La revolución llegó a Europa

Rubén Martín [@rmartin1011] / Público, 19 mayo 2011

Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean (…) Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie”.

Así arranca el manifiesto que miles de españoles suscribieron para convocar a la mayor movilización social desde la transición en ese país y que tiene desconcertada y desencajada a toda la clase política profesional española.

Desde el 15 de mayo, más de 130 mil ciudadanos españoles, se han convocado en céntricas plazas en 60 ciudades de España para manifestar su hartazgo tanto a un sistema económico que no les resuelve la vida, como a un sistema político y sindical que no los representa.

La expresión más visible de ésta potente movilización social se da en Puerta del Sol en el centro de Madrid, frente al gobierno autonómico.

La respuesta del gobierno ha sido criminalizar la protesta. Con el pretexto de que el domingo se celebran elecciones en España, los órganos electorales han querido ilegalizar la manifestación y amenazar con cárcel a quienes se acampen en las plazas. Las participantes han hecho caso omiso a las amenazas. Se ha querido deslegitimar la protesta diciendo que es un movimiento abstencionista que pretende dañar a un partido. Los convocantes a las movilizaciones han dejado en claro que están en contra tanto del PP como del PSOE.

La prensa ha bautizado a este movimiento con el nombre de “los indignados”; se parece mucho al “ya estamos hasta la madre” de los mexicanos, pero se parece aún más a las rebeliones y revueltas surgidas en el mundo árabe apenas en diciembre pasado. Es un claro eco y resonancia de las extraordinarias movilizaciones que las clases bajas de estos países. Ya sabemos lo que pasó en varios países árabes.

Pero ahora la revuelta y la revolución están en el centro del mundo desarrollado, y sin tendrá poderosas consecuencias en el resto del planeta.

La revuelta española no se gestó ahora; en todo caso emergió ahora. Esta poderosa movilización social se ha venido larvando desde hace una década con el fracaso de la integración europea, con el fracaso de una política económica que ha ido desmantelando el Estado de bienestar en provecho de políticas mercantilistas y neoliberales.

“El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso”, dice un párrafo del manifiesto lanzado en el sitio Democracia Real Ya, mostrando un contenido anticapitalista.

La actual movilización en más de 60 ciudades españolas forma parte del ciclo de protestas sociales que se ha ido expresando en Europa recientemente. Los estudiantes y obreros de Grecia tienen dos años rechazando el agresivo plan de ajuste que el gobierno les quiere imponer, trabajadores portugueses e irlandeses se oponen al rescate financiero que pretenden pactar con la Unión Europea, en Islandia la población rechazó que el gobierno rescate a los bancos, en julio de 2010 diez millones de europeos salieron a las calles para repudiar las políticas de ajuste. Europa está en crisis, Europa arde, Europa está en revolución.

La irritación se percibe en la superficie, como se lee en los testimonios y lemas escritos en pancartas y carteles. Por ejemplo. María Rosa declaró al diario El Mundo. “Acabo de salir del trabajo y no me lo quería perder [el plantón en Puerta del Sol]. Ya era hora que se viera el cabreo que tenemos todos con lo que está pasando. Me refiero a la solución que están dando a la crisis los políticos haciéndonos creer que la tenemos que pagar nosotros”. Los carteles dicen cosas así: “Juventud sin futuro”, “Contrato basura, esclavo libre”, “Menos policía y más educación”, “No podré jubilarme nunca”, y “No falta dinero sobran, ladrones”. La misma indignación e inconformidad que se esparce por todo el mundo. Cierro con esta divertida y rebelde consigna: “Poco pan para tanto chorizo”.

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