del pastel electoral porque en lugar de ser un instrumento de lucha para las capas bajas de la sociedad mexicana se ha convertido en comparsa de los grupos privilegiados de este país, en rehén de grupos políticos con intereses diversos, menos cambiar la sociedad. Legitimar a Felipe Calderón, después del fraude que les cometió en 2006, es un buen ejemplo de esta práctica política.

El ejemplo de Jalisco es patético. El PRD se ha convertido en mero apéndice del grupo político que encabeza Raúl Padilla López. Es apenas una herramienta para conseguir los fines de la camarilla universitaria.

El PRD le sirve al grupo UdeG para poner uno o dos regidores en varios ayuntamientos del estado; le sirve para poner a dos o tres diputados locales y desde ahí gestionar los asuntos del grupo UdeG. ¿Cómo cuáles? Recursos para la Universidad, la gestión de recursos para el Centro Cultural Universitario, obtener ciertas licencias y permisos para conciertos; y les permite intervenir en las negociaciones en asuntos del estado (presupuesto) e influir en la orientación de políticas públicas.

El PRD es además el espacio para que algunos cuadros de la UdeG hagan carrera política, permitiendo que algunos de ellos se enriquezcan. Éste es el PRD en Jalisco y nada indica que vaya a cambiar.

Incluso si los grupos antagónicos al grupo UdeG tuvieran la destreza y la fuerza política para derrotar a la camarilla universitaria, el PRD no se convertiría en el instrumento de lucha popular como ilusamente piensan algunos activistas y algunos políticos profesionales.

El PRD ha estado no sólo alejado de las principales luchas sociales en Jalisco, sino que en algunos casos es protagonista de episodios de persecución, como ocurrió con las tortilleras en San Isidro Mazatepec, a manos del alcalde perredista de Tala.

El PRD es ahora instrumento para legitimar un sistema político que a su vez legitima un orden social desigual y explotador.

Porque en el sistema liberal, como dicen los autores británicos Peter Taylor y Colin Flint, “los partidos pueden hacer que sujetos potencialmente rebeldes se conviertan en simples votantes”; peor aún, en meros votantes de partidos en decadencia.

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